ESPAÑA

Fin de la sequía goleadora de Luis Suárez, pero no del flojo momento de Barcelona

El "Pistolero" anotó luego de casi seis meses y lo hizo por dos, pero el conjunto culé no pudo vencer a Celta en Vigo y cedió dos puntos que le pueden costar la punta.

Luis Suárez
El festejo de Luis Suárez con Jordi Alba y Vidal tras el gol a Celta. Foto: Reuters

No fue un día más para Luis Suárez. No fue un gol más para el "Pistolero". Barcelona llegó hasta Balaídos para visitar a un Celta que (sin Lucas Olaza, lesionado, y con el "Toro" Gabriel Fernàndez en el banco) venía de dos victorias consecutivas (6-0 sobre Alavés y 1-0 en la visita a Real Sociedad) con tres objetivos: lograr los tres puntos para poner presión a Real Madrid, que jugará el domingo; que Lionel Messi convirtiera su gol 700 con la camiseta de Barcelona; y que "Lucho" le pusiera fin a su sequía goleadora y conquistara su gol 400 en Europa.

La meta del tanto del "Pistolero" la consiguió rápidamente, a los 20 minutos. Tiro libre al borde del área del que se encargó Messi. Cuando todos esperaban el remate directo del capitán culé para buscar su gol 700, mandó un centro suave y medido al segundo palo para que Suárez, casi sin marca, cabeceara a la red.

El tanto en sí no solo significó el 1-0 y el festejo de Suárez luego de mucho tiempo (su último grito había sido el 4 de enero, ante Espanyol), sino la confirmación de que Suárez y Messi son mucho más que compañeros de equipo; son una sociedad casi indivisible, que trasciende lo futbolístico, porque un acto de grandeza como el que tuvo el argentino para que su amigo anotara el primer tanto luego de la operación de rodilla no es fácil de encontrar cuando se habla del mejor futbolista del mundo.

Messi fue el más feliz del gol de Suárez. Quizás nunca celebró tanto una asistencia como la que hizo este sábado en Balaídos. Esto no deja de ser, además, un mensaje para la dirigencia blaugrana, esa que permanentemente está buscando un sustituto para "Lucho" y que sistemáticamente es derrotada por la actitud ganadora, la entrega y los goles del uruguayo.

Festejo de gol Luis Suarez. Foto: Reuters
El apretado abrazo entre Messi y Suárez luego del gol del "Pistolero" ante Celta. Foto: Reuters

Con el 1-0 en el marcador, entonces sí fue momento de buscar el tanto de Messi que le diera el registro icónico (ya es el máximo goleador en la historia del Barcelona) y que además cerrara el partido.

Pudo llegar de la manera que un futbolista de la clase de "Lio" se merecía: de manera olímpica. Sí, en la última carga del primer tiempo, Messi lanzó un córner desde la derecha y el arquero sacó el balón con un golpe de puño.

Sin embargo, el complemento traería malas noticias. Con Barcelona volcado al ataque, un error en la salida con pérdida incluida costó un contraataque del Celta que culminó con gol de Smolov para el 1-1.

Una vez más el VAR fue protagonista polémica, al no sancionar un claro penal a Messi luego de ser revisada la jugada y para Barcelona el empate valía como una derrota. Con la obligación de anotar nuevamente, siguió yendo al ataque pero sin claridad. Pero quizás en el peor momento, cuando los nervios le empezaban a ganar la batalla a la prolijidad, apareció una vez más el gran goleador uruguayo.

Celta vs. Barcelona
Smolov se lleva la pelota tras anotar y Rakitic sufre. Foto: EFE

Messi invadió el área, encaró a un rival, pasó el balón a Suárez para ver qué podía hacer su amigo y éste lo transformó en gol. Forcejeando con su marcador y cayéndose, se las ingenió para puntear la pelota de zurda y ponerla cruzada contra el palo para el 2-1. Así llegó a su gol 401.

A los 80' y con la misión personal de anotar y dejar a Barcelona en ventaja al menos cumplida, "Lucho" se fue sustituido. Su equipo fue de más a menos. Empezó muy bien, pero no convenció en el segundo tiempo. Lo salvó el poder de goleador de Suárez, que igualmente no alcanzó para la victoria, porque Celta empató en el minuto 87 con un tiro libre de Iago Aspas. Y hasta pudo ganarlo en el cuarto minuto de descuento, pero Ter Steggen atajó el balón en la línea luego del toque dentro del área chica de Nolito.

A los dirigidos por Quique Setién, —que si este domingo Real Madrid vence en campo de Espanyol perderán la punta— les quedó solo la ilusión de tener de vuelta a su gran artillero y al socio indivisible de su capitán y estrella, Lionel Messi, quien sigue esperando ese gol 700 que tanto precisó ante Celta, pero que ya va a llegar.

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