CAMPEONES DE AMÉRICA Y DEL MUNDO

Waldemar Victorino: "Fue lo más grande que me pasó en la vida"

El goleador del Nacional 1980 recuerda la campaña y asegura: "¡Que dupla haría hoy con Bergessio!"

Waldemar Victorino
Waldemar Victorino hoy, con los recuerdos de su época con la camiseta tricolor.

"¡ a 40 años!”, dice Waldemar Victorino, casi sin poder creerlo. Para él, fue ayer: recuerda exactamente las jugadas que protagonizó, lo que se hablaba en el vestuario, todo lo que rodeó al Nacional del 80. Y lo repasa con Ovación en una entrevista que va más allá: desde sus inusuales comienzos en el fútbol profesional, a los 22 años, a sus ganas de seguir jugando hoy. “¡Qué dupla haría con Bergessio”!, bromea.

"En 1980 teníamos un compromiso porque no habíamos andado bien en la Copa del año anterior. Llegó Dante Iocco a la presidencia, vinieron algunos jugadores, se fueron otros. Se formó un plantel que tenía justo lo necesario. Algunos con mucha experiencia, como Espárrago, Morales y Blanco; otros teníamos ya varios años de primera y también algunos jóvenes prometedores. Y fuimos campeones de América y del mundo con un plantel reducido. Tuvimos un excelente entrenador como Juan Mugica y un excelente preparador físico como Esteban Gesto".

"Fuimos de menos a más. Empezamos a ganar y ganar, eso nos dio mucha confianza. En Bolivia le ganamos 3 a 1 a Oriente Petrolero, pero no anduvimos bien al principio. Cuando terminó el primer tiempo, entramos al vestuario y Espárrago le dio un golpe a la camilla. "¿Qué estamos esperando? ¿Que nos regalen todo? Y entonces reaccionamos ".

"Víctor, además de ser una gran persona, fue el mejor capitán que tuve. Era el que más hablaba. Se acercaba a cada compañero y le hablaba. A algunos más, a otros menos. “¿Qué te esá pasando?”, le preguntaba, si veía que había un problema. Y todos se iban abriendo. También hablaba adentro de la cancha. Y corría a la par de todos pese a que era el más veterano. Cuando jugamos en Tokio por la Intercontinental no se la dejó tocar al inglés Trevor Francis, que era un fenómeno y además mucho más jove"..

"Aquel equipo se caracterizó por la marca hombre a hombre. En Uruguay estábamos acostumbrados a marcar en zona, pero Mugica prefería jugar con un libero, que era Cacho Blanco, y el resto marcando al hombre. Y apretábamos bien arriba, por eso cuando recuperábamos la pelota con dos o tres toques ya estábamos en el arco rival. Como centrodelantero, mi tarea era marcar a los dos centrales rivales. Terminaba la jugada de ataque y volvía enseguida para cubrir. Ese sistema entró enseguida, y como estábamos muy bien preparados físicamente gracias a Gesto nos costaba menos. Además, en casa o de visitantes jugábamos de la misma forma",

"Olimpia fue el gran rival en las semifinales. Allá fueron bravos y ganamos con gol de Dardo Pérez. Y acá fue bravísimo. Estábamos perdiendo. Llegó entonces el “De la Peña, De la Peña, de volea, de volea”, de Víctor Hugo Morales. Washington González atacó por la izquierda y tiró el centro. Yo entraba a la carrera y vi que De la Peña venía atrás. Entonces se la bajé de cabeza y él se llenó el pie con la pelota. Sacó un balazo imparable, un golazo. No había egoísmo en aquel grupo. En mi caso, como goleador, prefería ganar aunque no fuera con un gol mío".

"En las finales con el Inter nosotros jugamos mejor allá, el primer partido. Tuvimos muchas oportunidades de gol. Sabíamos que habían viajado muchos hinchas de Nacional, pero cuando salimos a la cancha y miramos las tribunas... ¡Pah, lo que era eso! Entonces Espárrago nos dijo: “Muchachos, hoy no podemos perder. No podemos defraudar a esa gente”.

"La segunda final, en Montevideo, fue muy difícil. Había llovido mucho y la cancha estaba muy embarrada. Recuerdo clarito mi gol. Vino el desborde de Moreira. Fue el mejor lateral derecho que ví, con una velocidad impresionante. Yo entraba por el otro lado pero me había pasado en el pique corto. Entonces no le di a la pelota como venía, porque se me hubiera ido por arriba del palo. Lo que hice fue dejar que la pelota me pegara en la cabeza y cayera dentro del arco. Nunca le pegué a la pelota con el parietal. Siempre le daba el frentazo, pero lo principal era la posición del cuerpo, que yo practicaba mucho".

