selección argentina

Un rival de gran corazón

La selección de Argentina llegó con mucho retraso, pero el gesto de Lionel Messi hizo olvidar el frío.

La selección argentina está instalada desde ayer por la tarde en el hotel Sheraton, de donde no saldrá hasta hoy cuando vaya rumbo al estadio Centenario para enfrentar a Uruguay por las Eliminatorias.

Los albicelestes llegaron con dos horas de retraso al hotel de Punta Carretas, según se informó por un error en la logística, que hizo que el avión charter que los traía a Montevideo fuera a Aeroparque y no a Ezeiza.

La espera se hizo interminable para los periodistas, fotógrafos y camarógrafos que aguardaban al equipo de Sampaoli. Y también para los hinchas, pero nadie se movía del lugar pese al intenso frío que llegaba desde la costa.

Los mejor ubicados eran los obreros de la construcción que trabajan en la obra de enfrente al shopping. Instalados en las alturas no se iban a perder detalle de la llegada de Messi y compañía. Es más, los operarios eran la envidia de cámaras y fotógrafos.

Entre los hinchas que esperaban había argentinos y uruguayos. Algunos aguardaban para ver a Messi y otros, sobre todo las féminas, eran en su mayoría admiradoras de Mauro Icardi. Tal era el caso de Verónica y Priscila.

Roberto y Gladys Alfonso esperaban con una bandera argentina. “Vivimos acá desde la década del 80 y hasta somos socios de Peñarol, pero somos argentinos. Bah, a esta altura somos mitad y mitad”, contó Roberto.

Entre los hinchas estaba Luciano, un niño uruguayo de 11 años, alumno del Anglo School. Al mediodía, su tío Juan Pablo lo retiró del colegio con la autorización de su madre. Es que el niño le había escrito una carta a Messi, su gran ídolo, y tenía la esperanza de poder entregársela cuando los albicelestes llegaran a Montevideo.

Antes de las 13:30, la hora en que estaba previsto que llegara la selección de Sampaoli al hotel, Luciano y su tío estaban instalados en la puerta, detrás de los dos vallados. Uno para los medios de prensa y el otro para los hinchas. El frío y el viento eran insoportables, pero el niño no lo sentía. La ilusión de estar con Messi era mayor que todo lo demás.

Cuando finalmente llegó la selección argentina, Luciano se coló por un pequeño espacio que quedaba entre la pared del hotel y la valla y se quedó allí paradito junto al fotógrafo de Ovación, Fernando Ponzetto. “Cuando escuches el griterío es porque bajó Messi del ómnibus, entonces corré”, le dijo el fotógrafo. Y Luciano lo hizo, pero cuando estaba por llegar junto a su ídolo, uno de los funcionarios de seguridad, lo detuvo y lo sacó del lugar. Pero el hecho no pasó inadvertido para Messi, quien vio cómo retiraban al niño. Luciano, llorando, miró hacia atrás y su mirada se cruzó con la de su ídolo. El futbolista pidió entonces que lo dejaran pasar. Luciano pudo estar junto al futbolista y le entregó la carta en la que le decía que lo había bancado en las buenas y en las malas y que por favor se sacara una foto con él. Messi lo hizo y el niño regresó junto a su tío llorando, sin poder ocultar su emoción.

“Lo sigo siempre en el Barcelona y en todos lados. ¡Es un capo! Y le pude dar la carta”, le contó Luciano a Ovación. “No sé quien me sacó la foto, no lo sé”, agregó entre lágrimas. Pero eso poco importaba. Seguramente la foto, que circuló por los medios de prensa rioplatenses, también le llegó a los alumnos del Anglo School. Luciano jamás olvidará lo que vivió cuando el mejor del mundo le demostró que no sólo lo es dentro de la cancha.

El grito de “¡arriba Uruguay!”, recibió a los jugadores argentinos, pero el gesto de Messi con Luciano desarticuló cualquier intención hostil.

Foto: Fernando Ponzetto.
Foto: Fernando Ponzetto.
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