Historia

La revancha de Repetto

El técnico uruguayo había llegado a la final de la Copa Libertadores, pero en su curriculum faltaba un título: lo consiguió con Liga de Quito

Repetto
Feliz. Así está Pablo Repetto tras conseguir el título con Liga de Quito. Foto: Darwin Borrelli.

Pablo Repetto, reciente campeón ecuatoriano con Liga de Quito, está de visita relámpago en Uruguay. Vino solo por tres días, para estar con sus padres, antes de regresar a Quito, donde lo esperan ansiosos sus tres hijos para viajar a Orlando. Allí pasarán la Navidad junto al ratón Mickey.

En su corta visita decidió instalarse en el hotel Sheraton de Punta Carretas, donde le resultaba más fácil juntarse con amigos y periodistas. Ayer se sentía bastante mal, pero hizo un esfuerzo para recibir a Ovación. La noche anterior había comido un asado con sus amigos de siempre, los del barrio, y algo le había caído mal. “Creo que fue la morcilla, debe ser la falta de costumbre”, confió el entrenador, que acaba de conseguir con Liga el primer título de su carrera.

En realidad no es tan así, porque en su primera temporada como entrenador, allá por 2006, salió campeón de la B y logró el ascenso con Fénix. Y luego ganó un torneo Apertura con Defensor Sporting y también llegó a la final de la Copa Libertadores en 2016, ni más sin menos que con Independiente del Valle. Pero sentía que casi siempre se quedaba en la orilla y no concretaba. Le faltaba ser campeón.

CAMBIOS. Repetto comenzó su carrera como entrenador a los 32 años. Hoy, doce años después, reconoce que ha cambiado. “Tengo 300 partidos más arriba y eso te da una visión diferente desde la parte táctica. Pero lo que uno mejora es la relación con los jugadores. A través de la experiencia se van puliendo pequeñas cosas. Cuando comencé me acercaba demasiado al jugador y a veces eso se puede mal entender. Hoy mantengo una distancia diferente, la normal. Tengo buena relación, pero soy el entrenador. Y puedo llevar un grupo de mejor manera que cuando debuté. Aunque todavía me queda mucho por aprender y seguramente dentro de diez años me voy a dar cuenta”, admitió.

“Cuando debuté, a los 32 años tenía jugadores que eran mayores que yo. Y le voy a estar agradecido siempre a Gabriel Candia y a Claudio Elías que me ayudaron mucho, incluso siendo suplentes. Pero siempre respetaron mis decisiones, aún sabiendo que yo era un entrenador que no tenía un nombre como jugador”, recordó quien hoy en su trabajo, hace un mucho mayor uso la tecnología. Y tomó, además, la decisión de dar la charla previa a los partidos la noche anterior en lugar de hacerlo al mediodía, porque así el jugador se duerme procesando la información.

Cuando arrancó en Fénix no imaginaba que iba a hacer semejante carrera. Y era consciente que tenía una sola bala. “Sabía que era esa chance y nada más. Era eso o elegir otra cosa. Lo tenía claro. Pero me tenía fe. Me la jugué porque había jugadores con los que yo había trabajado en juveniles, como Diego Ifrán, Maximiliano Pérez, Christian Núñez, Mario Rizotto y Walter Ibáñez. El promedio de edad era 20 años, pero por suerte me salió bien. Y eso que estaban el Juventud de Las Piedras de Julio Ribas y el Cerro del ‘Culaca’ González, Había que competir contra esos dos grandes equipos y con técnicos pesados”, dijo. En ese momento estaba en la Facultad de Economía, a lo que seguramente se hubiera dedicado si no resultaba el fútbol, aunque reconoció que mucho no le gustaba.

EN EL VALLE. Repetto tiene claro que irse a la ciudad ecuatoriana de Sangolquí a dirigir Independiente del Valle fue la mejor decisión de su carrera. “Cuando me fui de Defensor Sporting tuve una oferta de Banfield. Era dirigir en Argentina, dar un gran salto. Pero me reuní dos veces con los dirigentes y les pregunté cuál era el objetivo. Me dijeron que salvarse del descenso. Y ya no me gustó. Y en lo económico me querían pagar menos de la mitad que al último técnico, que había sido Jorge Da Silva. Me di cuenta que si aceptaba, iba tan barato y perdía dos partidos me iba a tener que ir. Les puse unas pautas económicas y deportivas y no aceptaron. Eligieron a otro entrenador y me salvé, porque Banfield descendió. Me llamó Independiente del Valle, y cuando vi el complejo y la infraestructura que tenía, me di cuenta que tenían un futuro bárbaro. Y acepté”, relató.

LA COPA. Firmó contrato con el equipo del Valle por un año y se quedó cuatro. Llegó a la final de la Copa Libertadores. “En Ecuador hay un solo equipo que ganó la Libertadores: Liga de Quito. Imaginate lo que significó llegar a la final de la copa con Independiente del Valle. Se festejó como si hubiéramos sido campeones. Aún recuerdo los coches bomba echando agua al avión cuando llegamos y la alegría de la gente. Sorteamos rivales durísimos, como River y Boca. A Boca lo eliminamos en semifinales en la Bombonera. Fue algo muy reconocido en Ecuador. El equipo era casi desconocido y yo como entrenador también”.

