SELECCIÓN

Este Uruguay da para soñar en grande

La nueva Celeste se luce en la posesión y en la llegada con mucha gente.

Foto: Prensa Uruguay.
Foto: Prensa Uruguay.

La actitud es la misma. Jamás va a desaparecer cuando se trata de futbolistas uruguayos. Pero este Uruguay hace rato que dejó de ser el luchador empedernido para transmitir otras sensaciones. Las señales son muy fuertes y, de manera inevitable, empiezan a empujar muy fuerte el sueño de ver a La Celeste entre los mejores combinados de Rusia 2018.

La nueva Selección que está construyendo Óscar Tabárez llega al área del rival tocando. Sí, pasando la pelota en corto, con volantes que la entregan de manera precisa y que vuelven a moverse para mostrarse como opción de pase.

Esta Celeste elabora el juego y progresa hacia adelante desde el eje central del mediocampo, con dos excelsos futbolistas que a su dominio del balón le agregan inteligencia para tomar las mejores decisiones. Como lo hizo Rodrigo Bentancur cuando apenas iban dos minutos de juego y metió un cambio de frente -al mejor estilo del talentoso viejo número 10- para el ingreso de Nahitan Nández por el otro costado. La acción, para que la recuerden bien, terminó con el remate de Luis Suárez al caño.

En esa sintonía está Matías Vecino también. Entonces, el juego fluye. No se avanza a los empujones. Y hay más. Porque el equipo todo comprendió que hay que darle amplitud al juego y para ello es fundamental que la pelota no vuele -como solía hacerlo- frontalmente de manera constante.

Quedó bien claro que hay disposición para proyectar a los laterales y estos van casi sin pausa hacia el fondo de la cancha. Guillermo Varela y Diego Laxalt no solo se ganaron un lugar entre los 23 mundialistas, dejaron en claro que va a estar bravo quitarlos del once titular, porque además de abrir la cancha profundizan el juego. A ellos se suman los mediocampistas y esto, por cierto, no hace más que incrementar el número de jugadores que Uruguay pone en campo rival, lo que contribuye de manera absoluta para superar las líneas defensivas del adversario.

Lo mejor de todo es que a la posesión y a la amplitud, al toque y a la profundidad, se le agrega culminación de las jugadas. Es cierto que el partido ante Gales se ganó nada más que por 1-0, pero porque faltó el rubro precisión más exacta en la definición, pero no el de culminar lo que se elabora.

Luis Suárez, Edinson Cavani, Matías Vecino, Rodrigo Bentancur, por citar algunos ejemplos, terminaron de cara al arco ensayando remates. Lo que deja en evidencia que el dominio de la pelota no fue intrascendente.

La ecuación, en ese sentido, se cerró de manera positiva. No quedó en la simple lectura de un porcentaje a favor, pero inocuo porque no se intimidó al adversario. Acá en la China Cup los rivales tuvieron en claro que La Celeste genera y daña.

Y si fueron muy fuertes los mensajes emitidos por estos rubros -que quede claro que es buenísimo ver a Uruguay tocando la pelota hasta dentro de su propia área para salir jugando de forma prolija-, también debe ponderarse el hecho de la actitud asumida para imponer el mandato en el partido ejerciendo una presión bien alta.

Varela, Laxalt, Cristian Rodríguez, Cavani y Suárez, los dos volantes centrales, Torreira cuando entró... Todos fueron de manera decidida en la salida de Gales para robar la pelota lo antes posible. Hubo jugadas en las que se rodeó al propietario del balón con tres futbolistas, para encerrarlo tanto que se viera obligado a rifarlo si no era viable obtenerlo por medio del quite.

Esa agresividad contribuyó también a que Uruguay se plantara de manera inmediata, y con mucha gente, en campo rival. Si hubo repetición de acciones ofensivas muchas veces obedeció a esa postura. Bien interesante resultó, además, encontrar ese tipo de acciones de juego con el partido muy avanzado.

No era común, por lo menos por la idiosincracia uruguaya, seguir en la búsqueda del protagonismo del juego por medio de este estilo. Habitualmente un equipo en ventaja, y con pocos minutos por delante para la finalización de la contienda, tomaba la decisión de replegar las líneas para apostar en exclusividad al fútbol de respuesta.

Por todo lo marcado, esta Celeste entusiasma. Genera emociones diferentes. La lucha y la entrega siempre llenó el espíritu charrúa, pero hoy hay un sueño que empieza a crecer con fuerza gracias al talento que emerge en todas las líneas.

Presión alta

Uruguay quiere dominar el partido en todos los aspectos y para ello es clave la actitud que asumen todos los jugadores para ejercer una presión alta. Robar los balones en las cercanías del área rival colabora para quedar de manera rápida en posición de ataque.

Buen armado

Para generar juego ofensivo es clave el rol de los dos volantes centrales. Matías Vecino y Rodrigo Bentancur cumplen a la perfección con su doble papel de destruir y construir. Les sobra tranquilidad para tomar las mejores decisiones.

Posesión

El mejor ejemplo de lo que quiere conseguir Uruguay aparece en el gol de Edinson Cavani. Antes de que llegara el toque final para el 1-0 ante Gales, nueve jugadores -incluido el goleador- realizaron once pases. Uruguay fabricó la jugada esperando el momento justo para meter el pase largo hacia Cristian Rodríguez. Hubo pausa, toques cortos y rotación de jugadores. Completito.

Culminación

Falta aceitar la definición, pero los dos partidos en la China Cup demostraron que la elaboración y la posesión no muere en toques intrascendentes. Uruguay profundiza su juego y culmina las acciones. Desaparece de plano el pelotazo que buscaba a los dos salvadores y se hilvana pensando en el arco de enfrente. Se llega con mucha gente y se remata al arco.

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