"pistolero" solidario

Los sueños crecen sanos

Luis Suárez apareció de sorpresa en la Fundación  Pérez Scremini, que amplía junto a Asse, la atención a jóvenes con cáncer hasta los 19 años

Perez Scremini
Luis Suárez en la Fundación Pérez Scremini. Foto. Darwin Borrelli.

Los pacientes llegaron como siempre al Hospital de Día de la Fundación Pérez Scremini, que atiende a niños y adolescentes con cáncer. Lo que no sabían era la sorpresa que los esperaba a mediodía, cuando el padrino de la Fundación, Luis Suárez, llegó para estar presente en la firma de un convenio con Asse que permite que la atención se amplíe hasta jóvenes de 19 años.

El “Pistolero” se hizo un tiempo, entre el doble horario que ayer cumplieron los celestes en su preparación para el Mundial de Rusia, para compartir un rato con los niños, tanto con los del Hospital de Día como con los que están internados. Es más, el delantero suele hacer una recorrida por las instalaciones, pero en esta ocasión quedó para cuando vuelva de Rusia.

“Quiero felicitar a los doctores, que son espectaculares en el día a día con todos los niños que están acá luchando y sobre todo a ellos, a los niños, que son los verdaderos campeones. Mucha gente me ve a mí con admiración por lo que hago adentro de la cancha y sin embargo, para mí estos niños son los verdaderos campeones, porque intentan curarse y darle una alegría a sus familias, a sus padres, a sus hermanos, a sus abuelos, porque saben que la pasan mal. Ellos son un verdadero ejemplo para nosotros, para la sociedad. Tenemos mucho que aprender de ellos”, dijo Suárez, quien antes había agradecido a la Pérez Scremini por haberlos elegido a él y a su esposa Sofía para ser sus padrinos y también a Asse por el próximo desafío de ampliar la atención y el hospital para atender a más jóvenes con cáncer y enfermedades hematológicas.

Mayor tasa. Contar con ese hospital permitirá aumentar los índices de cura en la franja etárea de los 14 a los 19 años, que hoy es menor a la de los niños, entre quienes la tasa de curación es del 80%. Esto sitúa a Uruguay como el país con la mayor tasa de curación de Latinoamérica.

“Queremos curar muchos más casos de los que estamos curando. Y tenemos por delante un desafío enorme. Lo mismo que pasaba hace 20 años con la franja entre 0 y 14, que no estábamos curando lo que debíamos. Hoy nos pasa entre los 14 y 25 años. No podemos llegar hasta los 25, pero tenemos el desafío de tratar a los chicos hasta los 19 años que tienen las mismas enfermedades que los niños, y no se tratan en los lugares adecuados. Vamos a aceptar el desafío y vamos a tener muchos más jóvenes y adolescentes curándose”, dijo Ney Castillo.

“Me ha tocado vivir casos en los que yo, diciéndoles algunas palabras, he ayudado a que se curaran. Es algo que no resulta fácil de explicar y es para agradecer a Ney (Castillo) y a toda la gente que trabaja con él. Ellos tienen el gran mérito”, afirmó el “Pistolero”.



Padrinazgo. Justamente, Castillo fue quien invitó a Suárez y a su esposa a convertirse en los padrinos de la Pérez Scremini. Fue hace varios años, cuando el delantero ya había pasado al Barcelona, pero aún no podía jugar por la suspensión que le había impuesto la FIFA tras el Mundial de Brasil 2014.

“Me tomé un avión y me fui a Barcelona. Estuvimos un buen rato charlando porque él no sabía mucho de la Fundación y como funcionaba, pero no tardó en convertirse en el padrino”, contó Castillo.

“Son cosas que no cuestan nada y que a uno le hacen sentir muy orgulloso. Siempre que puedo vengo y esta era una ocasión especial por la firma del convenio, que es muy importante porque ahora también se van a poder atender acá los adolescentes”, reconoció la estrella de la selección y del Barcelona y pasó a recordar uno de los casos que concoió y que más lo marcó y emocionó.

“Hay muchas anécdotas porque he venido muchas veces y siempre te encontrás con una nueva. La que más recuerdo es la de Mateo, que se hizo conocida y viral. La gente que trabaja acá me contaba que Mateo no hacía caso, que no quería cumplir con lo que le decían. Lo tuve que retar y hoy está más grande y más fuerte que todos nosotros. Casos así me dan mucha satisfacción por lo que genera uno y por el caso que me hizo Mateo. ¡Ni mis hijos me hacen tanto caso!”, relató riendo.

Luego se le trasladó al salteño una pregunta de un paciente, de 11 años, que se trata en la Fundación y que quería saber cómo era Suárez cuando tenía su edad. “Yo era como todo niño, no le hacía caso a mis padres, andaba para arriba y para abajo. Haciendo picardías, jugando en la calle, pero si tengo la posibilidad de hablar con él me encantaría, porque sé lo que es para un niño que uno le pueda dar un consejo”, finalizó el atacante, quien ya a su llegada le había dicho a los pequeños que lo esperaban que tenían que hacerle mucho caso a los médicos y enfermeras, porque ellos son los que saben lo que hay que hacer para curarse y también a sus respectivos padres.

“Los sueños siguen sanos y crecen en un nuevo lugar”, reza una leyenda en el Hogar Hospitalario de la Pérez Scremini. Y Suárez los ayuda a seguir creciendo.

pacientes

Dahiana no se pudo pintar las uñas de celeste

“No se saquen los tapabocas”, recomendaba una madre de las que llevan a sus hijos a diario a atenderse en la Fundación Pérez Scremini. Pero era imposible. Los niños estaban ansiosos esperando a Suárez, el ídolo de los celestes. Y ya no había quién los contuviera. Ni los voluntarios de la Fundación que los invitaban a hacer juegos y a medirse en el futbolito lograban contenerlos.

Rodrigo es el veterano de la Fundación porque se trata desde los 11 meses, cuando le diagnosticaron leucemia. Ahora ya tiene 14 años y ayer, mientras esperaba como los demás al “Pistolero”, discutía de fútbol con uno de los voluntarios. “¿De qué van a estar hablando, no?”, dijo su madre, quien aclaró feliz que su hijo está muy bien.

Para Rodrigo la Fundación Pérez Scremini es su hogar. Conoce todos los sectores, es como el dueño de casa y así actúa.

Dahiana, en cambio, esperaba sentada con su banderita de Uruguay en la mano. Es que cuando esta mañana les dijeron a los jóvenes pacientes que iba a venir Suárez, también les repartieron banderas para que lo esperaran.

Dahiana tiene 16 años, pero parece mucho menos. Quizás por su físico menudo y su cabecita rapada. Pero sus uñas perfectamente cuidadas y pintadas llamaban la atención. “No me las pinté de celeste porque no sabíamos que iba a venir Suárez”, contó.

Aunque estaba entusiasmada con la llegada del “Pistolero”, reconoció que su jugador preferido es Fernando Muslera. Y sonrió al lamentarse un poco de que no fuera el arquero el padrino de la Fundación.

La jovencita, que vive en Malvín Norte, aseguró que le gusta el fútbol pero aclaró que no es hincha de ningún cuadro. “Tengo cuatro hermanos, dos son de Peñarol y dos de Nacional, y se pelean mucho. Por eso yo no soy de ninguno”, explicó.

Dahiana está en tercero de liceo, pero ahora no está yendo a clase porque su tratamiento se lo impide. Reconoció, sonriendo con timidez, que esa es un poco la única parte buena de la enfermedad. De todos modos, sabe que pronto volverá al liceo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º