HACIENDO HISTORIA

Una tragedia increíble

Hace ya 50 años el uruguayo Julio Benítez falleció repentina y misteriosamente en su mejor momento, siendo crack de Barcelona. Se dijo que fue por "un plato de mejillones".

Julio Benítez
Julio Benítez admira uno de sus trofeos. A su velatorio concurrieron 100.000 personas.

Un día salió de la fábrica de cracks que tenía el Racing Club de Montevideo, dispuesto a conquistar España. Los hinchas albiverdes más veteranos lo recordarán. Y terminó convirtiéndose en una de las figuras del Barcelona en la década de 1960. Hasta que todo se terminó de un día para otro, por razones nunca del todo aclaradas, aunque la versión más difundida no hizo sino multiplicar las preguntas: “mejillones en mal estado”.

En su mejor momento deportivo, en vísperas de un clásico con Real Madrid, hace 50 años ahora fallecía Julio Benítez. El hecho sorprendió y conmovió a España. Y los ecos de la noticia también sacudieron a los uruguayos.

Su nombre completo era Julio César Benítez Amodeo y había nacido en Montevideo en 1940. Campeón sudamericano juvenil en 1958, muy pronto fue contratado por el Valladolid, que valoró sus muchas virtudes: era un futbolista capaz de jugar en varios puestos, técnico y a la vez potente, que marcaba bien y se iba al ataque. Además, le pegaba con tanta potencia que se decía que nadie quería ponerse en la barrera cuando él iba a ejecutar un tiro libre. Por lo general actuaba como lateral derecho, pero podía ser mediocampista e incluso puntero.

Esas condiciones le permitieron destacarse enseguida en el fútbol español, donde por aquellos días la mayoría de los defensas le pegaba de punta y para adelante, como recordó el antiguo crack de Nacional y Real Madrid José Emilio Santamaría en su reciente visita a Montevideo.

Por eso, un año después Julio pasó al más poderoso Zaragoza y una temporada más tarde se lo llevó el Barcelona. Su pase costó ocho millones de pesetas, que en 1961 representaban una fortuna. No era el Barça de las superestrellas de hoy, pero por supuesto ya representaba el gran enemigo del Madrid.

Gento le temía.

Uno de los astros madridistas era el puntero Paco Gento, terror de las defensas del resto de los equipos. Benítez fue el primero en conseguir anularlo, hasta infundirle temor al propio delantero merengue.
Así lo recordó el veterano periodista español Alfredo Relaño: “En esos tiempos se hizo clásico el rumor en los cines cuando, en los partidos entre el Madrid y el Barça que mostraba el noticiero Nodo, se veía el repliegue del equipo azulgrana cada vez que cogía el balón Gento. Con eso acabó Benítez, que se hizo con el gran extremo cántabro, cosa que nadie había conseguido antes. Benítez se plantaba de perfil ante Gento, dando la cara un poco a la banda, casi con los brazos en jarras, desafiándole. Y Gento renunciaba a atacarle: entregaba el balón en corto, a Velázquez o al que fuera, y se desentendía. Eso, repetido varias temporadas, en Madrid o en Barcelona, hizo muy popular a Benítez, como hizo especialmente esperados sus duelos con Gento”.

Con la camiseta azulgrana, Benítez no ganó la Liga, pero sí una Copa (que entonces no era del Rey sino del Generalísimo) y una Copa europea de Ferias, antecesora de la Copa UEFA.

Su muerte.

A comienzos de abril de 1968, la Liga española hizo una pausa para la realización del partido Inglaterra-España, clasificatorio para la Eurocopa. Benítez aprovechó el día libre y viajó a Andorra con su esposa y un matrimonio amigo. Al regreso se sintió mal.
Cuando el equipo volvió a las prácticas, el uruguayo le avisó de su malestar al entrenador, que lo mandó a su casa para que descansara. El domingo Barcelona recibiría a Real Madrid y Benítez era un hombre clave.

El clima entre Madrid y Cataluña en esos días era tan tenso como casi siempre a través de la historia. Hacía pocos días que un muy joven Joan Manuel Serrat se había negado a participar en el festival de Eurovisión si no le dejaban cantar en catalán: todos hablaban de eso, incluso porque el catalán había sido prohibido por la dictadura de Franco.

