ENTREVISTA

La vida en rock and roll

Santiago López dejó el fútbol varias veces pero siempre regresó, se fue al exterior y eligió volver

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Santiago Lopez

SILVIA PÉREZ

Santiago López iba manejando por Villa Española, el barrio donde vive y al que le dedica buena parte de su vida. A su lado, su hija Mariana de cuatro años. La radio estaba encendida y comenzó a sonar una canción de Márama. "¡Subí papá!", exclamó la niña. El "Bigote" dudó un instante pero lo hizo, aunque lo sintiera como una traición a su filosofía de vida: el rock. Pero, ¡qué no hace uno por los hijos!

"Por suerte el rock and roll nunca lo perdí. Si hay algo de lo que no me arrepiento es de no haber dejado lo que me gustaba por el fútbol. Para mí el rock es mucho más que música, es una ideología. Una manera de vestirme, de pensar, de moverme", contó en su casa de Villa Española, junto a la guitarra que toca sin haber recibido nunca clases.

"Hoy en día Villa Española parece más cumbiero, pero antes era roquero y yo el rock lo mamé en el barrio. Lo que pasa es que el rock and roll se fue desfigurando. Yo lo agarré después de Sumo y en la euforia de los Redonditos; o los Buitres de antes que no son los de ahora. O los principios de La Vela. El rock callejero, el verdadero rock. Hoy es un rock masivo y un poco guionado, que mucho no me gusta", se lamentó. Y cambió el tema.

"Disfrutamos bastante en Primera, la pasamos muy bien. Intentamos disfrutar el día a día. Eso es lo único que queda en el fútbol. Hubo partidos en que nos merecimos mucho más, pero en el fútbol nada es justo. Además, si nos ponemos a pensar que hace cuatro años estábamos en la C....", dijo Santiago sobre Villa Española, que ayer jugó su último partido en Primera frente a Fénix y volverá a militar en Segunda.

Su relación con el fútbol tuvo varios paréntesis. Arrancó el baby fútbol en el club Rocha. Luego pasó a las formativas de Bella Vista. "Pero estuve poco, seis meses. Se me vino el rock and roll arriba y me dije no juego más. Tenía 15 años y me gustaba otra cosa, ir a entrenar me rompía un poco las pelotas. Me pasaba el día en la calle. Empecé a escuchar música y a meter esquina y eso no iba de la mano del fútbol, que no me daba nada".

Estuvo tres años alejado de las canchas, hasta que reenganchó en la Tercera División de Villa Española. Mientras, estudió y trabajó. Estuvo en una fábrica de barquillos, en un reparto de huevos y en la carnicería con su padre. Pero eso duró poco porque solía faltar tras sus noches de rock. "Era bastante vago, pero mis padres no me daban plata para el baile, entonces me tenía que mover", relató el "Bigote" mientras su hija Mariana, de la que se ocupa durante buena parte del día, daba vueltas a su alrededor.

A la hora de explicar por qué regresó al fútbol, admitió que no lo sabe. "Un amigo me dijo para ir a jugar a la Tercera del Villa, quedé y a las tres semana estaba jugando en Primera. ¡Fue todo muy loco!".

Después de un buen tiempo, el club fue desafiliado y se fue a Rentistas, donde estuvo un par de temporadas. Luego seis meses en Tacuarembó y otra vez decidió dejar de jugar. Pero cuando regresó al barrio, Villa Española estaba resurgiendo. Entonces volvió e hizo 25 goles. "Tenía como 26 años y recién ahí empecé a vivir del fútbol. Surgió una luz de esperanza, porque antes sólo sobrevivía", admitió.

Con sus goles llegó la posibilidad de jugar en Brasil, Argentina y Guatemala. La primera vez en Guatemala estuvo siete meses en Suchitepéquez. Pero iba a nacer su hija y se volvió. Comenzó a considerar si regresar a Guatemala, o dejar de jugar. Una vez más. Municipal tenía interés en contratarlo y pidió que lo esperaran seis meses. Lo hicieron. "Estuve un año y medio. Me iba bien y el extranjero ahí siempre es ídolo, juegue bien o mal. Tenía contrato por tres años pero rescindí. Viajamos a Cuba por siete días y nos quedamos 20. Quise saber cómo vive y siente un cubano. Tenía que volver a entrenar y no lo hice. Me empezaron a cerrar algunas ideas que siempre había pregonado. No me gustaba juntar plata en un banco y estar lejos. Entonces, con mi señora decidimos que no era bueno estar lejos del país, andar con mi hija por ahí por el simple hecho de hacer plata y nos volvimos. Es jodida la vida del jugador afuera, es como vivir en una burbuja. Y a mí no me gustaba. Me lo cuestionaba y me di cuenta que acá era mucho más feliz teniendo menos recursos. La mejor opción era que mi hija se criara con mis familiares, mis amigos, y con mi barrio. Y mamara algunas culturas que yo pregono hasta el día de hoy. El respeto, la amistad, el barrio, el saludarse. Acá, la mayoría de la gente lo tiene instalado. Y nosotros en la sede del club intentamos que surja un poco más", explicó convencido.

