TORNEO DE VERANO

El triunfo del orden

Peñarol sacó provecho del caótico Nacional para vencerlo

Primer gol. Canobbio recibió de Gargano, entró al área y remató ante la salida de Centurión. Peñarol comenzaba a hacer suyo el clásico.
Foto: Gerardo Pérez

Tres partidos en el año y tres derrotas... Seis clásicos seguidos sin victorias... Son muchos puntos suspensivos para Nacional que empiezan a convertirse en mochilas muy pesadas para esta era que se abre, con una novel directiva que a su vez nombró a un nuevo director técnico.

De repente, lo futbolístico es lo que menos preocupa, porque Nacional tiene mucho por mejorar todavía. Hay incorporaciones que aún no debutaron (Lorenzetti, Carvalho y Carballo), hay otras que deben aún acoplarse (Octavio Rivero, desaparecido hasta ahora en todas sus presentaciones) y una idea del entrenador Eduardo Domínguez interesante, pero que aún no cuajó.

El principal problema, y que hizo en definitiva la diferencia para el 2-0 en favor de Peñarol, pasa por el caos institucional en el que se encuentra sumido Nacional.

Está claro que poco tiene que ver esta nueva conducción encabezada por Decurnex, pues heredó ruinas que intenta levantar. Tampoco le cabe responsabilidad a Domínguez, que se arregla con lo que tiene, que a veces son más problemas que soluciones.

Muchas veces la cancha empareja las cosas porque los futbolistas con sus talentos son capaces de obrar milagros, pero no es este el caso.

Peñarol mantuvo el plantel, al entrenador, está ordenado como institución (más allá de que también es cierto que los buenos resultados han tapado algunas diferencias en el seno de su consejo directivo, pero en qué casa no hay discusiones e inconvenientes), no tiene presión porque viene de ser campeón por dos años consecutivos y tiene jugadores con espalda ancha y dura.

Eso lo convertía en favorito antes, y lo confirmó, pero también porque Nacional hizo todo para que lo hiciera. La desprolijidad de la falta de fichas médicas el mismo día del clásico es una prueba más de todo ese caos. Se podrá decir que tres futbolistas de Peñarol también se sometieron a los exámenes ayer, pero lo tenían previsto, mientras que en los tricolores recién se percataron horas antes del juego.

Eso desconcentra a cualquiera y por ahí se debe empezar a entender la inexplicable reacción de Luis Mejía para golpear por dos veces a Estoyanoff (que le devolvió un golpe), lo que le costó la roja a ambos y fue clave, porque el que más perdió fue Nacional, pues tuvo que hacer debutar al botija Guillermo Centurión, quien poco pudo hacer en los goles, por cierto.

Y después está lo de Cristian Oliva: venía en el bus cambiado para jugar y allí arriba se enteró de que había sido traspasado a Cagliari, por lo cual Domínguez no podía utilizarlo.

Peñarol sacó provecho de esta realidad tricolor y, con dos goles en cuatro minutos (Canobbio a los 49’ y el “Toro” Fernández a los 53’) se llevó el clásico de verano y le puso a Nacional una mochila de 1.000 kilos antes del clásico que realmente importa: el de la Supercopa uruguaya.

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