UNA VIDA TORMENTOSA

Tiger Woods, de dominar el mundo a enfrentar un incierto futuro

El golfista luchaba contra sus lesiones cuando sufrió el accidente que afectó gravemente su pierna derecha

Tiger Woods
Tiger Woods deberá recorrer un largo trabajo de recuperación para poder volver a jugar.

Tiger Woods enfrenta el desafío más importante de su carrera: recuperarse de las graves heridas sufridas en la pierna derecha en el accidente automovilístico del martes en Los Angeles e intentar el regreso a las competencias. A los 45 años parece una tarea titánica incluso para uno de los mejores (o el mejor) golfistas de la historia, porque el episodio se suma a una larga serie de contratiempos que lo afectaron en los últimos doce años.

Antes, se contaban sus éxitos en la cancha (ganó 15 torneos Majors, en un total de 82 triunfos en el PGA Tour y 41 en el European Tour) o en los negocios (registra ingresos por premios o por patrocinios superiores a los 1.000 millones de dólares en 24 años de carrera). Más recientemente, para su desgracia, el repaso giró en torno al número de ingresos al quirófano: llevaba cinco cirugías de rodilla y cinco en la espalda antes de la operación de seis horas posterior al accidente.

La más reciente intervención en la espalda había sido a comienzos de 2021 y Woods la encaró con la idea de llegar en buenas condiciones al Masters de Augusta, en abril, justo el torneo que lo lanzó a la fama en 1997.

El domingo pasado asistió al torneo Genesis Invitational en Los Angeles. Los organizadores le cedieron una camioneta Genesis GV 80, una marca de lujo de Hyundai. El martes de mañana, Tiger circulaba por una carretera sinuosa y en bajada en una zona rural al sudoeste de la ciudad. Las pericias dirán lo que ocurrió. Él le dijo a los médicos que no recuerda nada. Lo que se sabe hoy es que el vehículo salió de la carretera, volcó varias veces y terminó contra unos arbustos con importantes destrozos.

La camioneta de ese modelo viene con un importante equipamiento de seguridad, incluyendo diez airbags. Eso le salvó la vida al conductor, aunque no evitó las severas heridas en las piernas, en especial la derecha. Para sacarlo del coche tuvieron que intervenir los bomberos con sus herramientas hidráulicas.

Fue operado ese mismo día en el Harbor Medical Center de Los Angeles y le colocaron una varilla en la tibia y varios tornillos en el pie para reparar las graves fracturas. El viernes fue trasladado al Centro Médico Cesars-Sinaí para iniciar la rehabilitación. La recuperación será larga y su futuro deportivo incierto.

CRISIS. A fines de 2009, cuando estaba en la cima de su gloria, Tiger Woods protagonizó un confuso episodio, chocando su auto cerca de su casa en el lujoso barrio de Isleworth, en Orlando (Florida) luego de sostener una discusión con su esposa, Elin Nordegren. Ese día quedó un hilo suelto en la imagen hasta entonces impoluta del golfista. Cuando empezaron a tirar de ese hilo, aparecieron cosas inesperadas. Se supo que Woods había incurrido en muchas infidelidades matrimoniales, lo cual se buscó explicar por una “adicción al sexo”.

Todos los días comenzaron a publicarse en la prensa estadounidense declaraciones de diferentes mujeres relatando sus amoríos con él. Eso determinó que varios de sus sponsors lo abandonaran. Y por supuesto, también le costó el divorcio.

Los escándalos fueron poniendo el golf en un segundo plano, algo que para un obsesivo del deporte y del triunfo como Tiger tuvo que representar un golpe adicional. Pero finalmente volvió a jugar, porque es su pasión y porque seguía representando una atracción para el público (incluso con el morbo añadido por la situación). Él fue, a partir de 1997, responsable del prodigioso aumento en el rating televisivo del golf y por consiguiente, de los premios que se repartían en el circuito.

En 2018 logró su primer título en cinco años, el Tour Championship. Un año pás tarde, si bien ya no dominaba el circuito, se impuso en un nuevo Masters de Augusta, demostrando que todavía estaba en condiciones de pelear por los títulos grandes.

