LUTO

Hasta siempre capitán de capitanes

En las primeras horas de la tarde de este jueves 29 de diciembre y a la edad de 80 años falleció Néstor "Tito" Goncálvez, asociado a las mayores glorias de Peñarol en la década de 1960.

Tito Goncalves
Tito Goncalves
Néstor Gonçalves en la formación de Peñarol que ganó la final clásica del Uruguayo 1959. Foto: Archivo El País
Néstor Gonçalves en la formación de Peñarol que ganó la final clásica del Uruguayo 1959. Foto: Archivo El País
"Tito" Gonçalves y el saludo previo a la final ante Real Madrid por la Intercontinental 1966 en el Centenario. Foto: Archivo El País
"Tito" Gonçalves y el saludo previo a la final ante Real Madrid por la Intercontinental 1966 en el Centenario. Foto: Archivo El País
"Tito" Gonçalvez encabeza la fila del Peñarol de 1966. Le siguen Caetano, Rocha, Abbadie y Máspoli. Foto: Archivo El País
"Tito" Gonçalvez encabeza la fila del Peñarol de 1966. Le siguen Caetano, Rocha, Abbadie y Máspoli. Foto: Archivo El País
El beso de "Tito" a la Intercontinental 1966. Foto: Archivo El País
El beso de "Tito" a la Intercontinental 1966. Foto: Archivo El País
El capitán de capitanes muestra orgulloso la Intercontinental 1966 en el Centenario. Foto: Archivo El País
El capitán de capitanes muestra orgulloso la Intercontinental 1966 en el Centenario. Foto: Archivo El País

Néstor Tito Goncálvez fue un futbolista irrepetible, protagonista de hazañas y actor de circunstancias también irrepetibles. Una trayectoria de 14 temporadas, siempre defendiendo la camiseta de Peñarol. Líder de su equipo en tiempos dorados e internacional celeste antes de debutar oficialmente con su club. La imagen que siempre permanecerá es su vuelta olímpica en el estadio Santiago Bernabeu, con la Copa Intercontinental en alto, triunfo del cual se cumplieron hace poco 50 años. Pero ya antes era un histórico de Peñarol y nunca dejó de serlo.

Había nacido en 1936 en Cabellos, un pueblo de Artigas que ahora se llama Baltasar Brum, donde su familia tenía campo. A los 15 años se fue a jugar al Universitario de Salto. Dejó su casa y esa soledad comenzó a forjar una personalidad a prueba de cualquier desafío. Alto, fuerte pero de buena técnica, de gran personalidad y voz de mando, se destacó pronto en el fútbol del interior e interesó a Peñarol. Como la reglamentación no le permitía practicar por otro club, se probó bajo el nombre ficticio de Carlos Silva. Fue en el Parque Saroldi, donde se encontró con héroes de Maracaná como Oscar Míguez, Víctor Rodríguez Andrade y William Martínez, ajeno al hecho de que pronto recibiría como herencia la camiseta número cinco de Obdulio Varela.

Sin llegar a debutar con los aurinegros, fue convocado a la Selección que disputó el Sudamericano de Lima de 1957. Con la Celeste jugaría dos mundiales (Chile 1962 e Inglaterra 1966) y también sus últimos minutos en una cancha: cuatro minutos frente a Alemania Oriental en el Centenario, en febrero de 1971, como módico y breve homenaje.

Su gran historia la hizo con Peñarol. La estadística marca que defendió al club en 571 partidos. Ganó nueve Campeonatos Uruguayos (cinco de ellos seguidos), tres copas Libertadores, dos Intercontinentales y una Supercopa. Tantos títulos lo convierten en símbolo de una era triunfal, en la cual sus colores supieron tanto de batallas épicas como de giras por el mundo. Alguna vez se habló de su pase al exterior. River argentino, Real Madrid, fueron posibilidades. Por decisión propia se quedó. Y como símbolo de un fútbol que ya no existe, cumplió toda su carrera con la aurinegra. Hasta que una noche, frente a Cerro, por el Campeonato Uruguayo de 1970, solicitó el cambio antes de que terminara el primer tiempo, saludó a las tribunas y se despidió sin más formalidad que las lágrimas en los ojos.

El obituario completo de Néstor "Tito" Goncálves se publicará mañana en la edición papel de Ovación.

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