COPA SUDAMERICANA

"Sueño con grandes cosas, pero lo que estoy viviendo en Independiente, jamás lo imaginé"

Martín Campaña fue una de las figuras del equipo campeón y no cabe duda que tendrá su merecido lugar en el Mundial de Rusia 2018.

Foto: AFP
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Desde abajo, vuela alto. Desde pequeño pretendía ser arquero, como su padre, Nelson, un número 1 amateur, que sólo atajaba ilusiones. Martín Nicolás Campaña Delgado, en realidad, quería volar. Oso, Titán o la Bestia, según el grupo de amigos, que sabían que, entre el lodo y el barro, en el picado futbolero, quién iba a defender los tres palos. O, en realidad, los dos buzos, a algunos centímetros de distancia, sobre un campito. Nacido en Maldonado, de 28 años, Independiente es la cúspide de su carrera, marcada por entidades de bajo fondo, en las que forjó su personalidad, de bajo perfil, sonrisa prudente y ambiciones medidas. Deportivo Maldonado, Atenas, Cerro Largo, Racing y Defensor Sporting fueron su plataforma de lanzamiento. En la entidad violeta se hizo famoso en el pago chico: logró el Torneo Clausura en 2013, todo un mérito, en Uruguay, casi siempre rodeado de la hegemonía de Peñarol y Nacional.

Es, ahora mismo, un símbolo de Independiente. Sigue una estela: la gloria de los arqueros uruguayos, como Carlos Goyén, gigante de una época dorada, y Eduardo Pereira, en menor medida. Tiene lo que soñó: toca el cielo con las manos. No sólo la cúspide sudamericana, también es el tercer arquero del seleccionado dirigido por Oscar Tabarez, una oportunidad de oro para conocer Rusia 2018. Meticuloso, de voz medida, casi siempre con las pulsaciones internas, se sorprende, todavía hoy, por el afecto del público, que lo adoptó como propio desde el verano de 2016, cuando la ira contra el Ruso Rodríguez se hizo insostenible, también, para Mauricio Pellegrino. Pasó Gabriel Milito, llegó Ariel Holan y el arco cayó en sus manos. Los hinchas lo aplauden desde el primer día, toda una curiosidad en una entidad que supo descubrir grandes exponentes en un puesto singular, siempre bajo los focos de Pepé Santoro, un ídolo.

Pero antes, apenas pisó el asfalto caliente de Buenos Aires, estuvo a punto de volver. a cruzar el charco. De pronto, surgieron dudas por su liderazgo y, también, por una cuestión burocrática. En ese entonces, el plantel rojo tenía tres uruguayos: Cebolla Rodríguez, Diego Vera y Torito Rodríguez, el único que permanece. No sólo había desajustes por el cupo: un grupo de dirigentes se inclinaba por el paraguayo Marcos Cáceres, un defensor paraguayo, para cubrir otro puesto.

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Ariel Holan lo elogia.

De padres laburantes, de clase media baja, entiende al sacrificio como la escuela de su vida. No aprendió a disfrutar del todo la fama y el éxito, acostumbrado a vivir en las sombras. Su primer sueldo, de unos 7000 pesos, se destinaron a pequeñas cosas hogareñas, sin estridencias ni fuegos de artificio. Con el termo y el mate desde siempre, extraña las plácidas tardes orientales, aunque no se excede: en Independiente es feliz. La prepotencia de los triunfos hizo todo lo demás.

Especialista en penales, experto en atajadas imposibles, su camiseta es una de las más vendidas en el mercado. Es, también, el abanderado de las causas comunes: entiende que el factor humano, el que nace detrás de escena, tiene mayor validez que lo que se transmite en el campo de juego. "Este grupo se merece estas cosas. Tiene humildad y hambre de conseguir algo. Están todos metidos y se entrenan como caballos. A los que no les toca jugar apoyan muchísimo. Si sigue todo igual, se puede armar un grupo de amigos y no de compañeros", contó alguna vez.

"Tenemos un arquero de primer nivel. Siempre saca un conejo de la galera", lo admira Holan, que hizo fuerza, varios meses atrás, para que la comisión directiva hiciera uso de la opción de compra en 1.800.000 de dólares por el 80 por ciento de su pase. Campaña es de Independiente, mucho antes de su rúbrica definitiva. Se siente parte desde la primera atajada. Y, si se espía a un costado, es el guardavalla más influyente de los cinco grandes. Sólo lo iguala, en ese rubro, Nicolás Navarro, en el último tiempo de San Lorenzo. Un valor que extrañan Boca, River y Racing.

Gianluigi Buffon es su espejo, Real Madrid, un sueño (casi, casi) imposible y lo que vendrá, una moneda al aire. "Sueño con grandes cosas, pero lo que estoy viviendo en Independiente, jamás lo imaginé", sostiene. Ya no representa la última pieza de salvación de una formación dubitativa, hoy es una de las figuras de la enorme campaña roja, que vuelve a estar en la vidriera internacional, como en las viejas y queridas épocas, luego de una etapa tormentosa deportiva e institucional. Independiente volvió a volar, respaldado en su arquero, un especialista allá arriba, en donde sólo llegan los valientes.

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