"El partido siguió complicado y al final Rodolfo Rodríguez le sacó un tiro peligrosísimo a Jair. A mí me entregaron el Toyota en Japón porque hice el gol en la final intercontinental, pero no fui el mejor. Ese día el flaco Rodolfo sacó todo. Lo mismo en la final con el Inter. Aquel partido fue también el último de Falcao en el Inter. Un caballero, un fenómeno. Por el Cagliari me tocó jugar contra la Roma, donde estaba él. Me acuerdo que después del partido me estaba por ir a duchar cuando apareció Falcao en nuestro vestuario para regalarme su camiseta".

"Empecé en el fútbol a los 22 años. Llegué a jugar en la quinta de Cerro, pero dejé porque me atraían más los campeonatos de barrio, que eran de novela y me encantaban. Yo defendía a La Boyada, porque vivía en Santín Carlos Rossi y La Boyada. Un amigo, Juan Pedro, que jugaba muy bien, fue a Progreso y habló de mí. Me avisó que me estaban esperando. Y fui... Trabajaba en el Mercado Modelo, cargando camiones, y entonces pedí ganar lo mismo en el club. Fui directo a la primera, cuando Progreso estaba en la B. El técnico era William Martínez. Había un centrodelantero, más alto que yo, pero un día faltó. Jugaba de volante y me animé a ir de 9. Así empecé".

"En el 75 me fui a River y estuve hasta el 78. Se habló muchas veces de mi pase. Un día el presidente Castro Quintela me avisó que estaba transferido a Peñarol. No, don Castro, le dije, soy demasiado hincha de Nacional como para jugar en Peñarol. Y miren que respeto mucho a Peñarol, tengo muchos amigos allí. A los 15 días el presidente me preguntó si iría a Nacional. “¿Donde hay que firmar”, le respondí. Debuté contra River argentino en Buenos Aires, empatamos 1-1 e hice el gol" .

"Soy socio de Nacional y cuando puedo voy a verlo. Lo que pasó ya quedó atrás. Aquel problema de la cadenita, cuando fuimos a México a jugar por la Interamericana, que fue duro para mí. No fui yo, pero no delaté a quien lo hizo, un compañero y amigo. Nunca voy a decir quién lo hizo. Me fui a jugar al Cali y al volver se fueron Mugica y Gesto. Con Juan, que era vecino del Cerro, lo hablé, quedó todo bien. Ya pasó, le dije. Con Gesto no tuve oportunidad de hablar. Al volver a Nacional jugué la Liguilla y luego salió el pase a Cagliari. Me vino a buscar Luigi Riva".

"Después de Italia jugué en varios clubes. En Newell’s y Colón de Argentina, Audax Octubrino, Liga de Portoviejo y América de Quito en Ecuador, Sport Marítimo de Venezuela, Sports Boys y Defensor Lima de Perú. Me retiré campeón en Perú, con 38 años. Tenía cuerda para seguir, pero estaba en la tribuna y escuché que le gritaban a otro jugador veterano: “Viejo, no servís para nada”. Pensé: “Conmigo eso no va a pasar”. Y dejé".

“Estuve en Racing con los juveniles, trabajando en definición. Y nuestros equipos hicieron 190 goles en 144 partidos. Antes había trabajado con las inferiores de Nacional y tuve la satisfacción de que fueran campeones de la Copa Libertadores sub 20. Todo se puede aprender y mejorar. Cuando empecé en primera, a los 22 años, solo le pegaba con la derecha y no muy bien. Pero la paciencia y la perseverancia me llevaron a mejorar y a hacer los goles que hice”. 

"Lo más grande que me pasó fue salir campeón de América y del mundo con Nacional. Ojo, que todos los equipos donde jugué me dejaron algo. Todos se portaron bien conmigo. Pero Nacional, junto a mi familia y mis amigos, es lo más grande que tengo en la vida. Cuando los gurises de la sub 20 con quienes yo trabajaba salieron campeones de América se me caían las lágrimas".

"Nunca dejé de entrenarme. Lo hago lunes, miércoles y viernes de mañana en una canchita del Cerro. Tengo 68 años, pero peso lo mismo que cuando jugaba, y solo tengo algunas canas. Le dije a Decournex: “Estoy para hacer dupla con Bergessio” (se rie).

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