HACIENDO HISTORIA

Triunfo en 2001 con el alma

Una gran jugada de Recoba, un penal de Magallanes, una atajada dramática de Carini, más el esfuerzo de todos, razones de la victoria celeste sobre Brasil en el camino hacia el Mundial 2002.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Magallanes

LUIS PRATS

Las eliminatorias sudamericanas para los mundiales no suelen resultar un paseo. Hasta los equipos potencialmente más fuertes lo viven como un viaje en la montaña rusa: algunas risas, muchos sustos y escasos momentos de tranquilidad. Entre 2000 y 2001, la Selección uruguaya transitó a todo vértigo esas subidas y bajadas, que al final lo llevaron al Mundial de Corea-Japón 2002. Uno de los pocos momentos de plena felicidad fue el triunfo sobre Brasil en el Estadio Centenario, el 1º de julio de 2001.

La larga serie empezó bajo la dirección del argentino Daniel Passarella, una decisión que en su momento causó revuelo pero aseguraba la presencia de una mano experimentada en el timón celeste. Pero Passarella se cansó pronto o se arrepintió de haber aceptado el encargo y luego de varios amagues, terminó abandonando el barco en la mitad de la travesía.

En su lugar fue designado Víctor Púa, que había ganado prestigio al frente de los seleccionados juveniles. "Encárguese de este fierro caliente", debió ser la orden de la AUF. Y enseguida el fierro se puso al rojo, pues debutó perdiendo ante Paraguay en Montevideo y cayendo al sexto puesto de la tabla.

Después, el equipo repechó al ganar a Chile en Santiago. Y el primer domingo de julio de 2001, una tarde gris e invernal, le tocó recibir a Brasil. Tampoco para los norteños estaba resultando un trayecto fácil, al punto que habían cambiado técnico y esa tarde debutaba en el cargo Luis Felipe Scolari.

Por Uruguay salieron a la cancha Fabián Carini, Gustavo Méndez, Gonzalo Sorondo, Paolo Montero, Gianni Guigou, Marcelo Romero, Pablo García, Gonzalo De los Santos, Alvaro Recoba, Darío Silva y Federico Magallanes. Después entraron Alejandro Lembo por Recoba, Mario Regueiro por Darío y Guillermo Giacomazzi por Magallanes.

Brasil jugó con Marcos, Cafú, Antonio Carlos, Roque Junior, Roberto Carlos, Cris, Emerson, Juninho, Rivaldo, Elber y Romario. Euler ingresó por Elber y Jardel por Antonio Carlos. Varios nombres rutilantes, aunque la estrella Ronaldo, lesionado, tuvo que seguir el partido desde el palco del Centenario. El árbitro fue escocés, Hugh Dallas.

aquel pique...

La estrategia de Púa fue darla la iniciativa a Brasil, mientras su equipo se protegía atrás, con un escudo delante de la defensa formado por Romero, Pablo García y De los Santos, para que Recoba iniciara los ataques buscando la velocidad de Magallanes y Darío. El plan funcionó, porque los del medio batallaron sin descanso y cortaron los circuitos brasileños, mientras Recoba se mostraba despierto y movedizo.

Hubo un instante clave. A los 32 minutos, Recoba tomó la pelota unos siete u ocho metros antes de la línea central. Y enfiló hacia el área adversaria. Cuatro brasileños quedaron por el camino, en esa espectacular corrida de 40 metros. Primero hacia afuera, luego en diagonal hacia el área. Cuando entró a la última zona y preparaba el remate, Cafú lo derribó. Fue claro penal, que Dallas sancionó sin dudar. Magallanes se paró frente a la pelota, bajo el silencio de los 60.000 espectadores. Su zurdazo salió hacia la izquierda, el golero fue al otro lado: 1 a 0. En el festejo, los jugadores celestes levantaron sus camisetas para mostrar mensajes de apoyo a Nicolás Olivera, quien pocos días antes de aquel partido tuvo que ser internado por un repentino problema de salud.

Recién empezado el segundo tiempo Recoba tuvo el segundo, pero desvió el remate final. Después, Brasil empezó a presionar por el empate y el muro que había armado Púa comenzó a retroceder para proteger mejor a Carini. Los cambios fueron defensivos (Giacomazzi por Magallanes, Lembo por Recoba), lo cual despertó silbidos en la tribuna.

Quedaba tiempo para otra incidencia inolvidable. A los 39 del segundo tiempo, Brasil tuvo un tiro libre desde una posición peligrosa. Lo ejecutó Rivaldo, directo al arco. Carini detuvo el remate sin necesidad de tirarse. Pero resultó más fuerte de lo previsto, por lo cual reculó para asegurar el control de la pelota. El problema era que estaba parado sobre la línea de gol. En una fracción de segundo estiró los brazos para mantener la pelota fuera de la valla. Brasil protestó, pero ni el línea ni Dallas indicaron nada.

Un rato después se liberaron los festejos. Recoba estaba tan eufórico que tiró su camiseta y sus pantalones a los hinchas. Con ese triunfo, Uruguay quedó quinto en la tabla, en posición de repechaje.

El recorrido en la montaña rusa siguió, porque después de vencer a Brasil, se perdió ante Venezuela jugando un pésimo partido. Pero el trencito celeste volvió a subir de a poco y llegó a la fecha final en el bendito quinto puesto. El repechaje con Australia fue superado con goles todavía recordados de Darío Silva y Richard Chengue Morales (por dos), y después de dos ediciones afuera, Uruguay volvía a un mundial. Brasil recién aseguró su pasaje en la última fecha, luego de mucho penar. Y en Corea-Japón se consagró campeón del mundo. Como para dar la razón a los que señalan las exigencias incomparables de las eliminatorias sudamericanas.

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