barcelona

Suárez, ante el espejo de Benzema

Al delantero uruguayo le volverá el gol, pero con Messi y Neymar le toca ser un pívot de hándbol.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Luis Suárez. El salteño cambió su papel de goleador, por el de asistente de lujo.

Con la explosión marciana de Messi y Cristiano Ronaldo, el fútbol cambió definitivamente la orientación del gol, un do de pecho que hasta entonces solía ser propio de los llamados arietes, cuyo sustento no era otro que reventar las mallas. El pichichi era coto privado de Zarra, Quini, Hugo Sánchez… Tipos intuitivos, con forro muscular para aguantar las zurras de centrales de cuatro puertas y tacos afilados con lija. Hubo excepciones, como las de Rexach, Amancio, Luis o Juanito, máximos goleadores de Liga que partían desde la antesala del área o desde las orillas.

Al estilo de Di Stéfano, también florecieron goleadores a campo abierto, depredadores que no anidaban junto a las porterías: Ronaldo y Etoo, entre otros. Sin contar las tandas de penaltis, salvo el risueño Ronaldo en 2002, desde Völler en 1986 ningún 9 convencional ha goleado en las finales mundialistas, suerte que correspondió a Brehme, Pettit, Zidane (3), Materazzi, Iniesta y Götze. En realidad, los mejores equipos de la historia nunca tuvieron un nueve fetén. Al modo de Pedernera, Hidegkuti o Pelé, el gol siempre tuvo otros atajos y hasta los explota como nadie una pulga en un territorio donde abundan los cocodrilos. A Messi le secundó Cristiano, que tiene cuerpo de nueve pero alma de extremo y no le gusta clavarse en el área. Al campo de minas se llega, o se va de paso, nada de asentarse. Para que ellos sorprendan se requiere que en territorio comanche haya un señuelo, quien agite a los zagueros, que odian no tener referencias. El primero en encontrar un socio ideal fue Cristiano, que vio una mina en Benzema, futbolista antes que goleador, arquitecto del éxito ajeno. El francés, que solo una vez en su carrera ha superado los 20 goles en una Liga, nunca se vio a sí mismo como un depredador. Así que soporta sin rechistar los prejuicios de un sector de la crítica y la hinchada. La nueva corriente no ha despejado el viejo axioma de que el ariete no juega, solo es el punto final. Benzema, con su murria, carga sobre sus espaldas con todas las suspicacias y sigue a lo suyo. Mete golazos de vez en cuando y los reparte como soles. No hay mejor sherpa posible para CR y Bale en la ruta hacia el estampido en la red. A Messi le costó mucho más dar con el compinche en la delantera. Llegó un pillo del gol como Villa, que en su primera campaña hizo 18 goles en 34 partidos de Liga. La química no fue total. Apareció un nueve de tres puertas, Ibrahimovic, que selló 16 tantos en 29 encuentros. Nada, Messi veía en el sueco otro más a regatear rumbo a la cima. Fue el turno de Alexis, con doce dianas en 25 choques de su primera campaña liguera. Nunca espantó los recelos. Dale que dale, no había forma de que Leo congeniara. Quedaba recurrir a la última perla paulista. El júnior Neymar no despegó en su primer curso, con nueve aciertos en 26 duelos. Sus cifras no fueron para tirar confetis y el Barça corría el riesgo de que Leo tuviera pelusa, por la pirotecnia comercial de Neymar y su contrato de tapadillo. Además, en esto del fútbol, brasileños y argentinos no se tiran rosas. Una vez más, Messi se cargó el tópico y se le ve dichoso con Neymar y por Neymar. Se buscan y se encuentran como dos gemelos.

Mientras Messi y Neymar evocan a Di Stéfano-Puskas y a Coutinho-Pelé, Luis Suárez se tira de los pelos porque el gol le da calabazas. A diferencia de Benzema, él siempre se sintió goleador, y lo volverá a ser. Hasta entonces, debe mirarse en el espejo del galo y aceptar que cuando se juega al lado de carpantas de gala como CR, Bale, Messi y Neymar lo mejor es dimitir como primer pichichi y ser aguador de los grandes espadas. Lo hace de maravilla Benzema y, aunque no le reconforte, también lo hace muy bien el uruguayo. No es tan sutil como Karim, pero convertido en una especie de pívot de hándbol sacude y sacude a las defensas en favor de los iluminados. El gol le aliviará, pero ya no debiera ser su prioridad. El botín es de Messi, que por ahora lo comparte con Neymar y se lo agradece a Suárez. El resto es pedrea.

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