INFORME

Un sueño que quedó trunco: jugadores que fueron profesionales y juegan en la Liga

Tenían proyección, se destacaron en formativas y debutaron en Primera, pero hoy están en la Liga Universitaria. Conocé las historias de Álvaro Apólito, Juan Manuel Gómez y Daniel Tucuna.   

Álvaro Ápolito en el patio de su casa. Hoy disfruta de su presente lejos del fútbol profesional. FOTO: Estefanía Leal.
Álvaro Ápolito en el patio de su casa. Hoy disfruta de su presente lejos del fútbol profesional. FOTO: Estefanía Leal.

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Las historias de los futbolistas que llegan a destacarse en Primera División, y logran tener un nombre, son conocidas. Más todavía el camino que hicieron los jugadores de los equipos más populares del país o que tienen el privilegio de llegar a la selección uruguaya. En el olvido quedan aquellas historias, esas viejas ilusiones, de futbolistas que no lograron cumplir con las expectativas que se habían generado. Que no pudieron cumplir sus sueños. Al menos en el fútbol, porque la vida no gira solamente alrededor de la pelota. Y luego de algunas frustraciones, nacen otros sueños y anhelos personales.

Hay infinitas historias de futbolistas que pintaban muy bien en formativas, que fueron goleadores o que alcanzaron las selecciones juveniles de Uruguay, y que incluso llegaron a debutar en Primera División, pero que por diversos motivos se fueron deshilachando o fueron quedando por el camino, pero que por el amor al fútbol, o por la motivación de una barra de amigos, despuntan el vicio jugando en la Liga Universitaria de Deportes (LUD).

Cada historia es un tesoro. Cada historia tiene su punto de inflexión. Cada historia tiene su explicación de porqué el sueño quedó trunco. Lesiones, malas decisiones, consejos o procedimientos equivocados de representantes, o simplemente factores atribuibles a la suerte, son algunas de las explicaciones de los protagonistas.

Álvaro Apólito, Juan Manuel Gómez y Daniel Tucuna forman parte de esas historias del fútbol, que terminan siendo historias de vida muy valiosas.

Álvaro Apólito. FOTO: Estafania Leal.
Álvaro Apólito. FOTO: Estafania Leal.

TOMA DE DECISIONES. “Cometí varios errores en decisiones en momentos importantes, muchas veces tomadas por mí, otras veces por estar mal influenciado. Pero las malas decisiones y no aprovechar los momentos fue lo que me llevó a este presente”, cuenta Apólito en su casa, sentado en un sillón donde minutos antes había estado jugando con su hija más pequeña, que tiene apenas unos meses de vida.

“Después de debutar en la Primera de Nacional estuve a préstamo en Cerro, volví y estuve en el Juventude de Brasil y no aproveché, esa es la realidad; estaba pensando en que me quería volver, en que no quería estar ahí. Regresé a Uruguay, arreglé en Sud América y por varios motivos decidí dejar de jugar a los 22 años. Estuve dos años sin jugar y ese tiempo ya no lo recuperé más... Volví con ganas, estaba convencido que quería seguir jugando, pero ya esos dos años perdidos me pasaron factura. Era la edad para explotar o para afianzarme y yo dejé de jugar”, recuerda quien continúa siendo el segundo máximo goleador histórico de las formativas de Nacional.

FOTO: Archivo El País.
Álvaro Apólito, Diego "Oreja" Rodríguez, Mauricio Pereyra, Mathías Abero y Santiago "Morro" García. FOTO: Archivo El País.

“En Sud América estaba jugando, me sentía bien, y de un día para el otro me dijeron que tenía que dejar el club, que iba a venir un extranjero. Eso fue un golpe más al que ya había tenido. De Nacional no me quería ir, tenía contrato, quería pelearla, pero por motivos ‘x’, que nunca supe cuáles fueron, decidieron terminar el contrato. Ese fue el golpe más duro de mi carrera. Fue complicado y se sumó a que en la selección quedé afuera del Sudamericano Sub 20 (dirigía Diego Aguirre) en el último corte; venía haciendo goles, pero recibí ese golpe que se sumó a los anteriores”, explica.

