Danubio

El resurgir: Ignacio González vuelve a ser el que era

“La seguidilla de lesiones fue brava, la de meniscos me pegó duro porque nunca me habían tenido que operar”, contó “Nacho”

nachito
Golazo. El que marcó Ignacio González el domingo frente a Defensor Sporting. Foto: Ariel Colmegna.

Apenas se despertó en su casa de la Unión, vino a la mente de Ignacio González el golazo que le anotó el domingo a los violetas, que en ese momento estaban en ventaja. “Fue una jugada medio extraña, quise dar un pase, pero cuando vi que lo cortaban traté de presionar la jugada rápido para poder recuperarla y justo se dio que Pablito (Cepellini) fue a esa pelota. Fui a anticipar y pude llegar antes que Maulella y después engancharle a Correa para definir contra un palo. Después que pasé a Correa ya vi que era gol. Me estoy teniendo más confianza a la hora de definir y estoy muy contento en lo personal y por el grupo. Anhelábamos esta victoria porque llevábamos mucho sin poderle ganar a Defensor”, dijo quien también había anotado en la última victoria clásica de Danubio, allá por noviembre del 2014.

“Fue en Jardines también y muy parecido, porque comenzaron ganando ellos y después yo empaté y Camilo Mayada hizo el segundo”, recordó el volante, quien el domingo no encontró en el rival ningún futbolista de los que se cansó de enfrentar en los clásicos de formativas. “Hoy en Defensor son todos más chicos y los grandes no son del club. No recuerdo si enfrenté a Rabuñal en algún clásico de Tercera, pero me parece que no”, reflexionó “Nacho” quien no entiende como se sigue discutiendo si el partido frente a Defensor es un clásico.

“El clásico que más recuerdo fue en el complejo Héctor Del Campo: un empate 3 a 3 en Quinta. Todavía siguen dudando si es clásico, para mí es más que clásico porque son partidos en que se pelea hasta la última pelota. Y en aquel 3 a 3, que fue de ida y vuelta quedó más que reflejado. En juveniles crecés sabiendo que es un partido muy importante en el que los dos dejan todo. En la semana ya lo vivís diferente, por suerte se lo pudimos transmitir a los compañeros nuevos”, explicó refiriéndose a Pablo Cepellini, Nicolás Prieto y Federico Rodríguez.

“Me siento muy bien con ellos. Se adaptaron enseguida al juego y al club, nos estamos conociendo, pero cada vez nos llevamos mejor en la cancha. Y a medida que pasen los partidos se va a ir notando más esa amistad que ya tenemos afuera”.

Los danubianos no sólo tuvieron que acostumbrarse a los nuevos compañeros, sino también a Pablo Peirano, el entrenador con quien llevan un mes de trabajo. “Al principio me pareció una idea parecida a la que teníamos con Leo Ramos. Le gusta la intensidad, obvio que cada entrenador tiene su libreto, pero en algunas cosas es parecido y eso me ayudó a adaptarme. Lo que tuve que hacer fue ponerme a punto físicamente para aportar mi granito de arena a lo que pide Pablo”.

Es que “Nacho” tuvo una gran seguidilla de lesiones, que no le permitieron rendir de acuerdo a sus condiciones. “El año pasado tuvimos muchas complicaciones, un plantel corto y varios jugadores lesionados. Yo recién puede jugar en las últimas fechas. Hoy queremos que Danubio vuelva a ser el de antes. Que el club esté arriba como siempre. Tenemos en mente ser campeones”.

Su mala racha comenzó en la temporada 2016 y siguió el año pasado. “Fue un momento muy complicado, muy duro, en el que necesitas el apoyo de tus seres queridos. Mi señora siempre estuvo para bancarme la cabeza. Lo mismo los compañeros y el cuerpo médico. La que más me complicó fue la rotura de meniscos. Era la primera vez que sufría una lesión que se debía operar. Y me pegó muy duro. También tuve pubalgia, la rodilla, y un desgarro atrás de otro. Te ponés a pensar por qué te pasa todo eso. Gracias a Dios hoy estoy bien”.

Quizás por esas lesiones, su relación con la exigente hinchada de Danubio se fue deteriorando. “Siempre te dicen alguna cosa y a uno le duele. En la cancha siempre trato de dar lo mejor, pero a veces las cosas no salen. O pasa algo, como lo de las lesiones. Me pongo en el lugar del hincha y puede ser que le moleste algo o que quieran que de más, no lo sé. Pero no tengo rencor con ninguno. Trabajo día a día para darles más alegrías. Yo quiero al club como ellos, soy un hincha más, aseguró.

“Ojalá que el gol del otro día sea como mi resurgir. Desde que me enteré que voy a ser padre, que fue al final del torneo anterior, me han pasado cosas buenas. Volví a jugar e hice un par de goles. Ojalá que de aquí en más todo sea positivo. Uno siempre trabaja para darle lo mejor al club”, dijo quien espera, junto a su mujer Francesca, a Tomás León para abril. El segundo nombre es en honor a su bisabuela, Leonor, quien fue para él como una madre.

sin casa

Los 19 años trajeron un poco de todo

Cuando mira hacia atrás y se pone a pensar todo lo que tuvo que pasar para afianzarse en Primera División, le da un poco de tristeza. “Por suerte aquella lucha hoy está dando sus frutos y ahora tengo un presente mucho mejor”, reflexionó. “Lo más jodido fue cuando tuve que irme de la casa de mi primer representante (Pablo Bentancur). Fue bravo, no tenía un sueldo como para mantenerme solo, pero gracias a Michael Santurio y Matías López, dos compañeros de las juveniles que me ayudaron, me pude ir a vivir con ellos. El mes que pasé en la vuelta desde que me fui de la casa del representante, fue muy feo, pero no me sentía bien ahí. Y no era un problema con la señora que nos cuidaba en la casa, al contrario, ella sacaba de donde no tenía para darnos de comer. Pero con Bentancur estuve tres años y hablé dos veces. Por eso me fui, preferí pasar mal solo. A partir de aquel momento no tuve más contacto con él”, contó “Nacho”, quien hoy es representado por Gustavo Silva y Alexis Papasan. “Me han ayudado sin tener nada firmado. Con el tema de las lesiones me bancaron a morir, les estoy muy agradecido“.

Cuando rompió con Bentancur lo acababa de subir Carrasco a Primera División, jamás lo olvidará porque fue el día de su cumpleaños número 19. “Me llamó Juan Ramón después de la práctica del lunes y me dijo que jugaba el sábado de 8. Le pregunté si era cierto y me dijo: “¿qué? ¿no querés?”.

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