SUPERCOPA URUGUAYA

Wanderers y la posibilidad de sacarse la espina que le quedó clavada en diciembre

El equipo bohemio, renovado en su plantel pero con Daniel Carreño aún como técnico, tendrá revancha ante Nacional en la Supercopa Uruguaya.

Mathías Abero en su presentación como jugador de Wanderers. Foto: @mwfc_oficial.
Mathías Abero, una de las caras nuevas de Wanderers. Foto: @mwfc_oficial.

La noche del 14 de enero fue difícil de conciliar el sueño para futbolistas, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas de Wanderers. Luego de un 0-0 aburrido, que se extendió por 120 minutos, con dos equipos que propusieron casi nada, en los penales el botija Guillermo Centurión se transformó en héroe y Nacional ganó el Intermedio.

La bronca en Wanderers fue grande, pero no tanto por esa derrota, sino porque sintieron que le birlaron la posibilidad de haber logrado el título y no esa noche, sino en diciembre. ¿Qué ocurrió?

El bohemio venía con un noviembre y diciembre de ensueño, en racha de seis partidos sin derrotas (cuatro triunfos y dos empates) que le habían permitido ganar su llave en el Intermedio. La llegada de Daniel Carreño a la dirección técnica había revitalizado al equipo y sentían que estaban para más. La final del certamen, fijada para el 20 de diciembre, era la fecha marcada en el calendario como la de la ilusión de dar la vuelta olímpica.

Para mejor, el rival no venía bien. Nacional venía muy golpeado, cascoteado, con tres derrotas consecutivas y las últimas dos muy dolorosas: la del clásico por 3-2 y la sufrida el 17 de diciembre, de esas que pegan duro: el 2-6 en el Gran Parque Central ante River Plate que había significado la eliminación de la Copa Libertadores.

A esa altura, además, ya se sabía en la interna tricolor (aunque lo revelaría Ovación el lunes 21) de los actos de indisciplina ocurridos en el hotel en el que se alojaban los tricolores.

El panorama era inmejorable para Wanderers, pero el 18 de diciembre, un día después de la debacle de Nacional ante River Plate, se suspendió la final del Intermedio a instancias del Ministerio de Salud Pública. El positivo de COVID-19 de un integrante del personal de seguridad tricolor llevó a aislar a todo el plantel de Nacional y, por ende, a la postergación de la final.

Wanderers sintió que se lo estaba perjudicando, porque no entendía cómo por un seguridad se suspendía un partido. Incluso luego no hubo ningún caso de futbolistas tricolores, entonces comenzaron a tejerse las suspicacias de que todo había sido por la presión de Nacional para superar el mal momento. Y, visto lo ocurrido, razón no le faltó a la institución bohemia.

La cuestión fue que el Intermedio se decidió casi un mes después, en otro contexto (aunque también es cierto decir que con un Nacional diezmado, porque lo ocurrido en la burbuja llevó a no renovar varios contratos que vencieron el 31 de diciembre), y allí el título quedó en manos del tricolor.

Ahora la situación es distinta y no tan favorable para Wanderers tampoco. Por un lado, porque llega sin mucho rodaje y con un equipo bastante renovado desde lo táctico (Carreño ha instaurado una línea de tres en el fondo) y desde los nombres. Y por otro, Nacional lo hace con el ritmo internacional que le han dado los dos partidos de Copa Libertadores y con refuerzos muy importantes.

El bohemio perdió la definición del Intermedio, pero como Nacional también ganó el Uruguayo le dio la oportunidad de definir la Supercopa y quitarse la espina que tiene clavada desde diciembre.

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