DE CONTRAGOLPE

La trancada, una señal de poder del fútbol uruguayo

Cuando dirigía a Peñarol, César Luis Menotti renegaba de que "en el Uruguay la gente aplaude más una trancada que un caño o una pisada".

Es que en el fútbol uruguayo, esa pulseada con el pie es interpretada como una señal de poder; obvio: de parte de quien la gana; y por eso, tal vez, el sábado pasado, cuando en los minutos iniciales Sebastián Fernández —que no se caracteriza por su fuerza física— trancó con los zagueros rivales en el área de Wanderers y se quedó con una pelota de gol, al extremo de que su posterior puntazo se fue afuera por el segundo palo, quedó la sensación de que Nacional sería el ganador de esa tarde.

Si pasa eso, probablemente pase que esa zaga que perdió la primera "pulseada", se meta un gol en contra, en otro no logre cortar un pase al medio de Fucile que se filtró entre tres defensores sin que nadie lo neutralizara, y que un zaguero pise la pelota y se la deje a un contrario, aunque ante cualquier otro era el inicio de una jugada más, pero frente a Ligüera fue el génesis de un golazo.

Ante tamaña exposición de fragilidad, y de poder del rival, aún cuando las quejas de Gastón Machado tengan parte de razón, pues lo de Ligüera no pareció más que para amarilla, pero Ferreyra le arbitró a Arismendi con un reglamento privado, terminan siendo irrelevantes.

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