La semana fue avanzando, pero Julio no mejoraba. Sus compañeros se concentraron sin él, en tanto los rivales llegaban a la ciudad de Barcelona. El viernes lo internaron, cuando ya casi había perdido el conocimiento. En la madrugada del sábado 6 de abril de 1968 falleció.

“Muerte por fibrilación ventricular consecutiva a una séptico-piohemia intensísima, cuya etiología, dada la rapidez del cuadro, no se ha podido establecer”, estableció un parte médico, que pese a la complejidad de sus términos en realidad admitía que no se sabía por qué ocurrió.

En tiempos del oscurantismo franquista, la prensa española no indagaba demasiado. Lo primero que se comentó fue que en su viaje a Andorra había ingerido unos mejillones en mal estado. Y esa versión fue la que trascendió al exterior.

El clásico español, que se iba jugar el domingo de noche, con televisación, algo poco usual entonces, fue aplazado hasta el martes. Cien mil aficionados pasaron a despedirlo en el velatorio, realizado en el Camp Nou. También asistieron sus compañeros, los rivales del Real Madrid y futbolistas de otros clubes.

Ese domingo también falleció en Alemania el as escocés del automovilismo Jim Clark, para agigantar el luto de los aficionados al deporte.

El lunes fue el entierro. El martes se jugó el partido, que terminó 1-1 y le permitió al Real Madrid mantener los tres puntos de ventaja en la tabla, que al final del torneo le dieron el título.

El misterio.

Nadie podía convencerse de que mejillones en mal estado podían mandar a la tumba a un joven de 27 años, sano y bien entrenado. Circularon entonces mil rumores, desde que había sido una extraña infección hasta una supuesta vida disipada del jugador, que había sufrido hepatitis dos veces pero no se cuidaba.

Cuando se cumplieron 38 años de la muerte de Benítez, el diario catalán La Vanguardia entrevistó a su viuda, Pilar Ruiz. Su casamiento había provocado revuelo en su momento, porque ella era bastante mayor que él y trabajaba como bailarina en un cabaret de Zaragoza.

“Julio murió de un envenenamiento”, afirmó ella. Y explicó que en el viaje a Andorra él no comió mariscos sino simplemente carne y verduras. Tampoco lo hizo los días previos, ni los posteriores. De la misma forma, recordó que un médico le habló de un severo envenenamiento, pero que no se realizó autopsia y cuando ella quiso pedirla, chocó con numerosos trámites que la hicieron desistir.

Pilar agregó que al volver de Andorra, Julio sintió una extraña picazón. “Ya me han dado una toalla mal aclarada”, comentó su esposo. La urticaria se agravó los días posteriores, sin que nadie acertara las razones.

Para agregar un elemento extraño, incluso esotérico, a esta historia, hubo que esperar hasta la aparición de otro jugador uruguayo en el Barcelona. Se trataba de Alfredo Amarillo, que había surgido a comienzos de los años ‘70 en las divisiones inferiores de Nacional y luego había pasado al fútbol español. En 1976 se puso también la camiseta azulgrana.

Cuando Amarillo conoció el caso de Benítez, se impresionó mucho y fue a ponerle flores a su tumba. Las visitas se repitieron y comenzó a obsesionarse con el asunto, al punto de afirmar que Julio se comunicaba con él desde el más allá , le daba consejos y le decía que había muerto envenenado.

campeón

Con gestión especial del presidente

Julio Benítez integró el plantel que ganó para Uruguay el Sudamericano juvenil de 1958 en Santiago de Chile. El entonces presidente de la AUF, Fermín Sorhueta, tuvo que realizar gestiones especiales ante Racing para que cediera al jugador, pues pese a su juventud el club lo consideraba imprescindible. También formaron aquel grupo seleccionado campeón Héctor Lito Silva, Héctor Salvá, Julio Dalmao, Rubén González y Yamandú Solimando, entre otros.

eladio

El hermano también tuvo su trayectoria

Un año menor que Julio, su hermano Eladio también apareció en Racing a fines de la década de 1950 para cumplir una destacada trayectoria, aunque él jugaba como delantero. Eladio integró la Selección uruguaya mayor entre 1957 y 1962 y estuvo en el equipo que ganó en forma brillante el Sudamericano de Guayaquil en 1959. Tras su retiro fue entrenador.

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