SELECCIÓN

Tenía toda la pinta y hoy el Valverde crack es una realidad

Desde niño sorprendió por su inteligencia para jugar y por su técnica. ”Pajarito”, el pichón que creció.

Federico Valverde en el entrenamiento de Uruguay. Foto: Darwin Borrelli
Federico Valverde en el entrenamiento de Uruguay. Foto: Darwin Borrelli

Saca los conejos que se esperaba trajera su engalanado juego. Tiene las escapadas sorpresivas que presagiaban los primeros ojos que lo vieron en acción jugando en la calle Dionisio López. Pelea sin descanso de un extremo al otro de la cancha como lo reclamaban los entrenadores de las selecciones juveniles uruguayas. Y marca como querían que lo hiciera los técnicos que lo tuvieron en las divisiones formativas de Peñarol.

Hoy, Federico “Pajarito” Valverde, presiona, quita, arma, lanza, cubre espacios, alimenta a los delanteros y confirma aquello que Néstor Gonçalves hijo le dijo a Rodolfo Catino cuando se lo presentó en el círculo central de la cancha de Las Acacias: “acá te presento al futuro crack de Uruguay y Peñarol”.

Tenía 9 años. Medía medio metro. Y, con algo más que intuición, un captador de futbolistas se animaba a presagiar que a ese gurí le esperaba por delante un futuro maravilloso.

Llegó. Aunque esta carrera está en el comienzo, Valverde está dando los pasos esperados. Se hizo realidad cada uno de los presagios entregados por sus entrenadores que fueron deslumbrándose por la inteligencia que tenía para jugar, para resolver, por su capacidad para aprender rápido lo que se le pedía. Y, llegó, porque jugar como se espera que lo hagas en una Liga internacional, vistiendo una camiseta pesada, y recibir una catarata de elogios por ello es para muy pocos. Para los elegidos.

Chiquilín. Federico Valverde, con cara de niño y brackets, aprende a diario del técnico Pablo Bengoechea y se ilusiona con tener minutos en el torneo Apertura. Foto: Ariel Colmegna
Federico Valverde durante un entrenamiento con Peñarol. Foto: Archivo.

Hoy, en Madrid, Zinedine Zidane, Florentino Pérez, Jorge Valdano, los diarios madrileños, todos juntos, comprueban que sus ojeadores no estaban equivocados. Mucho menos todos los técnicos y dirigentes de Peñarol que esperaban verlo triunfar así.

“Un día estoy caminando por la cancha de Las Acacias y lo veo venir a Néstor Gonçalves con un chiquilín de la mano. Era bien chiquito. Me dice: ‘te presento al futuro crack de Uruguay y de Peñarol’. Pensaba que me lo decía en broma. Enseguida se mostró diferente por técnica y pegada. Recuerdo que Juan Ahuntchain lo hizo jugar más retrasado y que tuvo que explicarle a su madre que le estaba enseñando a ser polifuncional porque tenía un futuro impresionante pero le faltaba marca”, contó a Ovación Rodolfo Catino, que por aquel entonces era el presidente de juveniles de Peñarol.

Ahuntchain también recuerda aquella anécdota y agrega: “Siempre se caracterizó por tener buena técnica y muy buena pegada. Era un chiquilín de piernas largas y buenos pasos pero medio vago para trabajar. Hablamos con el ‘Chueco’ Perdomo para enseñarle a marcar, tirándolo un poco para atrás y él no quería. Se iba llorando para la casa. Un día vino la madre a decirnos que no quería venir más porque no le gustaba jugar ahí. Le dije: ‘mire, si él aprende a marcar puede valer cinco millones de dólares y si no marca le va a costar jugar internacionalmente. Se dio. Era un gurí realmente bueno”.

Gonçalves, el primero de todos en presagiar lo que iba a ocurrir con “Pajarito”, destacó a Ovación: “Es difícil definir a un chico en una captación, porque podés acertar o errar, pero le vimos cosas diferentes. Y las sensaciones fueron en aumento porque tenía inteligencia para jugar, inteligencia táctica para resolver, habilidad técnica, actitud y especialmente, capacidad de absorber el entrenamiento. Demostró tener un crecimiento rápido. Recuerdo que lo recomendamos con el ‘Bola’ Lima para la Sub 15 de Uruguay y todavía su crecimiento biológico no había llegado, lo veían chiquito. Jugamos un amistoso y ‘Pajarito’ demostró lo que veíamos. Se terminaron las dudas. Siempre se tuvo mucha confianza para jugar. Es muy seguro. Él percibe la dificultad y tiene la capacidad para resolverlo”.

