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Esta chica corrió 690 km en seis días

Carla Dadomo: récord sudamericano de una especialidad que va más allá de todo.

Foto: Francisco Flores.
Foto: Francisco Flores.

Corremos mucho pero no somos extraterrestres ni nada por el estilo”, dice Carla Dadomo, la nueva dueña del récord sudamericano para seis días en ultramaratón. Pero a veces resulta difícil creerle: los números de su marca dejan en claro que su especialidad va mucho más allá del resto de los deportes.

El primer día del festival de ultramaratón que se hizo a fines de octubre en el autódromo de Mercedes, Carla hizo 166 km 100 m.

El segundo día, 116 km 600 m.

El tercero, 75 km 900 m.

El cuarto, 95 km 700 m.

El quinto, 115 km 500 m.

El sexto, 119 km 900 m.

El total fue de 689 km 900 m. Con el ajuste con la medición en el punto donde terminó la prueba, el récord quedó en 690 km 700 m. Además de establecer la nueva marca continental femenina, en el Festival le ganó también a los hombres.

Carlita, como le dicen todos, es un ejemplo del amor por el deporte. Corre por placer, no tiene patrocinantes y los premios que obtiene son simples trofeos. Estudia Ciencias Económicas y trabaja en un estudio contable. Si bien nació en Montevideo, vivió siempre en Pando. De niña, en una zona de campo, tuvo espacio para el ejercicio físico e hizo de todo. Pero después que perdió a su madre por un infarto y ella empezó con problemas de presión, realizó actividad más continua.

“Primero corrí los 5K de McDonald’s en 2012 y me empezó a gustar el running. ¿Por qué no 10 km?, pensé. Y luego fueron 21 y pensar en los 42, pero antes hice una ultra de seis horas en la pista. Allí me di cuenta cómo estaba organizado. Era en una pista de 400 metros, había comida, servicio médico, lugares para descansar. Y me empezó a gustar. Hice 52 km. Trotaba una hora y luego daba dos o tres vueltas caminando. Hice otras pruebas de seis horas y me empezó a picar el bichito de la ultramaratón”, recuerda.

En la “ultra”, como se suele denominar la especialidad, los atletas pueden correr distancias o tiempos. En este caso, las carreras se realizan en circuitos como la Pista oficial o autódromos. Cada corredor tiene un chip en el calzado, que mide la distancia recorrida y permite conocer al instante su rendimiento. Y cada uno es libre para planificar la competencia: cuándo correr, cuándo caminar, comer, descansar o ir al baño. Poco antes del final el atleta recibe una regla, que debe dejar en el piso en el momento en que suena el pitazo que marca el final de la prueba.

“Mis amigos me hacen chistes que planifico hasta el momento del air al baño -comenta-. Voy viendo cuántos kilómetros voy acumulando y estoy atenta al momento en que empieza el cansancio o el dolor. Entonces troto, estiro, camino... Es muy variado”.

Cualquiera puede imaginar que el esfuerzo desplegado la deja extenuada durante una semana. “Después de una prueba de 48 horas he ido a trabajar, aunque luego de estos seis días por las dudas pedí licencia. Esa recuperación te la da el entrenamiento. Entreno seis días por semana, bien temprano, a las cinco. Como mínimo unos 90 minutos. Los fines de semana, si no hay competencia, es cuando más entreno”, explica.

Lo importante en la ultramaratón es la regularidad, afirma. No se puede ir muy rápido porque el esfuerzo pasa su factura. “Yo corro entre 6,30 y 7,40 km por hora, nunca más de ocho. Por eso digo siempre que cuando corro 10 km lo sufro, cuando corro 48 horas lo disfruto”.

El gran fantasma para los ultramaratonistas son las ampollas en los pies. Ella asegura que nunca lo ha sufrido. Generalmente corre con el mismo calzado toda la prueba, aunque en Mercedes utilizó dos pares.

La Asociación Uruguaya de Ultramaratonistas cuenta con 20 integrantes y todos los que se dedican a la especialidad en el país son unas 80 personas.

Seis días. En Mercedes, entre el domingo 21 y el sábado 27 de octubre, con la organización de Washington Sauda, por primera vez se realizó una carrera de seis días en Uruguay y América Latina. Hubo 25 participantes entre hombres y mujeres, algunos llegados de Argentina, Ecuador y México.

La sorpresa para los competidores fue descubrir que se corría en el autódromo de la ciudad, que mide 1.100 metros. En vez de una pista de tartán de 400 metros, como la del Parque Batlle, era un circuito de asfalto, duro, con dos repechos. Y también se esperaba bastante calor.

La organización lo había dispuesto todo. Había catres para dormir, baños, piscinas con hielo para los pies, comida de todo tipo, que podía consumirse corriendo o sentados en una mesa. Además de la prueba de los seis días, se realizaron otras competencias de menor duración.

“Eran en total 144 horas -relata Dadomo-. Yo sabía cómo respondía mi cuerpo en 48 horas, pero no en 144. Hice un planilla y tomé el récord uruguayo, de Mirita Hernández, y el sudamericano, de la argentina Gabriela Cotugno, ambos logrados en Europa. Hice una estrategia: como yo entreno de mañana temprano, pensé que lo mejor era correr más durante la noche que durante el día, por la temperatura”.

Cuando se largó, a las cuatro de la tarde del domingo, estaba nublado, con una temperatura ideal. Entonces Carlita decidió correr y no detenerse ni para alimentarse, ya que estaba en ritmo.

A los 250 km aparecieron los primeros dolores musculares. Y comprobó que había que cambiar la estrategia. Hizo carreras de 10 km, luego descansaba diez minutos, ponía los pies en hielo, y volvía al circuito.

Hasta el jueves se podía tener un acompañante, que habitualmente da algunas vueltas con el competidor y lo apoya. Después lo hicieron incluso sus rivales: Carlita destaca el compañerismo que existe entre los ultramaratonistas. Muchas veces, luego de las duras competencias se arma festejo con baile entre los atletas. Aunque esta vez en Mercedes ella prefirió no bailar.

El récord. Así lo cuenta ella: “Al llegar a los 500 km quedaban 85 para el récord nacional. Todos los atletas comenzaron a alentarme y apoyarme. Cuando lo batí fue una gran alegría. Y estaba cerca el récord sudamericano, que era de 687 km. Me acosté a las 21 del viernes y pedí que me despertaran a las doce de la noche. Tenía hasta las cuatro de la tarde del sábado para batir la marca. Era una noche preciosa, serena. La primera meta fue llegar a los 600 km. Queda poquito, me dije. A las nueve de la mañana empezó a hacer calor y a las once ya era impresionante la temperatura”.

“Cuando quedaban dos horas para terminar me faltaban nueve kilómetros, pero me empecé a bloquear. ‘No llego, no llego’, me decía. Todos me alentaban: ‘Vamos, que llegás al récord caminando?. El atleta argentino Santiago Escobar se acercó y me dijo: ‘Tranqui, Carla, vení conmigo que vamos a dar unas vueltas al parque antes de entrenar’. Con esa mentalidad logré el récord. Y todavía quedaban 30 minutos...”.

“No tengo palabras para describir la energía positiva que se sentía en ese ambiente, Todos los que estaban presentes les aseguro que corrían conmigo cada vuelta... Fue una emoción muy grande...”, recuerda.

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