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Algunos secretos de Liverpool, el mejor equipo del mundo en 2019

Los principios de un antiguo minero lo convirtieron en un gran club; una estrategia del béisbol lo llevó a contratar al técnico alemán Jürgen Klopp

Liverpool campeón del Mundial de Clubes 2019
Liverpool campeón del Mundial de Clubes 2019.

Los grandes clubes de fútbol son hoy una combinación exacta de tradición e innovación, aplicada por un líder con objetivos claros y debidamente regada por unos cuantos millones de euros. Si falta algún ingrediente le será difícil alcanzar el éxito. Ahí está el caso del Paris Saint-Germain, mucho dinero en permanente búsqueda de una tradición. O de los clubes grandes uruguayos, repletos de historia pero escasos de fondos.

El Liverpool Football Club, campeón de Europa, flamante campeón del mundo, en camino a ser campeón de Inglaterra, une todos los requisitos: su trayectoria pero también sus hombres y sus iniciativas explican este presente, que lo convierte en el indiscutido mejor equipo del planeta.

El club es propiedad de magnates estadounidenses que piensan más en los éxitos deportivos que en retirar dividendos; además, es dirigido fuera del vestuario por una leyenda del marketing y en el vestuario por un técnico de ideas muy claras. Y todo es una continuidad desde que hace 60 años un antiguo minero escocés comenzó a rescatar al equipo de un momento mediocre.

El Liverpool FC tuvo un origen singular: cuando en 1892 el Everton dejó de jugar en el estadio de Anfield Road, el propietario del recinto decidió fundar un equipo para utilizarlo. Primero se llamó Everton Athletic y luego lo cambió a Liverpool, el nombre de la ciudad, pujante puerto del entonces Imperio Británico, mucho después cuna de los Beatles.

Con el tiempo el Liverpool se volvió uno de los principales equipos ingleses, pero en la década de 1950 cayó a segunda división, en medio de una profunda crisis interna. En 1959 todo comenzó a cambiar con la contratación del entrenador escocés Bill Shankly, que de niño había sido minero y abandonó ese trabajo para dedicarse al fútbol con mediano éxito.

“Su comprensión del trabajo en equipo y de la camaradería estaba absolutamente en su médula”, aseguró el periodista Hugh McIlvanney en el documental Shankly: el fuego de la naturaleza. Shankly tuvo que dejar los estudios muy temprano para bajar a la mina, pero dominaba en forma intuitiva los mecanismos que convierten a una serie de personas en un grupo con una meta común.

Cuentan que lo primero que pidió en el club fue que arreglaran los baños de las tribunas de Anfield, que eran un desastre. Había que pensar en los hinchas, que eran el sostén del equipo. Cuando la comunión entre los aficionados y el equipo se había solidificado, mandó poner un cartel en el túnel de ingreso al campo: “Esto es Anfield”, un recordatorio para propios y extraños sobre el peso de jugar en casa. También decidió un cambio en la indumentaria de sus jugadores: hasta entonces, Liverpool usaba camiseta roja y pantalón blanco. Él estableció el uniforme totalmente rojo (algo inusual en el fútbol de los años 60), con la intención de intimidar al adversario.

Por supuesto, también estableció principios futbolísticos: el juego colectivo por encima de todo y el pase (no el pelotazo, por entonces el sistema imperante en Inglaterra) como forma de buscar el arco rival. Otra de sus frases célebres era: “Un equipo de fútbol es como un piano. Necesitas a ocho personas que lo muevan, y tres que puedan tocar el condenado instrumento“.

Los títulos

Con Shankly el Liverpool pasó a dominar el fútbol británico. Pero se retiró en 1974, a los 55 años, para disfrutar de la familia. Y dejó en su lugar a au ayudante, Bob Paisley, que llevó a los Reds a dominar también Europa. Hoy es el club británico con más títulos internacionales (un Mundial de Clubes, seis Copas de Europa, tres Copas de la UEFA y cuatro Supercopas de la UEFA), más 18 títulos de liga, siete FA Cup y ocho copas de la Liga.

