ENTREVISTA

Shakespeare en championes

Para Julio Villanueva Chang, la crónica deportiva no debe perder su capacidad de sorprender y emocionar al lector.

Foto: Marcelo Bonjour.
Foto: Marcelo Bonjour.

El zaguero peruano Julio Meléndez llegó a ser ídolo de Boca Juniors a fines de la década de 1960 pese a que se encontraba tan lejos del estereotipo del zaguero boquense como está Lima de Buenos Aires. Era elegante, exquisito, limpio en su juego. Para su compatriota Julio Villanueva Chang, esa diferencia acaso sorprendente es la razón justa para recordarlo.

“El periodista argentino Osvaldo Ardizzone le hizo una entrevista a Meléndez para El Gráfico en 1969 y la tituló: ‘Disculpe pero tengo que quitarle la pelota’. Generalmente los defensas centrales son hombres fuertes y duros, que son nombrados cuando le rompen una pierna a un rival o cuando fallan. Es gente con mala prensa. Pero Meléndez fue un central querido y respetado también por su forma de jugar. Titular así la entrevista es una forma de presentar algo diferente, inesperado. Es elegir qué narrar”, dice Villanueva Chang.

Este periodista se hizo conocido internacionalmente por su papel como editor fundador de la revista Etiqueta Negra, especializada en perfiles, crónicas y reportajes construidos como piezas literarias, en buena medida debido a su obsesión por cada detalle. Su propio perfil indica que “vive en Lima como si estuviese de visita”, seguramente porque anda por el mundo ofreciendo talleres y charlas.

Una de esas iniciativas lo trajo al Uruguay: el miércoles y el jueves dictará en la Universidad ORT un taller de crónicas de fútbol llamado justamente “Disculpe pero tengo que quitarle la pelota”.

Mucho antes de eso, uno de los primeros recuerdos futboleros de este hincha del Universitario de Lima fue el triunfo sobre Peñarol en Montevideo por la Copa Libertadores de 1975. “Aquella noche Cachito Ramírez, un histórico del fútbol peruano, hizo el gol, en tanto el arquero Cáceres le atajó un penal a Morena”, evoca.

También se hizo hincha del Barcelona desde que el “Cholo” Sotil jugó allí junto a Johan Cruyff. Y se le ilumina el rostro como a un hincha cuando recuerda el 5 a 0 frente a Real Madrid como visitantes en 1974.

“El vértigo de trabajar contra el tiempo es una propiedad del cronista deportivo que lo hace admirable y es su forma de ser recordado o admirado -asegura-. Al elegir su tema, el periodista tiene que elegir un drama, una paradoja, un temperamento, y el título tiene que encarnar esa declaración de principios”.

“El título de Ardizzone sobre Meléndez ya revela lo que es la historia. Es lo más democrático para intentar conmover, impresionar, sorprender, sin dejar de hacer crítica en una crónica deportiva. Es una mirada paradójica: un defensa central amable es casi un oxímoron. Es ingenioso y seductor. Es lo que me gusta del periodismo deportivo. Es como decir Shakespeare en zapatillas. O Shakespeare en championes, dirían en Uruguay”, añade.

Emoción. De niño, Villanueva Chang recortaba las páginas deportivas de los diarios y guardaba los títulos o artículos que lo atrapaban. “Había títulos que me hacían sonreír, meditar, emocionar, exaltar o me enfadaban -cuenta-. Tenemos que darnos cuenta de una vez por todas que si no emocionamos nadie nos va a leer. Y sin emociones el deporte no tiene sentido. El deporte, por antonomasia, es la emoción. Drama, valentía, cobardía, gloria, infamia, todo eso. No digo que se pueda hacer siempre pero de vez en cuando debemos encontrar un lugar para hacerlo”.

Una vez realizó un taller para un canal deportivo de cable en Perú. Según asegura, lo contrataron porque no era experto ni en televisión ni en fútbol. “Querían saber qué mirar y cómo mirar, y creo que de esto se trata el tema”, explica. Pidió para ir a un entrenamiento de Alianza Lima junto con el camarógrafo. Y el panorama que observó resultó demasiado aburrido: jugadores trotando casi con desgano, cuchicheando entre ellos.

“Entonces le pedí al camarógrafo que me hiciera tres tipos de tomas: la de siempre, otra con la pelota en el aire y los rostros de los jugadores buscando que no caiga al piso y una tercera con la pelota en el suelo, entre los pies de los jugadores mientras corrían o la pasaban”, relata. Al regresar al canal, se encontró con la queja del editor, que pese a sus 30 años parecía conservador en el asunto.

