HACIENDO HISTORIA

Visitas reales: el campeón de Europa nunca ganó en Montevideo

La primera vez fue en Pocitos en 1927; la última, un feriado a la una de la tarde en 1993. Y siempre Real Madrid representó un gran acontecimiento.

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Tito Goncálvez saluda a Manuel Bueno antes de la final intercontinental de 1966.

Cinco veces se presentó en Montevideo el Real Madrid, múltiple campeón europeo, y cada visita representó un gran acontecimiento. Pese a su fama y jerarquía, los merengues nunca pudieron ganar en Uruguay, aunque en realidad casi siempre empataron.

La primera vez fue en el lejano 1927, cuando su fama era muy menor a la actual. Ni siquiera existía la Liga española, por lo cual el título que traían era el de campeones de la región de Madrid. Sin embargo, cierta expectativa despertaron: 12 mil personas asistieron al estadio de Peñarol en Pocitos aquel domingo 24 de julio en el inicio una extensa gira, que pasó además por Argentina, Perú, Cuba, México y Estados Unidos.

Esa expectativa resultó frustrada por la realidad. "En 20 años no recordamos haber presenciado peor match que el de ayer", escribió el cronista de El País tras un 0-0 sin emociones. "Real Madrid es un mal team de primera división, Peñarol pide a gritos un descanso", comentó el diario, en referencia al estado físico de los aurinegros tras una extenuante gira europea.

Treinta y un años más tarde, la situación resultó muy diferente: Real Madrid llegó a Montevideo con los flamantes títulos de Europa y España, un doblete que solo volvió a lograr en 2017. El lunes 25 de agosto de 1958 enfrentó a Nacional, campeón uruguayo de las tres temporadas anteriores. Lo único similar fue el resultado (0-0), porque según la prensa se trató de un extraordinario partido. "Un match histórico por la calidad y destreza de los teams participantes", tituló El País.

Los visitantes se presentaron con todo su poderío: allí estaban los argentinos Alfredo Di Stefano y Héctor Rial, el francés Raymond Kopa, el húngaro Ferenc Puskas, el español Paco Gento y el uruguayo José Santamaría. En el segundo tiempo ingresó otro uruguayo, Héctor Ramos, por cuyo pase desde Nacional se concertó el encuentro, lo que evitó el pago del cachet habitual del Madrid: 25.000 dólares, una fortuna entonces.

El encuentro fue muy intenso, sobre una cancha fangosa debido a intensas lluvias en los días previos. El barro no pareció importar, aunque el técnico madridista, el argentino Luis Carniglia, se sorprendió por las amplias dimensiones del terreno. Real Madrid jugó mejor, pero el joven equipo tricolor de Ondino Viera —de camiseta roja y pantalón blanco, uniforme poco habitual entonces— estuvo a la altura del acontecimiento y mantuvo el empate.

Aquel partido batió los récords de su tiempo: se vendieron 66.319 entradas, con una recaudación de 311.741 pesos. Hacía dos años que se había ampliado el Estadio Centenario con los tramos superiores de las tribunas Amsterdam y Colombes.

La marca duró dos años, justamente hasta la siguiente visita del Real. Fue el 3 de julio de 1960, para la primera final intercontinental de la historia frente a Peñarol. La venta de entradas trepó a 71.872, una cifra que jamás se superó y no se superará salvo una eventual ampliación del estadio, ya que hoy las localidades se limitan en una cifra inferior por razones de seguridad. La recaudación llegó a 891.943 pesos.

Nuevamente fue un empate sin goles, bajo lluvia constante y sobre un verdadero lodazal, aunque con muchas emociones.

El 12 de octubre de 1966, ahora con un sol radiante, el Centenario albergó el partido de ida por la Copa Intercontinental de ese año. Otra vez a estadio lleno y con TV en directo para Argentina. Si bien Real Madrid era nuevamente el campeón europeo, por entonces quien disponía de un plantel de galácticos internacionales —aunque la expresión por supuesto no se había inventado— era Peñarol. Dos goles de Alberto Spencer le dieron medio trofeo al aurinegro. "¡Horror sintió Betancort…!", dijo Heber Pinto durante su relato, en referencia al arquero madridista. Pachín fue expulsado tras una agresión al delantero ecuatoriano, imparable esa tarde. El partido terminó entre "oles" de la tribuna, algo que habrá sorprendido a los españoles.

La última vez que los merengues pisaron el césped del Centenario fue el 25 de agosto de 1993 para enfrentar a Nacional por la Copa "Declaratoria de la independencia". Esta vez, la convocatoria resultó menor: se colocaron 13.405 entradas. Puede explicarse por el momento de crisis que vivía el fútbol uruguayo: se estaban disputando las eliminatorias para el Mundial 1994 y la Celeste estaba mal perfilada debido a los resultados y al enfrentamiento entre Luis Cubilla y los repatriados. Pero la jerarquía de los invitados merecía mejor marco: allí estaban los españoles Sanchís, Luis Enrique —futuro técnico del Barcelona— , Michel y el croata Roberto Prosinecki. Faltaron sin embargo los delanteros titulares, Butragueño y el chileno Zamorano, así como el arquero Buyo. Nacional tampoco pudo contar con sus hombres en la Selección: Ricardo Canals, Carlos Soca, Gustavo Méndez y Álvaro Gutiérrez.

El partido tuvo un horario extraño debido a su televisación a España: la una de la tarde. Y resultó movido e interesante. El español Alfonso hizo el primero. Empató Antonio Minguta, fugaz promesa tricolor de los años 90, tocando por sobre la salida del arquero Jaro. Hierro hizo el segundo con un remate desde el borde del área. Y el empate definitivo fue del misionero Antonio Vidal González, aprovechando un despeje defectuoso con el pie de Jaro. Los dirigentes tricolores obsequiaron a los visitantes del trofeo en disputa.

En España, Real Madrid jugó nueve partidos contra uruguayos, en todos los casos contra Peñarol, con ocho triunfos y una derrota (el recordado partido de vuelta por la Intercontinental 1966). El último, en 2010, evocado por otra razón: fue el día que Marcelo Sosa despeinó a Cristiano Ronaldo.

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