TORNEO APERTURA

Cada vez más frágil

A la inconsistencia defensiva, Peñarol le sumó una flaqueza anímica que parecía haber quedado atrás

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El gol del “Morro”. Santiago García anotó el cuarto de River, de penal, y lo festejó como si se tratara del primero de los darseneros.

Por estas horas no se sabe qué le duele más al hincha de Peñarol: que el equipo no juegue bien, que el festejo de los 124 años tenga el amargo sabor de una dura derrota, que sus jugadores no tengan reacción en el campo o haber perdido la oportunidad de alcanzar a Nacional, el rival de todas las horas, en la punta del Apertura.

En todo caso lo que está claro es que este lunes para el hincha aurinegro es una tortura. Sin embargo, no se puede decir que una debacle como la ocurrida ayer en el Centenario no se veía venir. Sí, podía pasar y por eso el partido ante un River Plate dirigido por Juan Ramón Carrasco había generado tanta expectativa.

Pablo Bengoechea sigue sumando preocupaciones al frente del aurinegro. Como nunca hasta ahora la peor cara de Peñarol se vio en el campo de juego. Y eso que no fue de los peores partidos de este equipo. ¿Qué cambió? El rival.

River desequilibró con la velocidad de sus futbolistas de mitad de cancha hacia adelante, desnudando la alarmante lentitud de Peñarol en su zona defensiva. Aguirregaray y Diogo sufrieron toda la tarde con Alaniz, Montelongo y Santos.

Sin embargo, lo que más debe inquietar en tiendas aurinegras por estas horas es que a la fragilidad defensiva se sumó la emocional. Quedó en evidencia a los 12 minutos, cuando River se puso en ventaja. El mirasol había tenido las llegadas más peligrosas, pero el que anotó fue el darsenero y allí el equipo quedó golpeado y desorientado.

Ni que hablar de lo que ocurrió luego, cuando en 14 minutos (entre el 61 y el 75) el equipo de "JR" anotó tres goles más. Cuando Santos puso el 2-0 Peñarol bajó los brazos. Ni los cambios que había introducido el técnico buscando responder fuego con fuego (recurrió una vez más a los veloces Luque y Palacios) levantaron al equipo.

Para peor, esta vez no hubo inspiración de Diego Forlán, quien jugó quizá su partido más flojo desde que llegó. El juego colectivo, que nunca se consolidó, tampoco encontró respuestas individuales, porque Aguiar no generó y Zalayeta, que hizo un buen primer tiempo, se apagó en el complemento.

La cuestión es clara: Peñarol cambia su juego, cambia su postura, cambia su velocidad y sobre todo cambia su fragilidad emocional o rápidamente se despedirá del Apertura.

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