Historias

Tira los guantes y habla inglés

Leonardo Ramos, el ex técnico de Danubio lleva cuatro meses lejos de las canchas, pero asegura que aún no extraña. Quizás porque tiene en qué ocuparse.

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Leonardo Ramos

Hasta mañana teacher!", dice Leonardo Ramos, el extécnico de Danubio y baja la escalera del instituto IECO, en Sayago, donde asiste a clases de inglés hace un mes y medio. Lo hace junto a su ayudante técnico Marcelo Suárez.

"Era algo que tenía pensado hace un montón de tiempo porque para nuestra carrera no está de más. Sobre todo porque estuvimos muy cerca de ir a dirigir a Arabia Saudita y siempre fui un convencido de que uno nunca sabe si el traductor le dice exactamente lo que vos querés explicarle a los futbolistas", dijo Ramos sobre por qué decidió volver a estudiar.

"Es una forma de agregarle algo más al cuerpo técnico. Siempre lo quise hacer, de chico no tuve la posibilidad de ir a un colegio donde enseñaran inglés y al liceo fui muy poco. Y además, ahora tenemos tiempo, cuando estábamos dirigiendo el trabajo nos demandaba mucho tiempo, en planificación de entrenamientos, reuniones con jugadores, con dirigentes, etc".

Lleva ya cuatro meses lejos de las canchas, pero asegura que todavía no extraña. En parte porque encontró en qué ocuparse. Además de las clases de inglés, está tirando los guantes, algo que también era una asignatura pendiente. Va tres veces por semana al gimnasio del boxeador Fabricio Álvarez.

"Siempre me gustó pero nunca lo había practicado. Con mi viejo éramos de mirar las peleas juntos, éramos apasionados del boxeo. Agarré la época fuerte de Tyson, miraba todas sus peleas, pero duraban muy poco, 15 segundos a veces. Entonces mirábamos las preliminares", contó.

"Me he enganchado y me descargo bastante", relató Leo que había abandonado totalmente el entrenamiento. No era de esos técnicos que se quedan a correr cuando se van los futbolistas. "Jugué unos partidos de veteranos en Argentina, hasta que me desgarré y dije nunca más. Ya había estado casi 22 años corriendo atrás de una pelota. Pero me pasé para el otro lado y no hacía nada. Y ahora empecé con la gimnasia del boxeo que es muy exigente. El "profe" me dio unas botellitas rellenas con piedritas o agua y me dijo que agarrara una en cada mano y las sostuviera con los brazos abiertos un minuto. Yo pensé que era una pavada y a los 30 segundos tenía agujas clavadas en el hombro. Y al principio me dolían muchísimo los nudillos, pero ahora me acostumbré", siguió entusiasmado.

"Y capaz que me sirve también", dice y se ríe recordando el incidente que protagonizó con el ex jefe de la seguridad de Danubio, Raúl "Ratón" Píriz. Es que Ramos es de armas tomar. "Siempre fui igual, como futbolista también. No soy de la idea de que si te putean te lo tenés que bancar. Porque yo no voy a la fábrica o al trabajo de nadie a putear. Yo en la cancha estoy trabajando. Me da bronca y soy bastante calentón. Increíblemente, el boxeo me tranquiliza bastante".

Ramos admitió que necesitaba un afloje. "Fueron cuatro años muy intensos. Vine de paseo a Montevideo, surgió lo de Progreso y me quedé. Y después en Danubio fueron dos años y medio de muchísima presión. Durante mis últimos días en el club, me despertaba con dolor en el pecho. Y era por el estrés. El trabajo de entrenador tiene muchísimo de eso. Capaz que por eso no extraño. Y estoy ocupado, además del inglés y el boxeo estoy haciendo un curso de periodización táctica por internet. Son formas de entrenamiento, porque siempre hay que estar al día", afirmó.

"Lo que quiero es seguir progresando. Se había hablado muy fuerte de Nacional en su momento, teníamos mucha expectativa de ir, pero después se retiró Munúa y arregló. Y también estuvimos cerca de Arabia Saudita, que futbolísticamente capaz que no era tan bueno, pero económicamente sí. Y hace un mes tuve una conversación con el presidente de Huracán de Argentina. Estamos esperando".

Sigue teniendo su casa en La Plata y podía haber regresado, pero optó por quedarse. "Mis hijos ya están acostumbrados acá y tienen sus amigos. Es más, si me sale algo me tendría que ir solo. Ya no se van más conmigo. Mi señora está en cuarto año de obstetricia, está casi para recibirse y haciendo guardias en el hospital. Está muy contenta y ella me siguió durante toda la vida, es hora de que yo me quede por ella".

Es muy familiero e irse solo no le será fácil. "Mi primera experiencia como entrenador, fue en Puerto Madryn, y mi familia se quedó en La Plata. Veníamos bien en la tabla, con grandes chances de ascender al Nacional B y en unas vacaciones de mis hijos se vino toda la familia por dos semanas. El día en que se iban los llevé al micro porque no se podía viajar en avión por el tema de los volcanes. Iban en dos asientos llorando todos. Me partió al medio, no me da vergüenza decirlo estuve un día y medio llorando mal y le dije al presidente que me iba. Intentó convencerme, hasta nos ofreció más plata y todo, pero no hubo caso".

Se tiene fe para dirigir a cualquier grande.

"Me tengo muchísima fe para dirigir a cualquiera de los dos grandes. Nosotros cuando tomamos la decisión, en conjunto con la Comisión Directiva de Danubio, de no seguir, creímos que ya habíamos cumplido un ciclo. Dimos el paso, pensando que iban a llegar ofertas más importantes. O un grande o de afuera. Hoy, estamos esperando algo de afuera".

Forlán, Alonso y Zalayeta.

"La llegada de Forlán es importantísima. Como también lo es tener a Alonso para Nacional, es como estar dos goles arriba de cualquier equipo. Como Zalayeta en Peñarol. Me encanta y no sé por qué siempre tiene que estar dando examen. Es de lo mejor".

No va al fútbol

Ha visto a Danubio por televisión y mantiene contacto con gente del club. Pero no ha ido a los partidos, por razones éticas. "No queda bien. De hecho me cuesta muchísimo ir a ver fútbol. No voy. Fui a ver a Sud América porque con el flaco Vivaldo somos muy amigos y fui a ver a River, ningún partido más". 

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