CHAMPIONS LEAGUE

Tres Lucas: El milagroso Tottenham

Sin Harry Kane y con hat-trick de Lucas Moura, revirtió un 0-2 ante Ajax y jugará la final con Liverpool.

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De Ligt le gana en el aire a Dele Alli y marca el 1-0 para Ajax. Foto: Reuters

El mundo fútbol todavía hablaba del milagro de Anfield. El martes Liverpool, contra todo pronóstico, había eliminado a Barcelona al golearlo 4-0 y así avanzado a su segunda final consecutiva de Champions League. Sin embargo, era hora de hacer una pausa.

Ya habría más tiempo de seguir hablando de lo hecho por el equipo dirigido por Jürgen Klopp. Había que parar para ver al joven y sorprendente Ajax, que había derrotado 1-0 a Tottenham en Londres en el partido de ida y ahora se aprestaba a confirmar que sería el rival de los Reds. Pero el fútbol estaba a punto de volver a demostrar por qué es el deporte más maravilloso del mundo.

Cabezas gachas, miradas perdidas, paso lento. Esa era la imagen que regalaban los jugadores del Tottenham cuando se marchaban al vestuario luego de haber jugado el primer tiempo. Perdían 2-0 y si bien el resultado le quedaba algo largo al trámite, estaba bien que ganara Ajax, porque había sido más disciplinado, profundo, veloz, dinámico y certero. Los del equipo holandés habían ganado por actitud, imponiéndose en las pelotas divididas y presionando cuando no tenía el balón. Fue por este último medio, por ejemplo, que llegó al segundo gol.

Mauricio Pochettino debería hacer durante esos 15 minutos de descanso un trabajo muy importante, tanto desde lo táctico como desde lo anímico, para revertir la situación. Y lo hizo.

Su primera acción fue mandar un cambio bien ofensivo, porque Tottenham no tenía más alternativa que anotar. Puso a Fernando Llorente, sacó a Victor Wanyama y así armó un 4-3-3 que le dio grandes resultados.

El ingreso del delantero español le dio mayor verticalidad al equipo, pues le permitió partirlo, quedar bien parado del medio hacia atrás y mandar envíos largos para que Llorente bajara pelotas. Así, Ajax comenzó a sufrir porque no encontraba espacios, fluidez ni la pelota. Y Tottenham empezó a asediar el área rival.

Lucas Moura se encargó de empatar en cuatro minutos (entre el 55 y el 59) y se armó otro partido, en el que casi que los dos tenían la misma responsabilidad, más allá de que Ajax con el empate clasificaba.

El partido se hizo de ida y vuelta y parecía que eso beneficiaría a Ajax por las características de su juego, pero la rebeldía de Tottenham emparejaba las acciones. Ambos equipos tuvieron la posibilidad de anotar, pero los palos les negaron los goles.

El reloj se terminaba para Tottenham y se prolongaba para Ajax, cuyos hinchas cantaban ya imaginándose el sábado 1° de junio en el Wanda Metropolitano de Madrid jugando la final con Liverpool. Pero el fútbol tenía reservado un segundo milagro en dos días.

Lucas Moura, el brasileño de 26 años que había tenido que dejar Paris Saint-Germain porque no encontraba su espacio y porque además el equipo parisino necesitaba hacer caja por el famoso Fair Play financiero, tuvo su noche más gloriosa, una como la que nunca había tenido desde su llegada a Tottenham.

Ya en tiempo de descuento recibió en el área, metió un derechazo contra el palo y fue como si tirara una bomba. Mientras él corría y saltaba perseguido por sus compañeros, los futbolistas de Ajax se derrumbaban sobre el campo. Sabían que se les había escapado el sueño de la final de forma insólita.

Ya no había tiempo para nada y no lo hubo. Locura en Londres; desconsuelo en Ámsterdam; incredulidad en el mundo por haber presenciado otro desenlace heroico en días consecutivos.

Pochettino que celebra como si todavía fuera jugador, que se abraza con el que le pasa al lado, que se quiere subir a la tribuna con los hinchas que llegaron desde Londres. Harry Kane (el gran ausente por lesión), rengueando, que se prende a los festejos. Tottenham acaba de asegurarse la final y de asegurarle a Inglaterra tener al próximo campeón de la Champions.

Hasta el martes al mediodía Barcelona y Ajax eran los finalistas, pero el fútbol es maravilloso porque es capaz de romper con todas las lógicas.

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