HACIENDO HISTORIA

Southampton, un visitante de otro mundo

En 1904,  plena revolución de Aparicio Saravia, un equipo profesional inglés jugó en Montevideo y dejó valiosas enseñanzas a los aficionados criollos.

Southampton en 1904
El equipo de Southampton de 1904

Durante tres días consecutivos, del 22 al 24 junio de 1904, en plena revolución de Aparicio Saravia, tuvo lugar en un rincón del departamento de Cerro Largo limítrofe con Treinta y Tres uno de los choques más sangrientos en el marco de las luchas entre orientales: la batalla de Tupambaé. Se reportaron 111 muertos y 765 heridos en el ejército gubernista, comandado por el general Pablo Galarza, y 178 muertos y 795 heridos en las tropas saravistas. El combate solo cesó porque se agotaron las municiones. Veinte días después se jugó en Montevideo un partido de fútbol que, a su modo, también hizo historia.

No es una simple coincidencia temporal: era un país que se terminaba y otro que nacía. Hernán Navascués, dirigente e historiador de Nacional, asegura que la rápida popularidad del fútbol contribuyó a pacificar a los uruguayos: la pasión desplegada en los campos de batalla se trasladó a los campos de fútbol, con métodos por lo general menos violentos.

En aquel 1904, la capital seguía con preocupación las noticias que llegaban de la campaña sobre los movimientos de las fuerzas en pugna, pero en general la vida diaria continuaba con normalidad. Aunque no hubo ese año Copa Uruguaya, el torneo que organizaba desde 1900 la Uruguay Association Foot-ball League (actual AUF), se disputaban amistosos cada fin de semana.

Equipo de la Liga uruguaya en 1904
Equipo de la Liga uruguaya en 1904.

Hace siete días se cumplieron 115 años de uno de esos encuentros, el que enfrentó a los profesionales del Southampton FC de Inglaterra con un combinado uruguayo. Fue la primera visita de un equipo de ese país, entonces la Meca del fútbol: desde allí llegaban las pelotas, los zapatos de los futbolistas, el reglamento e incluso los nombres de sus clubes y ciudades eran utilizados para denominar a muchos equipos criollos.

Southampton venció por 8 a 1 ese 14 de julio de 1904, pero el único gol local se gritó con entusiasmo y todo el acontecimiento sirvió de inspiración a los footballers uruguayos.

Southampton no competía entonces en la Liga inglesa, sino en un torneo autónomo que todavía existe, la Southern League, donde había sido campeón en 1897, 1899, 1901, 1903 y 1904. Y sus hombres eran profesionales del fútbol, algo que entonces marcaba diferencias notorias con sus colegas criollos. Era como recibir a visitantes de otro mundo, de quienes se esperaba aprender todo.

El conjunto británico fue contratado para presentarse en Buenos Aires por iniciativa de la Sociedad Sportiva, que disponía en el barrio de Palermo del principal campo de juego porteño de la época (ahora es el Campo Argentino de Polo). Las gestiones las realizó su presidente, un rico empresario italiano, el barón Antonio Demarchi, casado con una hija del entonces mandatario Julio Argentino Roca.

Según el libro El football en el Río de la Plata, publicado por el argentino Ernesto Escobar Bavío en 1923, la Sociedad Sportiva invirtió más de 1.500 libras esterlinas para traer la delegación inglesa en el transatlántico Danube, pagar su estadía e incluso los sueldos de los futbolistas.

En Buenos Aires, Southampton ganó fácilmente los cinco partidos disputados. De regreso a su tierra, pasó por Montevideo. El 13 de julio arribó en el vapor España y al día siguiente enfrentó en el Parque Central al Combinado de la Liga, formado por jugadores de Nacional, CURCC y el Deutscher.

LA FICHA

Así formaron los equipos

Liga Uruguaya: Alberto Lindblad, Carlos Carve Urioste y William Davies; Ceferino Camacho, Luis Carbone y Narciso Cerato; Juan Pena, Eugenio Mañana, Aniceto Camacho, Jorge Barbero y Alejandro Cordero.
Southampton: George Clawley, Joseph Henry Hoare y George Molyneux; William Whiting, Herbert Charles Dainty y Albert E. Houlker; B. Richards, George Albert Hedley, Edgar Bluff, John Fraser y Frederik William Mouncher.

Más allá del 8 a 1 final, la mayor emoción fue el gol del uruguayo Juan Pena, uno de los cracks de la época, que se produjo cuando ya estaban 7-0. El arquero Clawley atajó un remate y Pena lo atropelló, empujándolo dentro del arco con pelota y todo. Esa violenta acción no se penaba en un fútbol todavía emparentado con el rugby. Y por eso, los goleros en general evitaban retener la pelota: la alejaban a puñetazos o la rechazaban con el pie. “El entusiasmo del público fue indescriptible, volaban por los aires en pintoresca mezcolanza gorras, sombreros y bastones, porque por lo menos los nuestros no quedarían zapateros, según la frase vulgar”, comentó El Día del 15 de julio. Con los años la leyenda de aquel gol creció y llegó a sostenerse que Pena había matado al arquero de un pelotazo.

Juan Pena
Juan Pena, estrella de la liga uruguaya en los 1900.

Los aficionados criollos no perdieron detalle de la forma de jugar de los visitantes. Por ejemplo, llamó la atención del cronista de El Día que los corners desde la derecha los lanzara el puntero derecho y desde la izquierda el puntero zurdo. Además, entrevistó a un periodista argentino presente en el Parque Central, que comentó: “Los grandes puntapiés que envían la pelota hasta cerca del arco enemigo, de poco valen, desde que nada cuesta rechazarla. Por el contrario, los pases deben ser cortos y hechos siempre al forward del mismo bando que esté en mejores condiciones para recibir la pelota”. Una observación que vale, 115 años más tarde.

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