historias de vida

Un volante de buen manejo

Carlos Macchi conduce un taxi hace un año y medio; pero algún día quiere volver al fútbol para ser entrenador.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Carlos Macchi. Foto: Fernando Ponzetto

Un hombre joven para el taxi en el Paso Molino. Sube y cuando el conductor le pregunta a dónde quiere ir, no lo puede creer. "¡Pará un segundito, vos sos el ‘Ruso’ Macchi!", exclama emocionado el pasajero. "Pará, pará, que me siento adelante y me saco una selfie contigo", agrega.

Carlos Macchi lleva un año y medio manejando un taxi, pero los hinchas de Liverpool no lo olvidan. Por algo la bandera con su rostro sigue colgando del alambrado del escenario negriazul. "Ya hace casi dos años que dejé el fútbol profesional y sigo extrañando un poco. Hoy estoy en otro rubro, más que nada por las responsabilidades familiares", explica el padre de Valentina y Gonzalo, y el esposo de Laura.

Su nuevo rubro es muy diferente al anterior. En el fútbol Macchi era parte de un equipo, de un grupo, por más que llevara la cinta de capitán, y ahora está solo al volante. "Formaba parte de un plantel con 25 personas, más el cuerpo técnico, todos con diferentes cabezas tratando de convivir. Acá uno tiene que convivir con la gente y el usuario es el que tiene siempre la razón. Es difícil trabajar con la gente, porque la sociedad está complicada y repercute en el taxi. La calle, el tránsito están bravos; pero la vamos llevando", contó y pasó a relatar una de las muchas anécdotas que ha vivido en el coche de alquiler.

"Hay gente que sube y está todo el camino hablando, necesita contar sus cosas, sus problemas. Uno es como un psicólogo. O problemas de pareja o de familia adentro del taxi y uno no tiene más remedio que interceder", contó; y se refirió a un caso concreto de unos extranjeros que lo abordaron, un matrimonio con dos hijos que comenzaron a discutir sobre el destino y terminaron a los golpes en la parte trasera del vehículo.

"Gente de otro país, con otras costumbres. Creo que eran turcos. Hablaban bastante español, pero entre ellos discutían en un idioma que yo no entendía. El hombre quería ir a Maldonado, al casino, y ella se quería ir para Buenos Aires. Perdieron el Buquebus. Hubo golpes en pleno 18 de Julio. Tuve que parar e interceder. Yo no estoy acostumbrado a eso y además estaban sus hijos. Le dije que si no paraban los llevaba a la comisaría. Y lo obligué a él a pasarse para adelante, pero igual se las ingeniaba para cachetearla. De esas cosas pasan mucho en un taxi".

Macchi no es de esos conductores que enseguida entablan conversación con el pasajero. "Lo único que hago es saludar, y preguntar si quieren ir por algún camino en especial, porque a veces la gente tiene sus mañas. Así no dicen que los estás paseando y que les querés robar la plata. Este gremio está mal visto, esa es la realidad. Yo no me considero tachero sino taxista. A veces converso un poco, sobre todo con la gente mayor. Por lo general tengo la radio prendida con programas de fútbol y entonces sale algún tema", relató.

Macchi comenzó a trabajar en el taxi gracias a su suegro, que estuvo cuarenta años en el gremio y fue el que lo encaminó. Tiene una parte en un coche cooperativa. "Cuando vi que no iba a poder seguir jugando al fútbol, supe que había que trabajar y ponerse la familia al hombro".

El hoy taxista, sigue yendo a ver a Liverpool, sobre todo cuando juega de local en Belvedere. Recibe el cariño de la gente y a veces juega un fútbol 5 con algunos jóvenes de la barra negriazul. "Son unos chiquilines, pero me hacen correr y sentirme bien". Cabe recordar que cuando se tuvo que ir del club, los hinchas organizaron un banderazo a su favor en la puerta de la sede.

"Hoy voy a ver a Liverpool y se me despiertan cosas. Esas ganas de seguir jugando todavía no se me fueron, pero soy consciente que ya di el paso", aclaró.

Asegura que la herida por la forma en que tuvo que dejar Liverpool en 2013 ha cicatrizado. "En su momento me dolió porque no lo entendí, pero son cosas del fútbol. Por suerte, en aquel momento me abrieron las puertas en el fútbol del interior y eso me ayudó a pasar ese trago amargo. Creo que en casos como el mío o el de Pezzolano ahora, la decisión la toma el entrenador, pero los dirigentes le dan la derecha. Pezzolano se quedó jugando en la B, en un momento muy difícil del club. Ascendió y le quedaban seis meses de contrato, me parece que merecía irse de otra forma después de todo lo que le dio al club; pero el fútbol es así y tiene cosas muy ingratas. Son las reglas del juego", concluyó.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)