Con la campaña de Independiente del Valle se hizo conocido en América y adquirió un nombre en Ecuador. Eso le dio la posibilidad de llegar a un grande como Liga de Quito.

PRESIÓN. “En Liga, lo único que servía era ganar. Si salía segundo no servía. Había una presión muy grande porque hacía ocho años que no conseguía el título. Y era el año del centenario del club. Fuimos a jugar la final con Emelec y había que ganar o ganar. La verdad sentí la presión como una obligación. La gente te decía en la calle que había que ser campeón. Yo antes, en otros equipos, sentía una presión de adentro, que era mía. Pero ahora era lo mío, más todo lo del entorno. Y para mí era como una revancha, porque había llegado a la final de la Copa Libertadores pero no la había ganado. Y con Defensor había ganando un Apertura, pero no el título. Siempre quedaba ahí. Miraba mi curriculum y era campeón de la B con Fénix y un Apertura con Defensor, no figuraba ni la final de la Copa. Tenía que ser campeón algún día. Y por suerte se me dio”, reconoció quien no pudo dormir tras la final.

Liga de Quito integra el grupo D de la Libertadores, junto a Flamengo y Peñarol. “Hay pocos equipos que pueden ponerse como objetivo ganar la copa, y entre ellos no están ni los uruguayos ni los ecuatorianos. Los favoritos son los grandes de América, que tienen presupuestos enormes, como River por ejemplo. Un jugador de River gana el presupuesto anual de Liga, por ejemplo. Hay que ponerse como meta pasar la primera fase y luego si seguís adelante irte ilusionando. No hay que dejar de soñar, pero hay que ser realista. Creo que no hay mucha diferencia entre Liga y Peñarol hoy. El grupo es parejo, el que puede sobresalir un poco es Flamengo, que debe tener un presupuesto cinco veces mayor que el nuestro y el de Peñarol”, aseguró quien reconoce que la altura de Quito es un plus para su equipo. “Nos hacemos fuertes ahí”, enfatizó.

tres varones

Si pierde, sus hijos temen tener que volver a mudarse

Repetto tiene tres hijos varones: Faustino, de casi ocho años; Francesco, de cinco años, y Valentín, de tres. Los dos más chicos nacieron en Ecuador y Faustino se fue siendo tan pequeño que es como si fuera ecuatoriano.
“Te pongo un ejemplo: cuando venimos a Uruguay les da diarrea. Sienten el cambio, Uruguay no es su país. Intentamos que hablen como nosotros, pero hay dos o tres palabras que no se las podemos sacar, por ejemplo, para ellos la campera es chompa. Se sienten cómodos en Ecuador y no se quieren ir”, contó.
La vida nómade de un entrenador no suele ser lo mejor para sus hijos. Y los tres pequeños lo han vivido en carne propia. “Cuando estuvimos cuatro años en Independiente del Valle me sentí bárbaro porque mis hijos estaban bien. Pero después me tocó un año terrible. Nos fuimos a Emiratos Árabes donde solo escuchaban hablar árabe e inglés en el colegio. Les costó mucho adaptarse a las costumbres. Y a los cuatro meses me tuve que venir para Uruguay. Estuvimos dos meses acá y nos fuimos a Paraguay. En Olimpia también estuve muy poco, pero como ya habían sufrido mucho les dejamos que se quedaran y terminaran el año de la escuela y yo me fui solo a Liga los primeros seis meses. Son chiquitos y ya me dicen que no se quieren ir más de Ecuador. Eso pesó a la hora de inclinarme por Liga. Era volver a la calma para mi familia. Y para un entrenador que la familia esté bien es muy importante. Es lo que te permite desarrollarte. Hasta hoy, sobre todo el mayor, cuando pierdo un partido me pregunta si no nos tenemos que ir, si nos quedamos. Es un tema que me preocupa. Hoy no proyecto el futuro y no pienso que me vaya a quedar toda mi vida en Ecuador, o capaz que sí porque ahí fue donde tuve los mejores resultados y donde mis hijos están felices”.

Gorro
Violeta. Pablo Repetto al frente de Defensor Sporting. Foto: archivo El País.
violeta

Un récord de 9 goles que no se ha podido batir

En la temporada 2011-2012, Repetto dirigió a Defensor Sporting. Los violetas ganaron el torneo Apertura, pero perdieron el Campeonato Uruguayo frente a Nacional.
También tuvieron buenas participaciones en copas internacionales. Es más: hay una goleada que aún no ha podido ser superada. De la mano del hoy entrenador de Liga de Quito, Defensor goleó 9 a 0 por la Copa Sudamericana a Sport Huancayo de Perú. Un récord que nadie ha conseguido batir.
“Era aquel equipo que había ganado el torneo Apertura, donde jugaban Rodrigo Mora, Diego de Souza, ‘Nacho’ Risso. Había muy buenos jugadores. Lamentablemente, ese equipo no pudo terminar de concretar porque en medio de todo tuvimos la baja de Mora, que no había firmado contrato. No pudimos contar con él. Igual no le quito méritos al Nacional de Carrasco, que jugaba muy bien y nos ganó la final del Uruguayo”.

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