HISTORIAS

Roberto De Tuoni nació en Milán, pero es fanático de Peñarol y del fútbol uruguayo

Vive en Holanda y pasa sus vacaciones mirando partidos. De hecho cuando viene a Uruguay se arrima a cualquier cancha para observar algo de fútbol.

Roberto De Tuoni en la cancha de Villa Española. Foto: Marcelo Bonjour.
Roberto De Tuoni en la cancha de Villa Española. Foto: Marcelo Bonjour.

El fútbol uruguayo produce hazañas todos los días. A muchos les parecerá increíble, pero Peñarol, la Celeste y todo lo que se juega en esta tierra despiertan la pasión de un italiano, que en sus vacaciones llega a este país en la esquina del Río de la Plata y el océano Atlántico y va a todos los partidos que puede.

Por ejemplo, las dos fotos que ilustran estas páginas fueron tomadas el mismo día en dos canchas diferentes, la de Villa Española y la de Fénix. Pero además concurrió a un partido más. Se llama Roberto De Tuoni, tiene 48 años, vive en Holanda desde hace 21 y asegura que aquí encuentra “el perfume del fútbol no contaminado por el dinero”. Charlar con él es como hacerlo con cualquier aficionado local, por el absoluto conocimiento de todo lo que ocurre, y el único indicio de su origen es alguna palabra italiana que se cuela en sus expresiones. Aquí, un resumen de sus vivencias en su quinto viaje futbolero al Uruguay.

Nací en Milán y allá soy hincha del Milan. Cuando era niño, en los años 80, las referencias al fútbol internacional eran pocas. Yo leía una revista, el Guerin Sportivo, donde apenas salían los resultados de Uruguay. Pero entonces Peñarol jugó un torneo amistoso en Milán. Era la primera vez que veía a un equipo sudamericano en mi ciudad y justo se trataba del Peñarol de Morena y Olivera, campeón del mundo en 1982, un cuadrazo. A mí me mató, tenía 10 años y esas cosas te marcan. Así empezó mi amor por Peñarol.

Recuerdo las finales intercontinentales de los 80. Eran de las pocas oportunidades de ver algo del fútbol sudamericano por televisión y ahí Peñarol estuvo dos veces. Después vino el Peñarol de Bengoechea pero no se podía ver por televisión. Con Internet cambió todo. Y ya vi muchas veces los goles del quinquenio en YouTube, por ejemplo.

Pero me gusta todo el fútbol uruguayo. Y me encariñé también con el ascenso. Empecé a venir al Uruguay en mis vacaciones. Esta es mi quinta visita. Me hice socio de Peñarol y siempre miro mucho, mucho fútbol, de cualquier equipo. En mis primeros días ya vi más de doce partidos entre primera, segunda y primera amateur. El sábado 16 por ejemplo fui a Fénix-Progreso, seguí con Huracán Buceo-Básañez y terminé con Villa Española-Cerrito.

Si estoy en Montevideo y hay un partido, voy. Creo que ya conozco todas las canchas, me faltarán cuatro o cinco. Me manejo muy bien en la ciudad, me siento cómodo. Además hice muchos amigos y me siento como en casa. Hasta tomo mate. Los uruguayos son gente bárbara, tienen sangre italiana.

Me interesa el fútbol uruguayo porque no es solo fútbol, es la cultura del país. Uruguay se conoce en el mundo por el fútbol y por la carne. Y aquí, todos son futboleros. Son tres millones y medio de habitantes y no sé cuántos jugadores sacan. Me encanta la historia que transpira la ciudad. El lugar donde se convirtió el primer gol de los mundiales, las tumbas de los mundialistas en el cementerio del Buceo... Un país tan chico encierra tanta historia.

Me pasó una cosa muy extraña. También colecciono camisetas y entre ellas tengo una de alternativa de El Tanque que compré en un viaje. Lo curioso es que esa camiseta tiene un escudo de la barra del Milan. Le pregunté la razón a un montón de gente y nadie supo responderme...

Las cancha son en general las mismas de hace 50 años. Para algunos eso es una desventaja. En cambio, para mí tienen el perfume del fútbol no contaminado por el dinero y los sponsors. Es el fútbol de mis abuelos y eso me encanta.

La gente vive los partidos con pasión, en cualquier cancha. La gente grita, canta, putea. En Europa es un aburrimiento tremendo, acostumbrado a lo que veo dos semanas acá. La gente allá va al fútbol como si fuera al teatro, mira el partido sin hacer nada. Una vez tomé un video en la cancha de Ajax y se escuchaba lo que se decían los jugadores en la cancha, porque en las tribunas todos estaban en silencio. Como aficionado al fútbol me siento más cercano a la forma en que se vive aquí que lo que ocurre en Europa. En San Siro sí hay cierto clima, pero no es lo mismo de hace 20 años. Ahora se habla de demolerlo y hacer un estadio nuevo... Sería un desastre.