Apólito es de la generación del 89 (la de Alexis Rolín y Rafa García, entre otros), realizó todas las formativas en Nacional y debutó de la mano de Gerardo Pelusso en 2008. Es muy amigo de Nicolás Lodeiro, al punto que él es padrino de uno de los hijos del jugador de Seattle Sounders y “Nico” también tiene ese rol con su hija. “En Nacional fue el momento más feliz de mi vida. Nico siempre estuvo despegado, fue el gran responsable de varios de los goles que hice, que son más de 200 en juveniles”.

Apólito junto a su amigo Nicolás Lodeiro en una práctica en Los Céspedes. FOTO: Archivo El País.
Apólito junto a su amigo Nicolás Lodeiro en una práctica en Los Céspedes. FOTO: Archivo El País.

Apólito quedó libre de Nacional cuando dirigía Luis González “aunque él me dijo que no fue una decisión suya”, recuerda con un dejo de tristeza, y hasta de impotencia por no saber las verdaderas razones.

Hasta ese momento, el centrodelantero era representado por Daniel Fonseca, pero se separaron: “Con Fonseca tuve poco diálogo; lo vi dos o tres veces. Tenía contacto con Carlos Favier Soca, que era el que trabajaba con él, y la verdad que no tengo nada para decir de Favier, al revés, conmigo siempre se portó bien, intentó ayudarme, aconsejarme. Sí creo que se podría haber hecho algo más”.

Apólito también le atribuye una parte de la que le pasó a la suerte. “Hay una Liguilla antes de mi debut, que ganamos con gol del ‘Morro’, donde estuve todos los partidos en el banco, y en las gateras para entrar; justo en el partido contra Defensor, ‘Viruta’ (Diego Vera) estaba lesionado, el DT metió al ‘Morro’ en el banco, quedé como jugador 19, y entra el ‘Morro’, la manda a guardar y a partir de ahí se afianzó en Nacional”.

Cuando dejó el fútbol a los 22 no sabía lo que quería y se puso a trabajar con su padre en un laboratorio dental, pero nunca bajó los brazos. “Por suerte siempre tuve el apoyo de mi familia. Sí tuve mucha desilusión con el fútbol”.

Ahora, Apólito está a una materia de recibirse de entrenador, trabaja en tres colegios y juega con sus amigos en la Liga Universitaria (LUD), en Scuola Palermo de la Divisional D. Ahí es como el “Loco” Abreu, ya que es jugador y técnico. “Toda la vida supe que lo mío iba a ser al lado del fútbol; dejé escapar esos dos años que hubiesen cambiado la historia y es de lo que me arrepiento. Si bien después volví y jugué en Huracán del Paso, Huracán Buceo, Central y Villa Española, nunca fue lo mismo. Mi cuarto de hora ya había pasado. Cuando dejé Villa Española en 2018 ya tenía tres trabajos, y en el fútbol profesional no llegó nada que me motivara. Fue el momento en el que dejé”.

Hoy disfruta de su presente: “Estoy feliz, disfrutando de estar a punto de recibirme. Y estoy haciendo varios otros cursos, por si algún día llega la chance de algo estar preparado”.

Apólito es el goleador de la D, con 16 goles en 11 partidos. Su equipo está primero y buscan el ascenso. “Es un equipo formado por nosotros, somos amigos. Cuando empecé en la Liga sentí algo que está salado. Ves gente preparada físicamente, otra que no, pero todos tienen un amor propio que a veces falta en otro lados y es increíble. Yo al Palermo lo tengo tatuado en la piel, es el equipo que amo y quiero estar siempre. Me enamoré de jugar en la Liga Universitaria”.

Apólito jugando en Scuola Palermo contra Madrugada. FOTO: Fernando Naviliat.
Apólito jugando en Scuola Palermo contra Madrugada. FOTO: Fernando Naviliat.

UNA APUESTA. Juan Manuel Gómez dejó todo en su Paysandú natal persiguiendo su sueño de jugar al fútbol. Con 14 años viajó a Montevideo para vivir en la sede de Liverpool y empezar a jugar en los negriazules, tras ser el goleador de las selecciones juveniles de Paysandú. También estaba interesado Peñarol, pero como Liverpool le ofrecía más facilidades para poder estudiar, fue que optó por el equipo de la Cuchilla.

