fenix

Dos que la rompieron en el debut

Mathías Acuña y Leonardo Fernández arrancaron con todo el torneo Apertura: fueron imparables para los defensas picapiedras

Leo Fernández y Mathías Acuña: las figuras de Fénix en el debut. Foto: Silvia Pérez
Ambos formaron una buena ofensiva frente a Rampla Juniors. Foto: Silvia Pérez
Espalda con espalda. Así trabajan en el ataque Acuña y Fernández. Foto: Silvia Pérez
Mathías Acuña mostró sus dotes como escobillero. Foto: Silvia Pérez
El delantero formó parte de Cuareim 1080. Foto: Silvia Pérez
La alegría es una de las características del delantero albivioleta. Foto: Silvia Pérez
Los movimientos de Acuña ante la atenta mirada de algunos presentes. Foto: Silvia Pérez
Calidad no le falta a Mathías Acuña que dominó la escoba, como la pelota en la cancha. Foto: Silvia Pérez

Sólo cuatro equipos comenzaron ganando en la primera fecha del torneo Apertura. Peñarol, Nacional, Defensor Sporting y Fénix. Para los de Capurro, que empiezan la temporada complicados en el descenso, la victoria frente a Rampla por 3 a 1 fue muy importante, sobre todo para ganar en confianza. Mathías Acuña y Leonardo Fernández fueron clave en el triunfo. Ambos anotaron pero, además, cuando pusieron quinta fueron imparables para los defensas picapiedras.

“Leo es el jugador diferente que tenemos. Se la damos a él y sabemos que algo va a salir de de su cabecita para hacerle daño al rival. Cuando veo que agarra la pelota trato de ubicarme en un lugar cerca del área. Sé que la pelota que él me tire va a terminar en mis pies y eso es una gran tranquilidad”, dijo Acuña sobre su compañero. “Es un chiquilín, pero le gusta escuchar y aprender. Yo llevo siete años en Primera y le hablo de lo bueno y lo malo que pasé. Es como Cristian Cruz, otro botija que para mí es el jugador más rápido del fútbol uruguayo”, agregó el delantero.

“Nos entendemos bien con Mathías. Yo se la tiro, pero él pica y pica, corre para alcanzarla y buscar el espacio. A un lanzador se le facilita cuando alguien te marca el pase”, afirmó mientras tanto Leo sobre Acuña. “Asistir es lo que más me gusta y obviamente también hacer goles como todos”, contó el juvenil que llegó a Fénix para jugar en Preséptima tras hacer el baby fútbol en Nuevo Amanecer y Diablos Rojos. “Siempre me trataron muy bien y ya cumplí uno de los sueños, que era debutar en Primera”. Fue ascendido por Rosario Martínez a los16 años para un partido frente a Peñarol.

“Aprovechamos los momentos justos para irnos con la victoria. Comenzar ganando es muy bueno, más para nosotros que estamos en una zona jodida. Ganar te da todo, es lo más lindo del fútbol y hacer goles también. Ganar da tranquilidad y mantiene al grupo sano y alegre. Y también podes irte a tu casa a pasar un fin de semana lindo”, dijo Acuña con su amplia sonrisa de siempre en los labios.

Santino.

El sábado, tras la victoria frente a Rampla, salió corriendo del Capurro para ir a ver a su hijo, Santino, jugar en Don Bosco. “Perdieron, pero a los 5 años sólo tienen que divertirse y correr. De repente aparece en la mitad de la cancha, atrás o de delantero. Je. Antes no le daba mucha bola a la pelota pero ahora le gusta cada vez más. Tiene las paredes de todos colores”.

Acuña pasó buenos y malos momentos en el fútbol, pero de todas maneras le gusta que su hijo siga sus pasos. “Por la parte linda, pero por lo malo tengo un poco de miedo que en el día de mañana pase por las cosas que yo he pasado. No lo obligo, él quiere jugar. Va a la escuela y al club, me gusta que tenga el día ocupado y que tenga lo que yo no tuve. Además, hoy el barrio ya no es lo que era para jugar en la calle”, dijo el delantero que no quiere que su hijo cometa su mismo error y no estudie. “Había arrancado para terminar el ciclo básico porque quiero hacer el curso de técnico, pero con Santino se me dificultaban los horarios. Y hoy mi prioridad es mi hijo. Es verdad que recién tengo 25 años, pero los años pasan rápido y cuando querés acordar no sabés donde estás parado”, afirmó convencido.

