NACIONAL

El titán del arco ganó la Supercopa

Estaban Conde fue la figura del primer clásico oficial del año: tuvo dos atajadas consecutivas al principio del alargue y contuvo dos penales, lo que nunca es fácil. Si hubiera anotado el suyo, era para darle diez puntos

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El beso. De Esteban Conde a la Supercopa obtenida anoche gracias a sus manos. Foto: Leonardo Mainé. 

Esteban Conde fue decisivo para que Nacional consiguiera el primer título de la temporada: la Supercopa. Un trofeo que estaba en manos aurinegras desde el año pasado cuando se jugó por primera vez.

Pero el trofeo que los tricolores obtuvieron ayer significa mucho más que un título para un equipo nuevo, en formación, que estrena técnico y futbolistas. Significa tranquilidad. Una paz que mucho necesitaba tras lo que había sucedido en el clásico amistoso de verano.

El capitán tricolor tuvo atajadas fundamentales. Al principio del alargue realizó dos consecutivas: sacó con el pie una pelota que tiró Gastón Rodríguez a colocar y enseguida se quedó con el fuerte remate de Giovanni González. Luego, en el transcurso del tiempo suplementario, se dedicó a descolgar todos los centros que llovieron sobre su arco.

Conde fue clave para que Nacional llegara a los penales tras un alargue en el que Peñarol fue superior. Como lo había sido a lo largo de casi todo el partido. Porque si se trata de merecimientos, Peñarol hizo mucho más por la victoria. Nacional, puso las barbas en remojo tras el amistoso y trató de defenderse de la mejor manera, sabiendo que su rival de todas las horas llegaba con ventaja. Con la ventaja del conocimiento. Domínguez trató de emparejar las cosas como podía.

Pero el capitán volvió a ser decisivo en la tanda de penales. Es cierto, que el primero en rematar fue Cristian Rodríguez y tal como había sucedido cuando empató el partido en el segundo tiempo de penal, casi rompe la red. Es imposible atajarle un penal al capitán aurinegro que volvía a ganar el duelo de capitanes.

Pero luego, Conde le atajó el tiro a Gastón Rodríguez, adivinando hacia donde iba, en un momento en que su equipo estaba en desventaja, porque Gonzalo Bergesio había errado el primer penal rematado por los tricolores. Y luego volvió a contenerle el penal al “Toro” Gabriel Fernández.

Si Conde hubiera anotado el penal que remató, enseguida después del “Toro”, se hubiera convertido en el héroe del partido, pero le pegó muy de abajo y se le fue muy arriba. Hubiera sido el triunfo de Nacional, pero la cosa se dilató. En ese momento, la incógnita era como estaba anímicamente Conde tras marrar su tiro y tener que pararse enseguida en el arco para volver a atajar.

Allí, la suerte estuvo de su lado, porque Lucas Hernández, que era el siguiente en rematar, también mandó la pelota por arriba del travesaño. Hernández también lo erró y al “Coco” le volvió el alma al cuerpo.

Mathías Zunino tiró el último penal y convirtió el que le dio la segunda Supercopa de la historia a Nacional. A este nuevo Nacional, al del técnico Eduardo Domínguez, al del presidente José Decurnex, y al del capitán Esteban Conde, el mismo arquero del año pasado cuyas manos fueron imprescindibles para que Nacional se quedara con un título que necesitaba como el agua. Para conseguir confianza y para darle un golpe anímico a su tradicional rival, que anoche llegó al Centenario como el gran favorito.

El capitán tricolor fue el último en abandonar la cancha, pero lo hizo con una medalla colgada en el cuello y llevando la hermosa Supercopa en sus manos. Esas manos que tuvieron mucho que ver para conseguirla.

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Felicidad. La de Esteban Conde al final de la noche, ya con la medalla de campeón colgada al cuello. Foto: Gerardo Pérez.
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