El del otro día fue mi primer clásico acá. Nunca había podido coincidir con uno en mis viajes. Como siempre compro el pasaje con anticipación, por paros de jueces o de futbolistas, por hechos de violencia o por lluvia al final nunca se sabe bien cuándo se juega. Tuve un asado con hinchas de Peñarol y luego nos fuimos todos al Centenario. Fue un partido muy aburrido, pero se me pasó rápido porque estuve en tensión los 90 minutos.

Roberto De Tuoni en una de las canchas del fútbol uruguayo. Foto: Marcelo Bonjour.
Roberto De Tuoni en una de las canchas del fútbol uruguayo. Foto: Marcelo Bonjour.

Sigo todo por Internet. Aunque con los partidos del domingo de noche tengo problemas por la diferencia horaria, ya que al otro día tengo que trabajar. En cambio he podido ver poco de la Copa Libertadores, porque Fox Holanda tiene los derechos y no pasa casi nada, apenas un partido por semana y nunca es de clubes uruguayos.

La Selección uruguaya está en un período de cambio generacional. Los referentes tienen 30 y pico, y no son eternos. La pregunta es si Suárez, Cavani y Godín llegarán al próximo Mundial. Por suerte están apareciendo jugadores de 20 años con potencial de cracks. Brian Rodríguez puede ser un fenómeno en cuatro o cinco años. También Valverde, Bentancour, Darwin Núñez, incluso Maxi Gómez. La perspectiva ahora es mejor que hace dos o tres años, cuando la única alternativa a Suárez y Cavani era Stuani. Tremendo trabajo hace Tabárez, me recuerda la Libertadores con Peñarol en 1987 y sus años en Italia. El Cagliari de Tabárez jugaba un fútbol tremendo. Lástima que no tuvo suerte en el Milan, llegó a un equipo ya en declive.

Mi primer ídolo uruguayo fue Enzo Francescoli. Ya lo conocía por una entrevista que la Gazzetta dello Sport le hizo hace muchos años a Pepe Schiaffino, en la cual contó que había un pibe en Wanderers que la rompía. Pero Milan se durmió y Francescoli se fue al fútbol argentino. Por suerte en Italia pasaban sus partidos y pude verlos, lo mismo que los de la Copa América. Fue el mejor jugador uruguayo que ví. Lástima que el Mundial de 1990 en Italia coincidió con el examen final del colegio, solo pude ir a un par de partidos en Milán.

El primer problema del fútbol uruguayo es la desorganización y el segundo es que los jugadores se van muy jóvenes. Hay jugadores de 30 y pico que vienen de vuelta de Europa a jugar sus últimos dos o tres años. También juveniles, pero si juegan bien a los seis meses también se van. Por eso el nivel es bastante bajo, se puede comparar con el del Nacional B en Argentina. Pero yo no voy por la calidad del fútbol sino por la experiencia de cercanía con los jugadores, por lo que pasa antes y después. Por ejemplo, una vez fui a ver a Defensor, cuando jugaba Mathias Cardacio. Cuando terminó el partido me acerqué a la cancha y le grité que era italiano. Le dije que lo había visto en el Milan, él se acercó y nos quedamos conversando.

Otra cosa que no ocurre en el mundo es ver niños muy pequeños, de apenas semanas en la cancha. Recuerdo que cuando Suárez tuvo a su hija en Holanda, entró a la cancha del Ajax con ella y fue el comentario de todo el país. Acá es común que los futbolistas ingresen con bebés como mascotas, pero también se los ve en las tribunas, y no solo en la platea. Lo cuento en Europa y no lo pueden creer. También pasa en Argentina, donde todo es muy parecido a Uruguay.

En el último Mundial grité tanto los goles de Uruguay contra Portugal que vino una vecina a ver qué pasaba. Cuando jugaron Uruguay-Italia en el Mundial 2014, lo miré con un amigo del colegio y también grité el gol de Godín. Mi amigo había apostado que ganaba Uruguay 1 a 0 con gol de Godín.

Suárez no tiene buena prensa en Holanda. Vi muchos partidos suyos, tengo abono para el Ajax. Los del Ajax lo adoran, pero en ese país tienen una concepción distinta del fútbol. Ellos no piensan en ganar ante todo. Cuando hizo el penal contra Ghana lo tomaron como algo malo, contrario al fair play. Y para mí, como para los italianos, lo principal es ganar. Y lo que hizo Suárez aquel día fue una infracción, solo que era penal y roja. Si lo erraron los ghaneses, él no tuvo la culpa.

ANÉCDOTAS

Cosas que ocurren solo en este país...

Roberto De Tuoni relató dos anécdotas de esta visita: “El otro día, en el Parque Maracaná, detrás mío estaba la mamá de uno de los jugadores, gritando de todo. De repente el hijo protestó por una jugada y ella le gritó: ‘¡Portate bien, hacé como te enseñamos en casa!’. Y en enseguida ella siguió puteando al juez... Otra vez, en el Parque Nasazzi me acerqué a comprar un choripán y había un hombre comprando. El tipo le preguntó al vendedor de qué estaba hecho el chorizo. ‘No sé, pero confiemos en que no sea de perro, porque está acá’, contestó el vendedor, señalando un perro que andaba por ahí. Eso valió el precio de la entrada...”

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