“Él no supo qué sentido tenían esas imágenes nuevas, inesperadas. Y solo las permitió porque yo se las pedí. La solución fue hacer convivir esas imágenes normales con las imágenes aparentemente inútiles, que le daban poesía al informe. Una poesía sin pretensiones, claro. Son instantes que pueden tener un simbolismo. El editor y el reportero tenían que armar esa convivencia que no era nada extravagante”, dice.

“Narrar es una virtud escasa. Tu trabajo es elegir de qué se trata tu historia o reportaje. En Etiqueta Negra buscamos que el periodista dé una forma, un sentido, a esa incertidumbre o perplejidad”.

El periodista peruano encuentra sin sentido, por ejemplo, contar un partido del Mundial como forma de abordarlo, porque casi todo el mundo lo vio. Por eso, sostiene, “hay que elegir bien de qué se trata la historia”. El cronista tendrá entonces la oportunidad de elegir un detalle, para que ese detalle transmita una verdad mayor. “Depende de nuestra mirada, de esa potestad de elegir una parte para expresar el todo”, enfatiza.

En sus talleres, a Villanueva Chang le gusta leer crónicas que encierran justamente esa capacidad de llamar la atención del lector. Y recuerda algunas:

-Para presentar a Lionel Messi desde un ángulo nuevo, el argentino Leonardo Faccio trató de saber qué le gusta hacer cuando está lejos de la pelota. Y descubrió que es dormir la siesta. Cuando niño, por su tratamiento para crecer debía regenerar las hormonas y necesitaba dormir. Y le quedó ese gusto por la siesta. “Todo el texto de Faccio está atravesado por esa necesidad de dormir”, explica.

-Para definir a Messi, el español David Trueba buscó dos palabras que nunca se habían dicho sobre él: antófago, el que se alimenta de flores, y isótropo, aquel que posee las mismas propiedades en todas las direcciones. “Es un texto maravilloso”, dice Villanueva.

-La ecuatoriana Sabrina Duque definió a Cristiano Ronaldo como “el discípulo humilde”. Nadie vincularía a Cristiano Ronaldo con la humildad, pero ella conversó con sus primeros entrenadores en Portugal y le hablaron de una persona obsesionada con no perder, no con la perfección.

-El mexicano Juan Villoro describió al Real Madrid como “la Casa Blanca” del fútbol. Y esa definición para Villanueva habla también de “imperialismo y arrogancia”.

-La brasileña Carol Pires recogió en “Los albañiles del Mundial” las historias de los obreros que murieron durante la construcción de los estadios de Brasil 2014.

Emoción. Pese a su pasión por la palabra escrita, Villanueva Chang cree que hay contenidos que solo ofrece la radio. “No hay nada más profundo que la voz humana para transmitir la alegría, el enojo o la infamia. Como aquel argentino que relataba el descenso de River. Y por eso se da ese fenómeno con el relato de Víctor Hugo Morales y el gol de Maradona, cuando habló del ‘barrilete cósmico’”.

Y lamenta esa mirada que pone al periodismo deportivo como el pariente pobre del oficio. “Es un malentendido que puede ser razonable. Hay una analogía con la crónica roja. Siempre digo que los mejores reporteros de un diario tendrían que estar en la página policial, porque lo que ellos elijan publicar es el síntoma de la salud mental de una ciudad o un país. En el caso del periodismo deportivo, la respuesta es sí y no. En cualquier actividad hay buenos y malos. Hay abogados miserables y otros con un gran sentido de justicia. A veces los periodistas somos responsables de esa reputación y por eso vamos a talleres como este”, dice.

“Sabemos que los periodistas deportivos trabajan en condiciones de desesperación extrema, contra el reloj y el espacio”, añade. “Por eso, no siempre tienen la posibilidad de la gran nota. Lo memorable por definición es infrecuente. Pero tampoco debería ser cada año bisiesto”.

De Abdón Porte a Edinson Cavani

De la larga serie de futbolistas uruguayos con historias interesantes para ser contadas, Julio Villanueva Chang señala dos: Abdón Porte y Edinson Cavani.

Sobre el futbolista de Nacional de trágico fin hace un siglo, le gustaría leer una reconstrucción fiel de sus últimos momentos y de las razones de su suicidio.

En cambio, sobre el delantero del PSG y la Celeste, el periodista peruano se plantea la curiosidad de la convivencia de una voz adolescente en un cuerpo potente, imparable rumbo al gol.

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