PEÑAROL

En seis meses la cara nueva es una referencia

Maximiliano Olivera: el lateral que antes era ofensivo, hoy es de marca; y va a ser subcapitán por su carácter

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Festejo.“Maxi” Olivera, ahora el subcapitán, en la final con Plaza un hincha en la cancha; se tatuó la fecha en el brazo. Foto: Fernando Ponzetto

El plantel de Peñarol empieza a trotar en Los Aromos, dando vueltas a la cancha, con Fernando Morena parado a un costado, como es habitual, mirando sin decir nada; hasta que el lote de jugadores pasa por delante y uno rompe filas para ir a saludarlo. Beso, abrazo breve, y pique corto para reunirse con el grupo que se fue alejando.

"Por el respeto que le tengo, cada vez que lo veo, lo saludo; donde esté, no importa…Fernando es conocido mundialmente, pero acá le tenemos mucho respeto, porque él se lo ganó y porque con nosotros es muy buena persona. Siempre tiene muy buena onda, nos ayuda, está bromeando. Ahora, que tengo un poco de tiempo más acá, tengo una mejor relación, pero cuando llegué era igual, lo veía y lo iba a saludar: Morena es Peñarol".

Novela.

No recuerda bien qué día llegó: "El 5 o el 6 de febrero". Apenas "creo que era un viernes". Tampoco tiene muy claro si el gerente de relaciones institucionales estaba cuando lo presentaron. Es más: sigue guardando lugares de privilegio en el alma y el corazón para su vida pasada, aunque menos pública y destacada.

"Yo siempre dije lo mismo: de chico uno siempre es hincha de un club (grande), pero yo arranqué en Wanderers a los 12 o 13 años y eso me hace querer mucho al club. A mí en Wanderers me trataron siempre de novela y pasé cosas muy importantes. Me tocó ser campeón, que para nosotros fue algo impresionante, y cuando uno es joven son cosas que no se olvidan. Entonces, uno se hace hincha de ese club, y por eso cuando estaba ahí no pensaba en ningún otro club que no fuera Wanderers; aparte, es una familia, entrás y cómo te quiere la hinchada, la gente del Viera está siempre ahí y te hacen sentir como en una casa. Por eso, cuando me preguntan, no puedo esquivar, pero por las mías no me gusta decir soy hincha de, Wanderers no se merece que yo haga eso; el respeto y el cariño que le tengo es muy grande".

Infancia.

Por eso, pues, cuando a principios de año se empezó a hablar de que Maximiliano Olivera podía pasar a Peñarol, no dijo nada. Acaso, sólo hizo alguna llamada.

"De chico iba muchísimo a ver a Peñarol, con mi hermano, con amigos del barrio…pero después me fui metiendo cada vez más en Wanderers, y cuando empezó a sonar que podía venir para acá, pesó mi familia, mi infancia. Sabía que los dirigentes me querían, y cuando supe que Polilla también, me comuniqué con mis representantes para decirles que había hablado de mí, y que yo quería venir; la confianza que te da que el técnico te pida, es muy importante".

Presión.

Todo lo que vino después es conocido. El lateral aguerrido, con una capacidad de marca como para llegar a rendir incluso en la zaga. En la final con Plaza, un gol de esos que se meten cuando hacen más falta. El título de campeón uruguayo. Y hasta una transformación, sin ruido, pero palpable; porque el "Maxi" del primer semestre no fue el que Peñarol trajo de Wanderers, donde destacaba más por sus pasadas al ataque que por la recuperación de la pelota en el flanco izquierdo de la retaguardia.

"Llegué acá y capaz que mi juego cambió algo. Quizá empeoré, o no tuve lo que tuve en Wanderers: cuando terminó el semestre, en lo futbolístico no me fui contento, porque me faltó la proyección...lo hice, pero no en la forma que lo hacía en Wanderers. La presión cambia y, para jugar acá tenía que poner un poquito más de lo otro, tratando de ayudar más en la defensa. En Wanderers yo siempre dejé todo, pero el equipo jugaba diferente: el técnico pedía que los laterales fueran dos delanteros más, por eso no llegaba mucho a defender, o no era lo que más hacía y por lo que más me destacaba. Acá eso es más difícil, porque el grande siempre sale a buscar, te juegan de contragolpe, y si el lateral se va mucho arriba, es complicado. Aparte, como el Vasco (Aguirregaray) va mucho al ataque, yo trataba de ser el que se quedaba más y de aguantarme".

Mando.

Además, en forma paralela a esa mutación, Olivera fue desarrollando otra, no tan futbolística sino de carácter, para convertirse en referencia del cuadro adentro de la cancha, algo que parece no haber pasado desapercibido para el técnico, que días atrás dijo sin que le preguntaran nada, que el subcapitán de Peñarol, va a ser "Maxi".

"Polilla nunca me dijo nada.Justo estaba mirando la nota (por TV) y me puso muy contento, no por ser o no capitán, porque el Hormiga (Valdez) es un gran capitán: que (Da Silva) dijera que reúno las condiciones, para mí es un halago. Cuando llegué a Peñarol tampoco nadie me pidió nada. Pasa que uno tiene que agarrar confianza en el grupo, con el técnico, con los compañeros. Wanderers era un equipo muy joven, y los que teníamos más años en el club, con Guzmán (Pereira) y Maxi (Rodríguez), teníamos una voz de mando, adentro y afuera de la cancha. Acá era todo diferente, yo era un jugador nuevo que venía, así que primero que nada traté de adaptarme y poder jugar, y con el paso del tiempo fui aprendiendo de los grandes referentes que tuvimos en el semestre pasado. Ahora, con un poco más de confianza para decirles algunas cosas a mis compañeros y que ellos me digan otras, uno se va metiendo más en eso; es algo que se va dando".

Los jugadores de Peñarol empiezan a trotar en Los Aromos, dando vueltas a la cancha, con Fernando Morena parado a un costado, mirando sin decir nada. Uno rompe filas, va, lo saluda con un beso y un abrazo breve, rápido, y vuelve al trabajo: es "Maxi" Olivera, que en su brazo izquierdo se tatuó la fecha del día que Peñarol salió campeón uruguayo; el que en seis meses pasó a ser el subcapitán de la próxima temporada.

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