El análisis

Se terminó el "jogo bonito"

Desde que el fútbol nació el objetivo de cada equipo que compite es uno solo: ganar. Nadie sale a perder o a empatar, salvo que le convenga como pasó en la fase de grupos del Sudamericano Sub 20 con Paraguay y Perú, que con una igualdad pasaban ambos y dejaban afuera a Ecuador.

Los medios para ganar suelen importar poco, pero generalmente cada equipo tiene su método. En el caso de las selecciones, suele ser una cuestión de identidad.

Uruguay, por ejemplo, tiene como sello la "garra charrúa", esa que lo lleva a pelear cada pelota y muchas veces salir adelante en las más difíciles. ¿A qué viene todo esto? A que Brasil traicionó el suyo.

Esta Sub 20 brasileña vino al Centenario, pegó cuanto quiso, ensució el partido, hizo tiempo y jugó muy poco. ¿Algo que reprocharle? Nada, por lo del principio: el objetivo es ganar o, en su defecto, no perder, que fue lo que hizo Brasil.

Cometió 27 faltas, Walace casi fractura a Amaral y solo vio amarilla y pretendió acusar a Uruguay de racismo. Todo eso hizo Brasil sin ponerse colorado de vergüenza. Porque en el fútbol lo único que sirve es ganar.

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