HACIENDO HISTORIA

Centenario de un pionero e ídolo: Ángel Rodríguez

Boxeador legendario, amigo de Gardel y actor de cine, hace un siglo Angelito consigui´'o el primer título sudamericano para Uruguay,

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Tres momentos del gran Angelito: En una escena de la fallida película Puñoz y nobleza; posando para la tapa de la revista Mundo Uruguayo y junto a su amigo Carlos Gardel.

Angel Rodríguez nació en un tiempo en que las peleas de boxeo se hacían en los teatros pero podían continuar en la calle. Cuando no importaba el peso de los rivales sino su guapeza. Y quien triunfaba conquistaba la admiración de todos. Así, Angelito -como fue conocido siempre, aunque era un robusto medio pesado de 78 kilos- se convirtió en ídolo al obtener el primer título sudamericano del box uruguayo, hace ahora un siglo. Y enseguida fue una celebridad del Montevideo de los años locos: amigo de Carlos Gardel y actor del muy novato cine nacional, le ganó a casi todos sus rivales y no peleó por un título mundial solamente porque no tenía dinero para el pasaje.

Rodríguez nació en Montevideo en 1891, tercero de diez hermanos de humilde condición. Era repartidor de la Cervecería Uruguaya, manejando un carro de caballos, cuando comenzó a boxear como aficionado. Aprendió con el francés Carlos Belou en 1911 y dos años más tarde, junto a otros púgiles, fundó la Academia Uruguaya, con un gimnasio en Uruguay y Yí. Muchas de sus peleas, en tanto, las hizo en el teatro Casino (luego Artigas), que se encontraba en Andes y Colonia.

Las viejas crónicas lo presentaban como un pugilista de elegantes movimientos y a la vez una derecha muy pesada. Una noche enfrentó a un tal Colombo, que le llevaba veinte kilos. Pero Angelito lo noqueó en el quinto round. Al otro día, Colombo, acompañado por algunos amigos, lo fue a desafiar nuevamente. Y salieron los dos a medirse a puño limpio en la calle, aunque todo terminó en una gresca generalizada.

Pronto combatió con extranjeros que llegaban a Montevideo y también en Brasil y Argentina, sumando victorias. En 1916 se consagró campeón uruguayo. Y el 17 de septiembre de 1917 -el próximo domingo se cumplirán 100 años- tuvo la oportunidad de pelear por el título sudamericano. Luego de varios combates preparatorios en Chile, todos ganados por nocaut, enfrentó al campeón, el estadounidense nacionalizado chileno William Daly en el Teatro Circo Independencia de Santiago.

“Daly era un coloso que había matado a un rival en el ring y se cuenta que cuando ambos rivales se quitaron las batas para la pelea, una mujer miró a Ángel y exclamó: ‘¡Pobrecito!’. Pero el uruguayo le dio una paliza y ganó en el tercer round”, evocan sus sobrinos Jorge y Carlos Rodríguez Labruna.

El uruguayo derribó a su rival tres veces en la primera vuelta, tres en la segunda y otras dos en la tercera, hasta que desde el rincón de Daly tiraron la toalla. Sin televisión, ni siquiera radio, las noticias de sus peleas llegaban por telegramas de las agencias a los diarios.

Cuando regresó a Montevideo en el Vapor de la Carrera, más de 3.000 personas lo esperaban. Lo levantaron en andas y salieron en manifestación hacia el Parque Central, donde solía entrenar ya que era hincha de Nacional. El 30 de octubre recibió un homenaje antes de un clásico y el comité de honor para ello estuvo encabezado por el propio presidente de la República, Baltasar Brum.

Se decía entonces que los hinchas de Nacional y Peñarol entraban del brazo para alentar juntos al ídolo, como en abril de 1918, cuando venció en un ring instalado en la cancha tricolor al australiano Frank Hagney, entrenador del campeón mundial Jack Johnson. Ese año le ganó por nocaut en el primer round a Luis Angel Firpo, el Toro Salvaje de las Pampas que tiempo después protagonizaría ante Jack Dempsey la primera de todas las peleas del siglo.

Su fama determinó que en 1919 lo convocaran para protagonizar Puños y nobleza, uno de los primeros intentos de crear un cine nacional, aunque el rodaje nunca terminó por una discusión entre el director y el productor.

“Tuvo una amistad muy grande con Gardel. Cuando venía a cantar a Montevideo, pasaba por su casa de la calle Batoví a saludarlo y dejaba entradas para toda la familia”, cuentan los Rodríguez Labruna. “Angel tuvo dos hijas y nosotros éramos sus sobrinos más chicos, los predilectos. Papá lo iba a buscar y venía a nuestra casa de Punta Gorda. Él tendría que haber peleado con el francés Georges Carpentier por el título mundial pero no tenía dinero para el pasaje. Había que irse a Europa para conseguir la chance”, cuentan.

Se retiró en 1927 tras disputar 48 peleas, de las cuales ganó 47, 38 de ellas por fuera de combate. Solo perdió una, por puntos en Buenos Aires, ya veterano y con pocas ganas de entrenar.

Después fue funcionario municipal aunque también recibía las rentas de algunas casas que había comprado con sus bolsas como pugilista. Falleció en 1974. Veinte años después se dio su nombre a una calle de su Aguada natal.

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