“Yo dejé en segundo de liceo, pero quiero volver a estudiar. Me doy cuenta por lo que veo a mi alrededor y por lo que me cuentan, que es demasiado importante estudiar, aunque reconozco que no me gusta. Pero es por el bien de uno, mi padre me lo dice siempre”, dijo Fernández.

comparsa

Acuña supo salir de escobillero

Criado en el barrio Sur, Mathías Acuña disfruta del carnaval. En otras épocas salió en la comparsa del barrio, la Cuareim 1080. Tocaba el repique y fue escobillero. Hoy sigue siendo hincha de la comparsa sobre todo por su hijito que tiene tamboril, la ropa y se pinta. Pero él se fue apartando de los tambores. "El fútbol mismo te va a apartando", reconoció quien hizo una demostración para Ovación recordando sus épocas de escobillero. El que fue corriendo a buscar una escoba a la utilería de Capurro fue Leo Fernández, el mismo que lo habilita en la cancha.

Ronaldinho.

“De mí carrera espero lo mejor, que sea lo mejor que se pueda. Mejorar en todos los apectos, como persona primero que nada y como futbolista. Y ayudar a mi familia en todo lo que pueda. Eso es lo más importante para mí”, agregó uno de los tres hijos de Cecilio, jardinero de profesión y Gabriela, doméstica. “Muchas veces me tocó ayudarlo con los jardines (se ríe). Mis padres siempre estuvieron para apoyarme y acompañarme, en el fútbol y en todo”, relató.

“Mi sueño es ir a España o a Inglaterra, jugar en las mejores ligas pero siempre con los pies en la tierra. Sé que todo es difícil en el fútbol. Como fue llegar a Primera”, confió Leo quien siempre fue un gran admirador de Ronaldinho. “Desde chico trataba de copiarle todo. Y ahora miro a Messi, a Cristiano, miro mucho fútbol y me gusta observar los detalles de cada uno”, explicó quien está ennoviado con Victoria desde hace dos años, cuando ni estaba en Primera.

Hoy tiene 19 años y pasado celeste en las juveniles. Estuvo en la Sub 15, Sub 17 y Sub 20. “Estuve en todos los procesos. En la Sub 15 quedé afuera del Sudamericano, en el Sub 20 quede afuera del Mundial, pero son experiencias que te quedan para siempre. Estar en el complejo nomás, ya es un orgullo enorme”.

Vive en Carrasco Norte y el Capurro no le queda a la vuelta de la esquina. “Antes venía en ómnibus, el 546 me dejaba en Agraciada y caminaba. Hoy nos turnamos con algún compañero y venimos en auto”.

Acuña llegó a Fénix hace un año atrás, procedente de El Tanque. Hoy sufre por quienes fueron sus compañeros y por los hinchas que tienen un lugar en su corazón. “La noticia me shockeó, me pegó duro. Tengo amigos en el plantel y a la hinchada le tomé aprecio. Me dolió por ellos, por el presidente no. Porque es el gran culpable de esto. Los jugadores defienden su plata. En El Tanque pasaba seis meses sin cobrar y había días en que no sabía si mi hijo iba a tener para comer. Tuve muchos problemas con el presidente que salió a decir que yo era un jugador problemático, pero yo lo único que quería era cobrar lo mío. Una vez, como me negué a refinanciar la deuda, me mandaron a préstamo a Villa Española. Precisaba la plata para pagar cuentas”, recordó.

Manzana.

Cuando se mudó para Capurro encontró otra realidad. “Ya irte del entrenamientos comiendo una manzana, era diferente. Venía de un club donde muchas veces nos bañábamos con agua marrón. Llegaba a mi casa y me tenía que bañar de nuevo. Sé que Javier, el utilero, trataba de brindarnos lo mejor, pero acá encontré otra cosa. Por más que a veces tenemos algún percance económico, no se puede comparar. Acá estás tranquilo. Estoy muy agradecido a la hinchada, que me apoyó siempre. Y a los funcionarios, a ‘Quique’ el utilero. A mí me gusta jugar con la ropa al cuerpo y si no, me pongo de mal humor. Y él está en esos detalles. En El Tanque jugué una vez contra Nacional con una remera rosada que me quedaba por las rodillas. Este es un lugar tremendo y por eso lo quiero cuidar un montón”, dijo quien sigue soñando con salir para hacer una diferencia económica. “He tenido propuestas, pero no se concretaron. A veces uno se ilusiona y no se da. Pero estoy tranquilo y cómodo en Fénix”.

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