Justamente, le cuesta referirse a las muchas cosas que ha hecho por el barrio. "Hicimos mucho, porque siempre me ponen a mí por encima de los demás, por el hecho de jugar en el club o por tener más trascendencia en los medios. Pero somos una banda de amigos, es como una comisión social que tenemos en la sede. Intentamos que la gente se junte ahí y entienda que la pasión por el fútbol pasa más por eso, que por lo que sucede en la cancha. Por el ganar o perder", argumentó. "Hicimos una cometeada. Un día del niño regalamos 150 camisetas a los gurises del barrio; una correcaminata con 4.000 personas. Y ahora estamos craneando un mural para la sede con algún emblema del barrio. Por ejemplo, el 79 de Raincoop que siempre nos identificó como barrio. O el Canario Luna o Evangelista. Lo está diseñando gente de Bellas Artes", relató.

"Y estamos organizando una despedida del año con un escenario en la sede, cortando la calle. Va a estar Tabaré Cardozo. No buscamos que venga gente de afuera, sino que el vecino vaya con su silla y se siente a ver a Tabaré. Intentamos siempre estar con la gente, ser uno más de ellos con los buenos valores que inculcamos. Por ahí esta la clave".

El papel del "Bigote" en Villa Española es mucho más que buscar goles. Y lo prueba lo que sucedió una semana atrás, en el partido frente a Wanderers en el Parque Viera. Se había armado un problema en la tribuna entre la gente del "Villa" y Santiago salió de la cancha. "No sé por qué se inició todo. Yo los conozco a todos. Fui a hablarles porque soy uno más de ellos. Les pedí que encararan, pero en un momento todo se fue de las manos. Empezaron a tirar las vallas contra los policías. Y entonces, cuando Cristian Ferreyra me dijo que iba a suspender el partido, me saqué la camiseta y agarré para ahí. Fui dispuesto a agarrarme a las piñas. Cuando iba corriendo pensaba, lo suspenderá pero yo a alguien le pego, aunque sean mis amigos. Son buenísimos, pero el fútbol tiene esa locura. Cuando llegué me di cuenta que tenía que separar. Y el lío se terminó. Cuando volví a la cancha le dije a Cristian Ferreyra que si me tenía que echar lo hiciera. Por suerte aplicó el sentido común, tuvo en cuenta que el problema se había terminado y me sacó amarilla nada más".

Sin embargo, lo que pasó en el Viera le hizo replantearse si seguir en el fútbol, como tantas otras veces. "Si el club considera que puedo ser útil dentro de la cancha, me lo voy a cuestionar, pero si yo tomara la decisión, creo que cumplí un ciclo. Pero si el club cree que soy pieza fundamental, o un adoquín, tengo que seguir. Yo disfruto de jugar, pero la gente exige. Yo ya descendí tres veces, podría haberme ido para mi casa y que jugara uno de la Quinta, pero pongo el pecho. Y disfruto cada vez que me pongo la camiseta, de estar donde quiero estar, en mi lugar en el mundo. No tengo ganas de irme a otro lado. Esta es la mejor opción".

Es más, el "Bigote" asegura que disfrutaba mucho más cuando Villa Española estaba en la C. "Los cambios que vi de la C, a la B y a la A, fueron los problemas económicos. En la C, cuando los pibes venían de laburar a entrenar, disfrutábamos mucho más. Ya cuando empezamos a cobrar en la B, se complicó. Empezaron las quejas y que si no nos pagaban, no entrenábamos. Y en la A, hubo tremendo quilombo".

Compró su casa con el dinero ganado en el fútbol de acá. "Era la crisis y las casas eran mucho más baratas. Fue suerte, porque no sé de la cantidad de jugadores que somos, cuántos se pueden comprar casa. Podrán entrar en un plan de vivienda, pero es muy difícil". También es dueño de una rentadora de autos con Daniel Santín y eso le permite no tener necesidad de seguir si no quiere. "Cuando deje de jugar voy a hacer lo mismo que hago ahora en el club, pero sin jugar".

Derechos: “Hay muchos que abrieron los ojos”

“No apuntamos a enriquecernos sino a que todo mejore en el fútbol. Yo la pasé muy mal muchas veces: sin cobrar o bañándome en vestuarios donde los hongos te saltaban en la cabeza y siempre con agua fría”, explicó sobre la lucha librada por los derechos de imagen. “Era difícil hacerlo sin los de la selección, ellos tienen cabeza, apoyo de la gente y plata. No se van a morir de hambre por cortar el sistema. Gracias a ellos, muchos abrieron los ojos”.

El inglés: No habla ni dos palabras, pero así se enamoró

Como no podía ser de otra manera conoció a Natalia, su mujer, en el barrio. “Yo era bastante plaga y ella estudiosa, no teníamos nada en común, salvo su hermano Pablo, que hoy es el cantinero de la sede del club, que era amigo mío. Yo precisaba clases para salvar inglés y ella me las dio y nos enamoramos. Nunca hablé ni dos palabras de inglés. Fue una excusa. Hace 14 años que estamos juntos”, contó. “Soy familiero, responsable y ordenadito a pesar de lo que parece. Todo el mundo le dice cómo hace para bancarme, pero yo también la banco a ella. Es mutuo”.

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