Rápidamente se ganó un lugar en el equipo y en la Sub 15 que dirigía Ángel Castelnoble, al punto que viajó al Sudamericano de la categoría. Con 17 años firmó su primer contrato profesional, viajó al Sudamericano Sub 17 en Ecuador de 2007, donde pujaba por un lugar con Jonathan Urretaviscaya, Rodrigo Pastorini y Santiago Silva.

Juan Manuel Gómez en su casa de barrio Capurro. FOTO: Marcelo Bonjour.
Juan Manuel Gómez en su casa de barrio Capurro. FOTO: Marcelo Bonjour.

“Un simple desgarro en el isquiotibial me terminó perjudicando mucho. Es una lesión común, pero a mí me complicó de sobremanera; estuve ocho meses para recuperarme cuando estaba en la plenitud con 17, 18 años, y jugando en Primera. El tema es que cada vez que regresaba, me volvía a resentir”, recuerda Gómez en su casa de Capurro.

Increíblemente no llegó a debutar en la Primera de Liverpool. Tres meses antes de la finalización de su contrato le llegó una posibilidad para ir a jugar a Rumania y no lo dudó porque no tenía certezas de que le iban a renovar el vinculo, más allá de que después le confirmaron que estaba en una lista de jugadores a potenciar y que le iban a proponer extender el contrato. “No me salió bien la jugada, me tuve que volver y ahí sí quedé libre. Arreglé un contrato largo con Miramar Misiones. Debuto en Primera en 2011 con Carlos Laje, le ganamos a Peñarol que venía de ser vicecampeón de América, y las cosas iban muy bien, pero luego descendimos, juego un semestre en Segunda y termino rescindiendo”.

En ese momento, Gómez dio la prueba para ingresar al ISEF y comienza la carrera de profesorado de Educación Física, al tiempo que se va a jugar al fútbol del interior. Sólo estuvo un semestre en Fray Bentos, porque lo contrataron de Rentistas. “Cosas que pasan en el fútbol profesional... Tenía contrato, pero los hijos del entrenador que no tenían jugaban y yo no. Me cansé de esas situaciones y me fui. Entro a la carrera de técnico, también en el ISEF, y desde ese momento juego definitivamente en el fútbol del interior, donde logro el ‘pichichi’, ya que fui el que más goles hice en todo el interior”, comenta con orgullo.

“En 2017 me recibo de profe, Araújo agarra de técnico en Rampla y lleva de ayudante a Augusto Camejo que había sido mi DT cuatro años en Río Negro de San José. Él me llama, yo ya había terminado la carrera, tenía lo seguro en el banco, y arranqué. Firmé por un año, nos fue bárbaro, clasificamos a la Copa en 2017 y me voy a jugar a Copiapó de Chile. Ese sí fue mi último equipo profesional”, explica.

Juan Manuel Gómez defendiendo a Liverpool Universitario.
Juan Manuel Gómez defendiendo a Liverpool Universitario.

“En 2008 estuve en el Porto practicando por casi un mes. era el proyecto de Liverpool y el nombre que tenían a vender. Pero a la prueba fui cuando estaba lesionado, estuve 10 días recuperándome en Portugal, entrené unos días, pero no fue lo mismo, y menos a ese nivel. La lesión incidió, pero el no poder triunfar en el fútbol se lo atribuyo más a las oportunidades que no me dieron y capaz que las merecía y obviamente a intereses personales que maneja el fútbol profesional y que yo no tuve cabida”, comentó resignado.

Después de jugar en Paysandú, Limburgo y Defensor Universitario, hoy Gómez juega en Liverpool Universitario, que está en la A. También juega en Boquita de Florida y trabaja en dos colegios como profesor de Educación Física y entrenador, ya que posee el título en ambas carreras.

“En la Liga Universitaria hacés lo que te gusta, que es jugar al fútbol, casi siempre con amigos, y se disfruta muchísimo”, concluye.