Sin embargo, su cuerpo no es el de antes. Comenzaron a agravarse diversos problemas, sobre todo en las rodillas y la espalda, que en importante medida fueron consecuencia de su intensa vida de golfista.

Esta historia es conocida. Tiger (en realidad se llama Eldrick) fue el producto de la ambición de su padre, Earl, por tener un hijo campeón. Lo inició en el golf apenas aprendió a caminar. A los cuatro años lo llevaba a la televisión como un niño prodigio. Y todo con un estricto entrenamiento, tanto técnico como físico y mental. Tiger asimiló esas enseñanzas y se hizo un fanático del trabajo.

Mucho después, cuando ya era famoso, un aviso de uno de sus tantos patrocinantes mostraba a Woods pensando en todo lo que le gustaba hacer los días de lluvia. Pero luego se lamentaba de que nunca tenía días lluviosos... Y la última imagen lo mostraba practicando bajo un diluvio. Lo más impactante de la campaña publicitaria es que era verdad.

En su momento, Tiger figuraba entre los el pegadores más largos del circuito profesional. Mandar la pelota muy lejos se logra realizando con perfección el llamado swing, una serie de movimientos complejos que involucran los pies, las piernas, la cintura, la espalda, los brazos y el cuello del golfista. El cuerpo se “enrosca” y luego se “desenrosca” a toda velocidad para trasladarla al palo. Cuando más rápido se gira, más lejos saldrá la pelota. Los jugadores profesionales tiran cientos de pelotas por día durante los entrenamientos, es la base de su preparación. Para Tiger, fueron miles y miles de veces ejercitando ese poderoso swing.

Más tarde se obsesionó con el entrenamiento de los Navy Seals, es decir, la tropa de élite de la Armada estadounidense, que se prepara para cualquier tipo de operaciones. Según su viejo caddie Hank Haney, hacia 2007 Tiger llegó a compartir su preparación con los Seals, tirándose en paracaídas, corriendo con botas pesadas, sosteniendo luchas cuerpo a cuerpo o aguantando la respiración bajo el agua.

Para mucha gente del golf, el entretenimiento tan exigente durante tantos años terminó pasándole facturas a su organismo.

Llegó un momento en que el menor movimiento le provocaba grandes dolores. Eso le llevó a tomar calmantes, que se volvieron adicción. Una madrugada de 2017 fue detenido en su auto. Le hicieron el análisis y se reveló que estaba completamente drogado. La imagen policial, arrestado, ojeroso, con la mirada perdida (no aquella mirada que intimidaba a sus rivales en la cancha), resultó chocante.

Dos semanas después ingresó voluntariamente en un centro de rehabilitación. Tras someterse a un programa intensivo de dos semanas, reconoció que tenía problemas para manejar su dependencia a los calmantes y los ansiolíticos.

EL FUTURO.. Todo esto, triunfos y escándalos, serán recuerdos desfilando por su mente mientras espera la lenta recuperación de sus piernas. Seguramente ya sepa lo que dijo el especialista Dr. Victor Khabie, jefe de cirugía y codirector del Instituto de Ortopedia y Columna Vertebral del Hospital Northern Westchester, en Nueva York: “Probablemente se necesiten entre 12 semanas y cuatro meses para que el hueso sane realmente. Y luego, después de esa intensa rehabilitación, de manera realista, probablemente un año antes de que vuelva a jugar a un alto nivel”. Todo eso si no hay complicaciones.

El último torneo que jugó Woods fue muy especial. En diciembre de 2020 tomó parte del PNC Championship, un certamen por parejas que se juega en Orlando con la particularidad que los integrantes de la dupla son familiares. Allí jugó con su hijo Charlie, que a los 11 años muestra buenas condiciones. Los dos vistieron igual, con remera roja y pantalón negro, el uniforme que el campeón de 15 Majors acostumbraba usar en la ronda final de cada torneo.

En su momento fue visto como un hecho simpático. Ahora, vistos los acontecimientos, podría pasar a la historia como el torneo de despedida de Tiger Woods, mientras sin saberlo le pasaba la posta a su hijo.

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