Federico Valverde y Maximiliano Gómez durante un entrenamiento en el Complejo Celeste. Foto: Gerardo Pérez.
Federico Valverde y Maximiliano Gómez durante un entrenamiento en el Complejo Celeste. Foto: Gerardo Pérez.

De la Sub 15 a la Sub 17 y de ahí a la Sub 20. Donde lo esperaba Fabián Coito, que no pudo contar con su participación en el Sudamericano. “A pesar de que no estuvo el equipo campeón, no teníamos dudas de lo que podía aportarle al equipo. Y así fue. Él jugó más atrás de lo que lo hacía en el fútbol uruguayo, más de volante central o número cinco. Su precisión en la pegada, su facilidad para jugar en zona de progresión, ser receptor de pase de los centrales y combinar con los delanteros lo destacan, y lo que nosotros usábamos mucho es esa capacidad que tiene para jugar en el uno contra uno, desequilibrar ahí y ya comenzar a desarmar la organización defensiva del equipo rival. Es tremendo jugador, un gran pibe, muy humilde. Creo que esto recién empieza”.

Brillo en formativas, destaque en los juveniles, ojeadores al alpiste. “Tenía 16 años y Arsenal vino a buscarlo. Vinieron cuatro personas y nos ofrecieron un millón de euros al contado y otro millón si jugaba. Le rechazamos de plano esa oferta. No entendían. Nos decían: ‘cómo van a rechazar esta oferta si nunca se venció un jugador uruguayo de 18 años en más de un millón de dólares y estamos ofreciendo casi dos millones de euros por un jugador de 16’. Les dijimos que se iba a vender más caro y así fue”, describió Catino.

Pero no se pudo sostener mucho tiempo más. Y menos cuando por encima del Manchester United y del Barcelona apareció el Real Madrid. Nada menos que el equipo de esa camiseta blanca que Valverde, en sus sueños y sin saber de qué club se trataba, se veía jugando en un estadio repleto de espectadores.

Cuando contaba aquel sueño, su padre, carbonero de ley, cruzaba los dedos y ataba pañuelos para que no fuera la casaca del rival de todas las horas. Su plegaria fue escuchada.

Federico Valverde fue figura en el Real Madrid. Foto: LaLiga.
Federico Valverde fue figura en el Real Madrid. Foto: LaLiga.

“Era imposible sostenerlo en el club. Es una de esas perlitas, joyitas, que todos los clubes que son potencia económica buscan. Nos hubiera gustado mantenerlo hasta los 21 años, pero era inviable. Cuando vino a mi casa con su madre, para decirnos las ilusiones que tenían de poder ir al Real Madrid, le dije a mi hijo Franco: ‘en poco tiempo lo vas a ver en el juego de la FIFA y jugando en la Champions League. Se dio todo muy rápido y hoy está en ese nivel que ya le veían en formativas. Juan (Ahuntchain) siempre nos dijo que era un jugador diferente y que no lo cambiaba por ninguno de los otros que estaban apareciendo”, recordó Juan Pedro Damiani, por aquellos tiempos presidente de Peñarol. El extitular aurinegro agregó a Ovación: “La gente del Real Madrid nos decían que siempre pensaron que estaba llamado a ser un jugador excepcional. Lo comparaban con (Steven) Gerrard y lo hacían en los momentos que lo estaban siguiendo, no ahora. hoy aseguran que va a ser un top-top en el mundo”.

Valverde creció. Está ocupando el espacio que auguraban iba a tener. Aplicándose a las recomendaciones que le hacen, demostrando que se deja ayudar como lo hizo cuando Ahuntchain le pedía sacrificio y su primera respuesta fue: ‘si yo se la doy y la pierde él porque no me la devuelve que la corra él”.

Escuchó. Aprendió a marcar. No tiene reparo alguno en realizar un gran desgaste físico en beneficio del equipo y se gana frases que valen como medallas de oro por su desempeño en cancha. Como esa de diario Marca en la que se aseguró: “Federico Valverde es la mejor noticia para el madridismo desde que se inició la temporada”, todo porque con su juego “enseñó al mundo lo que es capaz de hacer cuando se dedica a lo que le gusta, es decir, jugar al fútbol”.

O la de Valdano que dice: “Valverde vino de Uruguay como un jugador prometedor y muy tímido, algo que puede que seguramente haya demorado su evolución. No acababa de expresarlo en toda su dimensión hasta que lo vi ante el Granada y me pareció deslumbrante su actuación”. Es “Pajarito”, aquel pichón de crack que creció.

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