PROYECTO IMPACTANTE

Qué es la Superliga europea y qué puede cambiar en el mundo del fútbol

La rebelión de los potentados: los clubes grandes quieren su propio campeonato y más dinero

Champions League
La Champions League es todo un espectáculo y reparte jugosos premios, pero los grandes de Europa quieren más.

Los potentados del fútbol europeo se rebelaron: quieren jugar solo entre ellos para quedarse con la mayor tajada de los derechos de televisión. En otras palabras, la organización de una Superliga, exclusiva para clubes grandes, está cada vez más cerca, pese a la alarma de las ligas locales y de la propia UEFA.

La bomba la lanzó el renunciante presidente de Barcelona, Josep María Bartomeu, quien antes de irse dijo: “Puedo anunciar que ya hemos aprobado los requerimientos para formar parte de una Superliga Europea. La decisión de jugar la competición deberá ser ratificada por la próxima Asamblea”.

El documento de adhesión del club culé fue enviado a un grupo de trabajo que coordina el proyecto, que según se indicó es impulsado por el Real Madrid y el Manchester United y apoyado de cerca por el Barcelona, el Milan y el Liverpool.

Un elemento clave, de acuerdo con la prensa europea, es que los responsables del proyecto consiguieron financiación por parte del banco JP Morgan, un crédito de 5.000 millones de euros para avalar el nuevo torneo, que podría comenzar ya en 2022.

Se maneja el nombre de 'European Premier' y congregaría entre 16 y 18 grandes equipos, que jugarían todos contra todos, en dos ruedas y con play-offs al final de la temporada. Cada participante se aseguraría un número fijo de partidos y una porción de los derechos de televisión. Al ser una competencia cerrada, no habría descensos ni ascensos, al menos durante algunos años.

Si bien ahora se conocen más detalles, no se trata de una sorpresa, porque en los últimos años abundaron las noticias sobre las intenciones lanzar este “supercampeonato”. Incluso los primeros tanteos en este sentido tienen más de 20 años y en cierta forma obligaron a la UEFA a transformar su antigua Copa de Campeones en la Champions League para aumentar el número de participantes y de partidos.

Medios españoles citaron a dirigentes de equipos de otros paísesd, que criticaron a Bartomeu por sacar a la luz una idea que todavía no está totalmente definida. Pero la pandemia, con su inevitable consecuencia de caída en los ingresos, parece haber terminado de convencer a los grandes clubes.

.Si bien hubo algunas consultas de sus impulsores con los responsables de la Euroliga de básquet, organizada por un compañía privada y con participación de equipos de hasta 10 países, el modelo ambicionado es el del deporte estadounidense, donde el fútbol americano, el básquet o el béisbol constituyen ligas cerradas, con un control casi total por parte de los equipos.

Por ejemplo, los europeos no pueden entender por qué la NFL (el torneo del fútbol americano) cuenta solo con 150 millones de seguidores en el mundo, pero comercializa sus derechos de televisión por 7.000 millones de dólares, mientras que el fútbol tiene según sus estudios de marketing al menos 1.600 millones de hinchas, pese a lo cual los derechos de la Champions se venden por 1.500 millones.

Sin embargo, el sistema estadounidense funciona de una manera totalmente diferente a la del fútbol europeo. Los equipos no son clubes, sino franquicias, que no tienen divisiones juveniles. Los jugadores se forman en las competencias amateurs, casi siempre universitarias o de las escuelas secundarias, que tienen una enorme difusión. Y después se distribuyen entre las franquicias profesionales a través del draft, un mecanismo inexistente en el fútbol.


Hasta ahora, lo que se sabía era que la Asociación de Clubes Europeos (ECA), que reúne a las instituciones más populares y poderosas económicamente, buscaba reformar el formato de la Champions para aumentar la cantidad de partidos y desvincularla casi totalmente de las ligas nacionales como forma de clasificación.

Esto ya había sido criticado por las ligas, incluso las más importantes (la Liga española, la Premier inglesa, la Bundesliga alemana y la Serie A italiana) porque representaría un golpe mortal al interés por los campeonatos nacionales.

CRITICAS.  “Los principios de solidaridad, ascensos, descensos y de ligas abiertas son no negociables. Eso es lo que hace que el fútbol europeo funcione y que la Liga de Campeones sea la mejor competición del deporte en el mundo”, declaró la UEFA.

Su presidente, Alekasanser Ceferin, fue más duro todavía: “Es difícil pensar en una trama más egoísta y ególatra. Arruinaría el fútbol y su mundo; para los jugadores, los seguidores y todos los relacionados con el mundo del fútbol. Todo por el beneficio de muy pocas personas”.

“La televisión no quiere una Superliga. Quiere una buena Liga española, una buena Serie A, una buena Bundesliga, muchos productos, no uno solo”, dijo mientras tanto Javier Tebas, presidente de la Liga.

En declaraciones a AFP, Tebas introdujo un elemento de política interna del fútbol español. “Bartomeu está dirigido por Florentino (Pérez) en este asunto (...) La llamada Superliga es un viejo sueño del presidente del Real Madrid, que lleva mucho tiempo trabajando en el proyecto. No es una noticia nueva. Pero es un gran error porque nadie entiende las graves consecuencias financieras que puede tener. Es una conversación de barra de bar a las 5 de la mañana”, afirmó.

La propia FIFA mira con desinterés la eventual Superliga. El presidente, Gianni Infantino, está más preocupado por armar un Mundial de Clubes representativo y que despierte interés en todo el planeta.

DIFICULTADES. Hay aspectos de la idea del supercampeonato que no cierran. Además del futuro papel que le espera a los equipos de todo el continente que no entren en la competencia, no se sabe qué pasará con la actividad de las selecciones. Hay un aspecto imposible de modificar: el año tiene 52 semanas y no hay espacio para tantos partidos. De hecho, con los actuales torneos el calendario ya está sobrecargado.

Otro tema son los árbitros, que dependen de las federaciones nacionales y de la UEFA, por lo cual los clubes grandes no pueden cortar todos los lazos con aquellas.

Además, llevar la iniciativa a la realidad no es tan sencillo. Armar la lista de “privilegiados” pueden resultar fácil en España, donde Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid están despegados del resto. Ni qué hablar de Francia, pues el PSG le saca mucha ventaja a todos. Pero en Inglaterra, además de Liverpool y Manchester United, están interesados en sumarse Arsenal, Tottenham Hotspur, Manchester City y Chelsea, uno de ellos sobraría, pues se limitaría la presencia en la Superliga a cinco clubes por nación.

En Alemania, los clubes grandes tampoco mostraron entusiasmo ante el plan. Bayern Munich y Borussia Dortmund, por ejemplo, están muy vinculados a la Bundesliga, un certamen con prestigio y arrastre popular. “Es un choque de culturas”, aseguró el presidente del Borussia Hans-Joachim Watzke.

Hay quienes piensan que este alboroto sobre el supertorneo es simplemente un señuelo de los grandes clubes con el propósito de volver a cambiar la estructura de la Champions League y lograr así una mayor tajada. Una posibilidad es fusionarla con la Europa League, cuyos resultados económicos están lejos de los de aquella. Y habría un grupo de equipos “invitados”, con presencia asegurada, obviamente, de los grandes.

Pero nada se ha dicho sobre qué ocurriría con los torneos locales. Algunos sospechan que los clubes poderosos formarán un equipo “A” para jugar la Champions ampliada y uno “B” para el campeonato doméstico.

En todo caso, el fútbol mundial y los grandes intereses económicos que lo mueven están en vísperas de un gran terremoto, que amenaza cambiar todas sus estructuras.

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