“Shankly definía como socialismo esa cultura de equipo. Pero no en un sentido político, sino en el sentido de solidaridad”, comentó el CEO del club, Peter Moore, en declaraciones a El País de Madrid. “Esa cultura se fortalece con un sentimiento que Shankly expresó en la idea de trabajar juntos en el campo bajo la máxima de ‘pasar la pelota y moverse’. Es muy simple: ‘pasa la pelota y muévete para ofrecerte a tu compañero’. Hay una canción de los hinchas de hace 60 años que describía este estilo como ‘poesía en movimiento’. No es exactamente el tiqui-taca. Pero se produce cuando el juego fluye libremente con contragolpes muy rápidos. Es nuestra marca”, explicó.

Moore, nacido en Liverpool en 1955, es una leyenda del marketing, que se hizo millonario con el desarrollo de consolas de videojuegos. Y luego volvió a su ciudad para colaborar con el resurgimiento del club.

La dirigencia de los Reds también fue clave en ese proceso. Hasta 2010, el club estaba lastrado por la política que aplicaban varios inversores del fútbol inglés en los primeros años del siglo XXI: compraban un club pidiendo dinero prestado a nombre de la propia institución, con lo cual la operación les salía barata aunque endeudaban al equipo. En medio de innumerables polémicas y versiones, los empresarios estadonidenses John Henry y Mike Warner, dueños de los Boston Red Sox del béisbol americano, se quedaron con las acciones del Liverpool. Desde entonces, todo el dinero obtenido por sus operaciones fue reinvertido en el equipo o en la remodelación de Anfield.

Henry y Warner aplicaron una idea que trajeron del béisbol de su país. Los Red Sox hacía 86 años que no ganaban las Series Mundiales, pero gracias a la tecnología conocida como “sabermetría”, esto es, la aplicación de las estadísticas a la planificación de un equipo (el sistema fue popularizado por la película Moneyball, con Brad Pitt) ya llevan cuatro títulos en este siglo.

La elección de Jürgen Klopp

Jürgen Klopp
Jürgen Klopp cambió el rumbo de Liverpool. Foto: AFP

Para elegir en 2015 al nuevo técnico del Liverpool recurrieron al informe de Ian Graham, un doctor en física teórica por la Universidad de Cambridge, que les recomendó que contrataran al alemán Jürgen Klopp. El modelo matemático de Graham determinó que el mejor entrenador para el equipo era el entonces conductor del Borussia Dortmund, pese a que no le había ido muy bien ese año. Graham además instaló un verdadero laboratorio en el campo de entrenamiento del Liverpool, donde se asegura tienen datos de 100.000 futbolistas de todo el mundo.

Klopp se reveló como un moderno Bill Shankly. Trajo su método para aplicar dentro de la cancha. En Alemania lo llamaron gegenpressing y en Inglaterra “fútbol tormenta”: una presión asfixiante para recuperar la pelota y después salir a toda velocidad (y técnica) para buscar el arco rival. De esa manera Liverpool se volvió protagonista en la temporada 2017-2018 y alcanzó la final de la Champions League.

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Solo dos derrotas esta temporada

En lo que va de la temporada 2019-2020, Liverpool jugó 31 partidos oficiales, de los cuales ganó 24, empató cinco y perdió solo dos, uno por la Champions y otro, con suplentes, por la Copa de la Liga. Por la Premier va invicto: 17 ganados y uno empatado. Marcó 72 goles y recibió 36. En la temporada 2018-2019, disputó 53 encuentros, con 38 triunfos, ocho empates y siete derrotas. En goles: 115 a 38.

Pero no todo se puede calcular y planificar en el fútbol. En la final ante Real Madrid en Kiev, su golero Loris Karius cometió graves errores que le costaron el partido a su equipo. Para solucionarlo, Liverpool pagó más de 70 millones de dólares a Roma por el brasileño Alisson Becker, considerado por muchos el mejor del mundo en su puesto. Allison, más el zaguero holandés Virgil van Dijk, le pusieron candado a la defensa, para que el resto del equipo pueda presionar bien arriba. Y los resultados llegaron, como es de público conocimiento.

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