TORNEO APERTURA

Wanderers ganó a lo grande

Rodrigo Pastorini y Lucas Morales anotaron en el primer tiempo los goles del bohemio, que con mucho orden y efectividad se llevó los tres puntos como ante Nacional, frente a un aurinegro que jugó su peor partido del Apertura. Fénix agradecido: es el nuevo líder.

La definición de Rodrigo Pastorini para poner el 1-0 en el marcador a favor del conjunto bohemio. Foto: Gerardo Pérez.
La definición de Rodrigo Pastorini para poner el 1-0 en el marcador a favor del conjunto bohemio. Foto: Gerardo Pérez.

Jonathan Barboza debió haber sido expulsado a los 12 minutos por una plancha infame sobre Gabriel Fernández, lesionándolo al punto de provocarle un esguince de tobillo que le impidió salir a jugar el segundo tiempo. Eso es indudable. Ahora bien: justificar la derrota de Peñarol (o la victoria 2-0 de Wanderers, para ser más exacto) en eso sería un error y una injusticia, porque el bohemio hizo todos los méritos para llevarse los tres puntos.

Que esa jugada pudo haber cambiado el trámite es muy cierto, porque el marcador aún estaba 0-0, el partido se jugaba en cancha de Wanderers, Peñarol había tenido las mejores situaciones, controlaba el ritmo y para el bohemio hubiera significado afrontar el resto del choque con un futbolista menos. Sin embargo, todo lo que ocurrió después poco tiene que ver con el árbitro Gustavo Tejera y mucho con lo hecho por Wanderers y lo no hecho por Peñarol.

Primero: el aurinegro salió a jugar con el ritmo que venía mostrando en el torneo local y en la Libertadores. Sofocó al rival, pero entre los 25’ y los 30’ el sofocado fue él. El equipo sintió el esfuerzo físico, se quedó sin energías, sin confianza luego de fallar varias situaciones y sin potencia en el último cuarto de cancha. Wanderers llegó con un libreto y lo cumplió. Primero había que aguantar, luego controlar el balón, nunca perder la referencia entre el jugador más retrasado y el más adelantado para tener un equipo corto y luego debía ser efectivo en ataque. El conjunto dirigido por Román Cuello hizo todo eso. Peñarol fue todo lo contrario.

Segundo: el bohemio jugó el partido como si fuera un maratón y el aurinegro como si fuera una carrera de 100 metros. Esto es: Wanderers, con orden y espíritu colectivo, administró correctamente sus energías; Peñarol las quemó rápido porque hizo su peor partido del torneo como conjunto. El único circuito que funcionó bien, y solo en el primer tiempo, fue el que hicieron Lucas Hernández y Brian Rodríguez por izquierda. Giovanni González, “Cebolla” Rodríguez y Estoyanoff jugaron muy mal.

Tercero: mientras Cuello acertó con los cambios, renovando piezas en sectores clave para mantener la intensidad de Wanderers, Diego López equivocó sus variantes. Puso a Maximiliano Rodríguez por el “Toro” Fernández, cuando debió haber entrado Gastón Rodríguez. Y mantuvo demasiado tiempo en cancha a un Estoyanoff improductivo.

Cuarto: Wanderers fue paciente y efectivo. Peñarol fue un manojo de nervios e incapaz de vulnerar a un Ignacio De Arruabarrena que con su seguridad y tapadas en momentos clave fue figura.

Quinto: La hinchada de Peñarol pidió factor H, pero eso no faltó. El problema del aurinegro fue futbolístico y físico, porque los jugadores se entregaron, pero claudicaron ante el desorden generalizado.

Wanderers dejó a Peñarol sin invicto ni punta. En cinco fechas ya venció a los dos grandes y se ganó el derecho a soñar.

Primer tiempo

Peñarol llegó por izquierda con el tándem Lucas Hernández-Brian Rodríguez. También lo hizo por la derecha, con embates de Fabián Estoyanoff y Gabriel Fernández. Lucas Viatri fue quien llegó por el medio para cerrar la jugada, pero su cabezazo desviado primero y los reflejos de Ignacio De Arruabarrena luego le impidieron llegar al gol.

El aurinegro explotó las bandas, puso mano a mano a sus externos con los laterales haciendo valer su 4-4-2 por sobre el 4-2-3-1 del bohemio, pero no consiguió el gol, que en definitiva era lo que importaba.

Wanderers fue paciente para acomodarse en la cancha y zafar a la presión que tiró el carbonero en su campo y de a poco comenzó a desarrollar un juego más vertical, pero por el medio. Desde allí comenzó a filtrar pases, arañó el tanto con un cabezazo de Albarracín, pero recién lo encontró con un gran pase de éste para que Rodrigo Pastorini (quien ya le había convertido dos a Nacional en el 4-1 de Wanderers en el Parque Central) batiera a Kevin Dawson.

Quinto gol del delantero bohemio en cinco partidos, premio para un Wanderers que se mantuvo en su libreto y castigo para un Peñarol que hizo mucho al principio para llegar al gol, pero que fue perdiendo la línea hasta sufrir el 2-0, cuando Lucas Morales pisó el área y sacó un remate cruzado que fue un golpe muy duro para el aurinegro.

Segundo tiempo.

Diego López no quiso perder tiempo y mandó un cambio para el inicio de la segunda parte: Maximiliano Rodríguez por Gabriel Fernández, lesionado. El aurinegro, dos goles abajo, se fue adelantando cada vez más, pero eso significó dejar espacios atrás que Wanderers explotó bien para contraatacar.

Peñarol confundió velocidad con apuro y el bohemio, con un libreto del que no se apartó, tuvo el tercero en los pies de Albarracín a los 55', pero Dawson evitó el tanto con una gran atajada.

Entre el desgaste físico y el mental por tener que llevar el peso de la iniciativa, Peñarol cayó más en errores que en aciertos. Wanderers supo cuándo reventar el balón y cuando salir jugando. Román Cuello entendió que refrescar la formación para mantener las líneas juntas era suficiente para controlar a un rival cada vez más acuciado por el resultado, por el reloj y por su propia inoperancia.

Diego López hizo todos cambios ofensivos, porque entraron Maxi Rodríguez, Gastón Rodríguez y Agustín Canobbio (tarde en este último caso), pero el funcionamiento colectivo de Peñarol nada cambió.

Desde lo colectivo fue el partido más flojo del aurinegro en el Apertura y le costó el invicto y la punta ante un Wanderers que con orden y con una estrategia bien elaborada, bien ejecutada y mejor aprovechada, ya le ganó a los dos grandes en cinco fechas y tiene otras 10 como para ilusionarse con lograr algo importante.

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