HACIENDO HISTORIA

Tokio '88: a 30 años del tercer título mundial tricolor

Un partido dramático contra PSV: empate en la hora y triunfo por penales. Los héroes de aquella madrugada fueron Ostolaza, luego Seré y al final Tony Gómez.

Foto: archivo El País.
Foto: archivo El País.

La campaña triunfal de Nacional en 1988, que había alcanzado uno de sus picos con la conquista de la Copa Libertadores, continuó en Tokio, donde los tricolores levantaron los trofeos que los consagraban como los mejores del mundo: las copas Intercontinental y Toyota.

En la madrugada uruguaya del 11 de diciembre del 88, el primer héroe fue Santiago Ostolaza. Luego apareció Jorge Seré. Y en el último instante fue alguien acaso inesperado, Tony Gómez. Resultó una final dramática: Nacional controló el partido contra PSV durante un buen rato, los holandeses lo dieron vuelta y el tricolor lo empató en la hora. Fueron a penales y casi todos los jugadores remataron hasta que se decidió el título.

Un mes y medio separaba la final de la Libertadores de la Intercontinental. En ese período, el objetivo del equipo pasó a ser casi exclusivamente el partido con PSV. La campaña de la Libertadores había tenido prioridad sobre el Campeonato Uruguayo y muchos partidos los disputó con suplentes, con lo cual resignó toda chance en un torneo que, además, Danubio ganó por amplio margen.

Uno de las pocas veces que jugó el equipo principal fue contra Defensor y perdió por 3 a 0, lo cual hizo dudar a algunos hinchas sobre las posibilidades en Japón. Además, volvieron a producirse desencuentros con los dirigentes a causa de los atrasos en los sueldos.

PSV, el rival, era un equipo poderoso, respaldado por la empresa Philips. Contaba con varios jugadores en la selección holandesa, empezando por Ronald Koeman, futura estrella del Barcelona. También estaba un viejo rival de los uruguayos, el danés Soren Lerby, y un futuro adversario en Italia 1990, el belga Gerets. Sin embargo, la estrella era el goleador brasileño Romario. El técnico era Guus Hiddink, con los años entrenador de Australia cuando eliminó a Uruguay en el repechaje para Alemania 2006. En resumen, un nutrido grupo de figuras lo postulaba como favorito.

Pocas horas antes del partido hubo un contratiempo insólito. La empresa Puma, que vistió a Nacional en ese partido, regaló botines a los jugadores. Carlos Soca los usó en un entrenamiento y el zapato nuevo le provocó una ampolla en el pie. Tan grande era que no pudo jugar. En su lugar ingresó Tony Gómez y pasó Pintos Saldanha a la izquierda.

Los organizadores de la final tenían otra preocupación: el entonces emperador japonés Hiroito estaba gravemente enfermo y si fallecía en los días previos al partido, este se iba a postergar por el duelo nacional. Pero Hiroito, el último protagonista de la Segunda Guerra Mundial que quedaba, sobrevivió hasta enero de 1989.

Por fin, el 11 de diciembre, Nacional y PSV salieron a la cancha del Estadio Olímpico de Tokio para disputar la 27a. final intercontinental, la novena desde que el torneo se disputaba en Japón. Nacional salió con Seré; Gómez, Daniel Revelez, Hugo de León, José Luis Pintos Saldanha; Ostolaza, Jorge Cardaccio (luego Daniel Carreño), Yubert Lemos; Ernesto Vargas (Héctor Morán), Juan Carlos De Lima y William Castro.

El tricolor comenzó ganando con un gol como hizo muchos en esa campaña: un corner del Pato Castro y el cabezazo del Vasco Ostolaza entrando por el segundo palo. Poco después, De Lima robó una pelota cerca del área rival y el arquero Van Breukelen lo derribó como último recurso. Fue un penal claro, que el árbitro colombiano Jesús Díaz Palacios ignoró.

Nacional mantuvo el resultado sin demasiados apuros hasta faltando un cuarto de hora. Entonces Gerets mandó un saque de costado al área, la pelota quedó sin dueño y Romario no perdonó. Con el 1-1 fueron al alargue. Cuando ya iban 110 minutos, Ellerman cayó al pasar junto a Revelez. No pareció infracción, pero Díaz Palacios dio penal y Koeman lo convirtió.

Nacional quemó las naves buscando el empate. Ya casi en la hora, un centro de William Castro se iba afuera y Van Breukelen atajó por detrás de la línea. Díaz Palacios dio corner. ¿Un corner en compensación por dos penales? Y allá fue el equipo uruguayo con todo su poder aéreo. Esta vez lo ejecutó Lemos. Y entre todos los que pugnaron por cabecear volvió a ganar Ostolaza. Fue el 2-2.

La serie de penales fue larga y tensa, al punto que el técnico Roberto Fleitas se sintió mal y no vio los últimos. Como la definición se estiraba, llegaron a rematar todos los futbolistas salvo los dos arqueros. En la primera serie, PSV estuvo a un tiro del triunfo, pero Lerby lo desvió. Después pudo ganar Nacional y el de Pintos Saldanha dio en el travesaño.

Poco a poco, Seré comenzó a ponerse el traje de Superman, atajando uno en la serie y otro en los “uno y uno”. Ya el marcador de penales registraba un 6-6 cuando se adelantó Van Aerle. Y el nuevo vuelo del golero uruguayo consagró su tercera atajada.

La serie, el triunfo y la copa quedaron en los pies de Tony Gómez, el jugador que apareció a última hora entre los once. Van Breukelen, el número uno titular de la Holanda campeona de Europa ese año, con su metro noventa parecía cubrir todo el arco. Tony remató a la izquierda del golero, inclinando su cuerpo. El holandés fue hacia allí, pero el tiro había sido muy bien colocado. Eran más de las dos de la mañana en Uruguay y Nacional conquistaba el mundo.

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