TORNEO APERTURA

Una tesis de guapos y maulas

Peñarol no aguanta ni revierte los resultados y la Ámsterdam pide “más huevo”; ¿cuál es la causa?.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Pablo Bengoechea. Foto: Fernando Ponzetto

Peñarol ganó 3 de los últimos 9 puntos que jugó y, mientras se saca esa cuenta, por tratarse de una miniserie de partidos culminantes, sobre todo los de Wanderers y Plaza porque en ellos —por un orden cronológico— podía asegurarse el título del primer torneo de la temporada, es como si se estuviera mirando las imágenes de un video y escuchando su sonido de audio.

Las imágenes son repetidas y volvieron a verse el sábado: Peñarol va ganando o empatando, y parece impotente, sin reacción anímica, física ni futbolística, para frenar o quebrar al cuadro chico que se le viene a las barbas o defiende sin que el grande amenace con llevárselo por delante; y el sonido es el de ese canto, hiriente para los jugadores, que reclama "un poco más de huevo" desde la Ámsterdam.

¿Es justo? No, es real, lo que no quiere decir que los jugadores sean pusilánimes y/o culpables; al contrario: porque es imposible ir contra la naturaleza humana; y la mayoría de ellos fueron elegidos por su técnica, velocidad, resistencia, experiencia o dinámica, pero no por rayar alto en esos otros rubros que se suelen incluir dentro de lo que —"cortando grueso"— se define como alma, temple, garra o ganas.

En ese sentido, cabe tener presente la tesis del visceral Washington Etchamendi, que sentenciaba sobre el perfil espiritual de los equipos: "En 11, Ud. tiene 3 o 4 guapos, 3 o 4 maulas, y los híbridos, que están a media agua; si los guapos son 4, son mayoría y, por su influencia, los híbridos se contagian y Ud. tiene un cuadro que va para adelante; si es al revés, los que están a media agua se van para el otro lado, y usted tiene un cuadro maula".

Vale aclarar, la cuestión en Peñarol no es de guapos y maulas; era así en el lenguaje que el "Pulpa", por formación, extractó del diccionario de la calle. Acá pasa por otros términos, aunque el mismo lado: la conformación de un plantel que en la mayoría de sus integrantes está dotado para atacar o defender con el manejo —preciso o no— de la pelota, y no en base a la fuerza física y anímica de hacerlo "por las buenas o por las malas".

En suma, Bengoechea —que tuvo aciertos (ver aparte) armó a este Peñarol, por su convicción como DT, para ganar, perder y empatar, jugando; no gritando "¡vamo arriba"!, "metiendo boquilla" o tirándola para las chapas. De lo que tampoco es culpable, sino responsable, algo que surge de su propia franqueza: "Haga lo que haga, nada da resultado".

¡Te lo pido por favor!

Peñarol le ganaba 2-1a Liverpool en Belvedere, luego de estar 1-0 arriba y que el local le empatara. Entonces, desde la tribuna con hinchas aurinegros partió un grito casi desesperado hacia Bengoechea, que estaba de ese lado: "¡Pablo...poné a Mac Eachen, cerrá el partido! ¡Te lo pido por favor, Pablo: cerrálo!" El DT hizo el cambio, obvio que no por el grito: al equipo le costaba mucho contener a un tibio adversario...

Golero y back... ¡no!

Etchamendi tenía teorías muy propias. Le dijo al periodista un día del 74: "Golero y back derecho moreno, no... ¿no ve a los Globetrotters? Hacen magia con la pelota (de básquet) porque los morenos tienen manos flexibles, plásticas, y el golero precisa dos tenazas; y el back derecho igual, atrás hay que ser fiero, duro como un roble, y los morenos son alegres, el cuerpo es un junco, ¿vio cómo les gusta y bailan la cumbia y la salsa?"

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