DE CERCA. Hoy Daniel Tucuna (29) tiene su propia escuelita de fútbol “El Tridente”; una de ellas en Colón y la otra en La Paz. A su vez, está estudiando la licenciatura de Educación Física. Enseña fútbol y está cerca del deporte, pero en su momento la ilusión de ser profesional estuvo a flor de piel. Es que tenía argumentos: goleador de las formativas de Defensor Sporting todos los años que jugó. “Tenía un buen futuro. Pero a la altura que estás para explotar está el tema de los contratistas, que aparecen de todos lados, traen jugadores y te terminan relegando. No tuve la suerte de llegar a la Primera de Defensor aunque en juveniles me destaqué”, cuenta en un ratito que le queda libre entre su escuelita de fútbol y un grupo de entrenamiento funcional que tiene a cargo.

“Yo veía que no me daban la importancia que yo creía merecer. Fui varios años goleador y veía como jugadores que estaban atrás mío jugaban y yo no. Decidí irme, me fui a Miramar y en ese equipo debuté en Primera en 2012. Mi representante era Pablo Forlán. Él me sacó de Defensor porque yo le dije que quería jugar en Primera, me llevó a Miramar pero desde ahí cambió todo... Me dejó en Miramar y no tuve más contacto con él”, recuerda.

Daniel Tucuna con la camiseta de Centro Cristóbal Colón. FOTO: Paulo Petkoff.
Daniel Tucuna con la camiseta de Centro Cristóbal Colón. FOTO: Paulo Petkoff.

Tucuna es autocrítico: “Creo que fallé en la toma de decisiones, quizás me tendría que haber quedado en Defensor. Me apuré en tomar una decisión que fue equivocada”.

El delantero ahora juega en Centro Cristóbal Colón, en la B de la LUD. “Los equipos entrenan mucho y se hacen bien las cosas. Decidí jugar con amigos y disfrutar de eso”, concluye.

PRESIDENTE DE LA LIGA UNIVERSITARIA

Santiago Alonso: "Ha crecido el nivel"

Santiago Alonso es el actual presidente de la Liga Universitaria de Deportes. “En muchas circunstancias hay jugadores que no se adaptan a las condiciones que el fútbol profesional tiene y la Liga Universitaria es un espacio más que nada de amigos que se juntan a competir y que en los últimos años se ha transformado prácticamente en una liga semiprofesional, hablando de la competición más que nada. Se contratan directores técnicos, se contratan preparadores físicos; lo único que los jugadores no reciben ningún dinero por jugar. La Liga, por una cuestión de infraestructura y organización, cumple con lo que es el deseo de cualquier futbolista. En los últimos años ha crecido exponencialmente el nivel de la competencia por la preparación de los competidores, que cada vez entrenan más”, analizó el presidente.

Actualmente la Liga Universitaria reúne a 9.506 competidores en todas sus disciplinas, de los cuales 8.779 son solamente al fútbol en todas sus categorías y divisionales.

A la inversa
Andrew Teuten
Andrew Teuten en Torque

El caso de Andrew Teuten (22) es a la inversa de lo que sucedió con Álvaro Apólito, Juan Manuel Gómez y Daniel Tucuna, y es curioso. Es que no hizo formativas (apenas un semestre en Quinta en Defensor Sporting, pero dejó de ir), jugó desde la Sub 16 en Old Ivy, de la Liga Universitaria, y recién a los 20 años se sumó al fútbol profesional para jugar en Torque.

“El padre de un amigo de Old Ivy es representante, el Pocho Navarro; a fines del 2017 me decidí, le dije a él que quería probar suerte, a ver si estaba para jugar a nivel profesional. Me dijo de ir a Torque, pensando en ir a una Tercera. Físicamente me sentía bien, entrenaba mucho, veía que por momentos podía hacer la diferencia en la Liga y más de lateral izquierdo, pero nunca jamás pensé que iba a pasar lo que pasó y que en tres meses ya iba a estar debutando en Primera División”, contó.

Teuten debutó de la mano de Pablo Marini en 2018 y dejó de jugar con sus amigos de la Liga Universitaria, pero cuando puede, los va a ver.

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