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Budapest: el ayer y hoy en la ciudad de la natación

Con el Mundial nos presenta todo su encanto: su arquitectura, sus tranvías y su deporte

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Foto: Enrique Arrillaga

Los casi 35 grados de la tarde de Budapest se sobrellevan a la sombra por las calles de una de las ciudades catalogadas como de las más lindas de Europa. Y lo es. Con el urbanismo que mezcla las construcciones antiguas con toques modernos, pero con el arraigo de la historia en la mayoría de los casos, la capital de Hungría se preparó para albergar la edición número 17 de los Mundiales de Natación.

El Duna Arena o Arena Danubio (se lo reconoce por los dos nombres) es un escenario para alrededor de 20 mil espectadores en el que se llevan a cabo las pruebas de saltos (3 y 10 metros) y de piscina y fue construido especialmente para este evento, a orillas del río. Además, el Mundial tiene otros tres lugares de competencias con sus respectivos atractivos. En la Isla Margarita, situada en medio del Danubio, está Centro Nacional de Natación Alfréd Hajós. Allí se está llevando a cabo el torneo de waterpolo que tiene presencia uruguaya con Daniel Daners, árbitro internacional.

La natación de aguas abiertas tuvo como escenario al Lago Balatón, un pintoresco lugar a unos 100 kilómetros de Budapest, siempre sobre el Danubio, mientras que los saltos de gran altura, las pruebas que estarán enmarcadas en el cierre del Mundial el próximo fin de semana, se llevarán a cabo en el mismo río, frente a la plaza Batthyány, un emblemático lugar de la capital.

Los más de 2 millones de habitantes de Budapest tienen la chance de disfrutar de un evento de primer nivel internacional en varios escenarios de una ciudad que nació de tres y pasó a ser única a partir de la ocupación de ambas orillas del Danubio ya que en 1873 se juntaron Buda y Óbdua, las que estaban en el este, con Pest, que estaba del lado oeste.

Los trenes, tranvías y ómnibus le dan un particular color a una ciudad con varias avenidas principales de tránsito fluido, pero mantiene esas típicas calles angostas, características de Europa del Este. Eso hace que la gran mayoría de los turistas paren y miren hacia el cielo pero no tanto, ya que los edificios de la época antigua no tienen más de cuatro pisos. Los visitantes se detienen, toman alguna foto o disfrutan de las construcciones antiguas que se mantienen hasta el día de hoy y le dan inconfundible identidad a Budapest.

La vista del Río Danubio enamora, los puentes para cruzar de un lado a otro de la ciudad presentan diferentes atractivos, pero el que llama más la atención es el de las cadenas, el más antiguo y representativo de la capital húngara dada su importancia histórica.

Los paseos en barco sobre el Danubio, las siete islas que decoran el entorno costero, el recorrido por el Parlamento, la Plaza de los Héroes, las termas con sus más de 100 manantiales a lo largo y ancho de la ciudad, la Basílica de San Esteban, el Castillo de Buda, los muros de contención sobre el río y la Avenida Andrássy, estos tres últimos reconocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, son recorridos inevitables a la hora de visitar Budapest.

Pero la ciudad no solo vive de día. La noche tiene su lugar con numerosos bares y restaurantes que ofrecen una variada gama en cuanto a gastronomía y bebidas.

Los platos más típicos van desde una sopa cremosa con guindas llamada Meggyleves, otra con carne de vaca denominada Gulyás; el lángos, un buñuelo de pan, muy parecido a una torta frita uruguaya pero que se sirve sola o, como suele ser costumbre del país, con una crema de nata llamada tejfol, queso o salsa de ajo.

También la comida rápida tiene su lugar y ahí no faltan las húngaras conocidas en Uruguay, pero en los últimos años la oferta de Medio Oriente ganó espacio y el kebap está a la orden del día con una infinidad de lugares en los que se pueden comer al paso o disfrutar de la decoración de cada restaurante.

En cuanto a las bebidas, la cerveza no falta y fiel al estilo europeo, la gama es tan variada como impresionante. Desde las locales a las internacionales se puede elegir entre diversos gustos y composición. Pero la bebida por excelencia es el pálinka, un aguardiente nacional que según dicen los lugareños se toma en la alegría y en la tristeza, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe.

Cuando un grupo de amigos o estudiantes se junta luego de un largo día de trabajo o estudios a tomar una cerveza, algo muy típico y hasta casi religioso en Hungría, el pálinka no falta en la mesa. Se trata de una bebida de alta graduación alcohólica (entre 40 y 60 grados) que es fabricada en los pueblos con plantaciones frutales ya que melocotón, albaricoque, pera y ciruela son los más frecuentes a la hora de probar esta opción.

Pero no solo de la noche, las bebidas y las comidas viven los húngaros. El deporte ocupa un lugar muy importante en la sociedad. Si bien dicen que el fútbol es el deporte principal, no ocupa los primeros planos mundiales desde hace ya muchísimos años.

Las disciplinas acuáticas sí están en la cresta de la ola. El waterpolo, que es furor y despierta muchísima pasión, y el canotaje tienen su lugar en el Top 5, al igual que el handbol y el beach volley.

Ahora, Budapest respira natación, pero también apronta lo que será una nueva edición el Gran Premio de Hungría de Fórmula 1, que se llevará a cabo el domingo 29 de julio en el circuito de Hungaroring, a 30 kilómetros de Budapest.

Con sus encantos como ciudad europea que mantiene sus rasgos tradicionales, con el deporte instaurado en la sociedad y con mucho para recorrer, Budapest disfruta de un Mundial de Natación para el que invirtió unos 300 millones de euros y que cuenta con la presencia de más de 2.000 deportistas en escena, incluidos cuatro uruguayos.

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