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River se sacó la espina

El equipo de Marcelo Gallardo venció a Boca Juniors por 2-0 en el primer Superclásico del año en Argentina y cerró un poco la herida que había quedado abierta tras el triunfo 4-2 de los "Xeneizes" en el último cruce.

En una ráfaga, y gracias a un penal de Driussi y un cabezazo de Mina, River le ganó el primer Superclásico argentino del año a Boca en Mar del Plata.

Desde la primera jugada -infracción táctica de Pablo Pérez en la mitad de la cancha tras perder la pelota- hasta la última, River y Boca pensaron más en agredirse física y no futbolísticamente. Hubo sobredosis de energía y escasez de neuronas. El árbitro, Néstor Pitana, repartió amarillas para intentar aplacar los ánimos, pero el estadio repleto y dos tribunas exultantes le aportaban todo el condimento a un partido absorbido por la escenografía.

El fútbol apareció en cuentagotas. Los tres mediocampistas centrales de Boca (Gago, Pablo y Sebastián Pérez) fueron la usina del equipo xeneize. Dos pases filtrados, ambos a Pavón (el primero de Pablo Pérez, el segundo de Gago) fueron el preludio de las dos jugadas más elaboradas de la noche. En ambas, el arquero Batalla salvó a River.

En ese primer tiempo, Boca apostó por la elaboración y el desborde de Pavón. River puso sus fichas en el contragolpe. Y casi encuentra un pleno en un cabezazo de Mora, quien jugó en lugar del lesionado Lucas Alario. El arquero Werner evitó el gol millonario con la palma de su mano derecha.

En el segundo tiempo, ambos salieron con ganas de ganar. Pitana tuvo sus minutos de fama antes de que se reanudara el juego al expulsar a Gustavo Barros Schelotto y a Marcelo Gallardo por regresar tarde al campo. Guillermo ya miraba el encuentro desde afuera. Conclusión: River terminó con Matías Biscay como DT y Boca, con Ariel Pereyra.

Una acción abrió el partido: Pitana vio mano de Insaurralde al intentar despejar el peligro en el área de Boca. Driussi, asentado en su papel de goleador, no falló desde los doce pasos. Saberse en desventaja hizo que Boca se rebelara contra el resultado. Apretó las marcas y fue para adelante. Hasta que, luego de un córner, el ecuatoriano Mina se redimió de todos sus errores en la noche marplatense y encontró el segundo gol con un cabezazo. Para Boca, esos goles fueron golpes. Y de nocaut. Porque por más que buscó por todos los medios vulnerar a Batalla, no llegó ni siquiera al descuento.

El triunfo le permite a River encarar con un empuje anímico adicional la semana previa a la final de la Supercopa Argentina ante Lanús, prevista para el próximo sábado en el estadio Único de La Plata. Habrá entrenamientos, pero no se prevén amistosos antes del choque contra el "Granate". Copero como se ha caracterizado en toda su gestión, el objetivo de Gallardo es sumar una copa más a las vitrinas del Monumental.

Las victorias traen confianza y alejan fantasmas, aún cuando es evidente que el equipo de Núñez debe mejorar en su funcionamiento. Más allá de los resultados, el conjunto millonario no ha conformado, y Gallardo sabe que aún hay mucho por mejorar rumbo al debut en la Copa Libertadores (previsto para el 15 de marzo ante Independiente Medellín, en Colombia), el máximo objetivo de 2017.

Además, y aún cuando este superclásico no fue oficial, la victoria tiene un sabor a pequeña revancha, 49 días después del gran triunfo de Boca en el estadio Monumental, la tarde en la que Carlos Tevez brilló como nunca en toda su segunda etapa con la camiseta azul y oro, y el equipo de la Ribera ganó 4 a 2.

Sebastián Driussi celebra el primer tanto en el partido entre River Plate y Boca. Foto: La Nación - GDA
Sebastián Driussi celebra el primer tanto en el partido entre River Plate y Boca. Foto: La Nación - GDA
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