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Los Reyes Magos se portaron con Emiliano Gómez

El juvenil violeta se enteró el 6 de enero que dos días después debía presentarse a entrenar con el plantel de  Primera División

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En bus. Como todos los días,  Emiliano Gómez se toma el ómnibus tras la práctica. Foto: Ariel Colmegna. 

El 6 de enero pasado los Reyes Magos no podían haberle traído a Emiliano Gómez un regalo mejor. Estaba en su casa de Rivera cuando se enteró por intermedio de Fernando Fadeuille, el coordinador de las divisiones formativas violetas, que debía presentarse dos días después a entrenar con el primer equipo.

“Era mediodía y estaba por comer con mi familia, cuando me llegó el mensaje de Fadeuille diciéndome que el 8 me tenía que presentar a practicar de mañana con el primero. Fue una alegría tremenda. Mi madre se puso a llorar y todo”, contó Emiliano después de la práctica de ayer.

Seguramente en sus primeros entrenamientos con el plantel principal, cuando sorprendió a sus compañeros mayores con su calidad, no imaginaba que el debut le iba a llegar sólo tres meses después. El botija, de apenas 16 años, ya tuvo sus primeros minutos frente a Liverpool por el torneo Apertura y ante Monagas por la Copa Libertadores.

“Cuando llegué a casa lo analicé, porque fue algo que no me esperaba. Me sorprendió más que nada en el partido con Liverpool, porque en el de la Libertadores Acevedo me dijo en el entretiempo que si las cosas seguían así iba a entrar a los 10 minutos. Me transmitió mucha confianza y me dijo que me divirtiera. Eso para mí fue muy importante”, explicó el juvenil sobre sus primeros minutos en Primera División.

“Estoy muy contento y muy confiado con el apoyo de mis compañeros. Eso es lo que me deja demostrar todo lo que sé”, agregó. En la concentración del Franzini comparte la habitación con Matías Suárez, Facundo Milán (su gran compañero en las formativas), Pablo López y Germán Rivero. Todos delanteros menos el “Zorro”. Pero la columna de la que tanto habla el técnico Acevedo -integrada por Reyes, Correa, Cardacio y Cabrera- también estuvo pendiente de los primeros pasos del riverense en el plantel principal. “Los más grandes me brindaron un apoyo incondicional. Lo siento en cada jugada que hago. Y eso me da muchísima confianza”, afirmó, para luego definirse como un gran encarador. “Para mí lo mejor que hago en la cancha es encarar. Ese es mi fuerte y hacer el gol también. Encontrar los espacios, agarrar la pelota y encarar siempre a los zagueros”.

A pesar de los pocos minutos que suma en Primera, ya conoció el sinsabor de que le atajaran un penal. “Al principio me quedé mal, pero después se me pasó. Hay que entrenarlo y seguir. Me quedo con las cosas buenas que hice dentro del campo. Creo que aprendí mucho más al errarlo que si lo hubiese hecho”, admitió el admirador de Neymar. “Me gusta el estilo brasileño, capaz que porque soy de la frontera”, cuenta.

“Antes de que Matías (Cabrera) me lo dejara patear empecé a escuchar ‘Gómez, Gómez’ desde la tribuna y cuando lo erré también me dieron para adelante. Estando dentro de la cancha te sentís muy apoyado y eso te ayuda”, agregó el riverense, que no tiene el típico acento de los fronterizos, quizás porque ya lleva dos años viviendo en Montevideo; llegó a los 14.



RODRIGO. Afortundamente para él, su hermano Rodrigo (que es siete años mayor) ya estaba viviendo en la capital y se mudó con él. Rodrigo, que también es delantero y juega en Juventud, ha sido de gran ayuda para Emiliano. “Mi hermano es la base de todo esto que estoy viviendo ahora. Él me aconsejó sobre lo que tenía que hacer porque se equivocó demasiado y sus consejos me ayudaron mucho. De repente él no le dio demasiada importancia al fútbol, se iba para Rivera en las vacaciones y no volvía cuando tenía que entrenar. O inventaba excusas para irse a Rivera. Eso fue lo que lo perjudicó para llegar, pero es muy bueno jugando. No sé si mejor que yo, pero igual creo que es”, dijo.

“Él fue mi papá y mi mamá acá en Montevideo y eso fue la base para que hoy yo ya esté en Primera División. ¡Y hasta es un crack en la cocina! Nos cuidamos mucho con eso”, agregó sobre su hermano mayor. Hay otro, Guillermo, que tiene 10 años y juega en el club Sarandí de Rivera. Aún vive con sus padres: Rafael, que trabaja en Turil, y María, que tiene un local de comidas rápidas

Emiliano está cursando cuarto año. Va de tarde al Liceo 12. “Hago lo que puedo”, respondió entre risas al preguntarle si era buen alumno. Pero tiene claro que quiere hacer una carrera paralela al fútbol. Seguramente Educación Física. Su sueño es llegar algún día al fútbol de elite y vestir la camiseta celeste de la selección mayor. Por ahora se conforma con la Sub 20, en la que da ventaja por edad.

Vive en Parque Batlle. Y como ningún compañero pasa por ahí se toma el ómnibus a media cuadra del Franzini. “Igual me da lo mismo. Todavía nadie me conoce en el ómnibus, pero tampoco me molestaría si lo hicieran. Es lindo que te conozcan y sentir el cariño de la gente”, culminó la nueva perla de Acevedo.

Mathías Cabrera

"Es frío como un europeo"

“Los primeros dos días que entrenó con nosotros nos sorprendió. Me llamó la atención porque tiene movimientos y toma decisiones que son de un jugador que lleva cinco años en Primera División. Yo cuando tenía 16 años no llegaba al arco si le pegaba de afuera del área”, dijo riendo Matías Cabrera sobre su joven compañero.
“Toma decisiones de un jugador de Primera. Sabe cuándo apoyarse, cuándo cambiar de frente y los movimientos que hace para defenderse de la marca son impresionantes. Contra Liverpool, en su primer partido, tuvo tres situaciones de gol porque él se genera los espacios. Es un jugador con un potencial terrible y con futuro europeo. Al principio en las primeras prácticas nos quedábamos hablando de él porque nos impresionaba. No le pesaba entrenar con nosotros, ni que hubiera jugadores de experiencia. Así como se mostró en los partidos se mostró el primer día en las prácticas”, agregó el número 8 violeta.
“Lo veo muy maduro, como si no tuviera 16 años. Nada le pesa, no siente la responsabilidad. Parece un jugador europeo, no sólo por la forma de jugar, sino por la manera en que siente las cosas. Los europeos no demuestran sus sentimientos, ni dentro de la cancha ni afuera. Y Emiliano no es una persona extrovertida y es muy frío a la hora de resolver. Se merecía tirar el penal porque se lo hicieron a él. Y no le afectó no haberlo convertido”.

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