MERCADO

Un respiro en Lisboa y Los Aromos

Jonathan Rodríguez entrenará hoy por primera vez en Benfica y está feliz; sus ex compañeros de Peñarol también.

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Jonathan Rodríguez en el estadio de su nuevo club. Foto: Benfica.

Jonathan Rodríguez respiró en Lisboa tras pasar los peores días de su vida. El futbolista parecía un león enjaulado en el hotel Corinthia donde se hospedó desde que llegó a la capital portuguesa. Pero finalmente firmó el contrato a préstamo por dos años y medio y recobró la alegría. El león se convirtió en las primeras horas de la madrugada de ayer en águila. El ave, con la que Jonathan posó para una de sus primeras fotos como jugador de Benfica, es el símbolo del equipo luso, el que tiene más socios en todo el mundo.

Que el miércoles por la noche Benfica no aceptara la contrapropuesta que había enviado Peñarol y se mantuviera firme en sus condiciones cayó como un balde de agua fría sobre los consejeros aurinegros. En un primer momento varios de ellos estaban convencidos de que no podían aceptar los cambios que había realizado el equipo portugués en la negociación por el floridense. Sobre todo porque eran pocas las variantes que habían enviado en la contraoferta y entendían que eran lógicas y aceptables, pero Benfica no las aprobó.

Los consejeros se fueron tranquilizando y pusieron otras cosas en la balanza. Se pensó mucho en el jugador y todos sabían que no hubiera sido sencillo que Jonathan asimilara una nueva frustración y tener que regresar por segunda vez de Europa con las manos vacías podía afectar el futuro de su carrera.

Sobre todo porque esta vez el "Cabecita" estaba convencido que lo mejor para él era pasar a Benfica, por más ganas que tuviera de ser campeón con Peñarol. "Esta vez no quería venirse, estaba dispuesto a quedarse y luchó por eso. Nos sorprendió a todos", le confió a Ovación uno de sus grandes amigos.

"Con el tiempo a esto le vamos a ver la parte llena del vaso", le dijo el vicepresidente aurinegro Walter Pereyra a sus compañeros cuando estaban analizando qué hacer. Finalmente primó la cordura y Peñarol antepuso lo mejor para el delantero a sus propios intereses.

"Para todo el mundo fue un respiro que se hiciera", admitió uno de los consejeros carboneros. "Obvio que el negocio no fue lo que queríamos, pero más vale tragarse el sapo de una vez que estar masticándolo seis meses", añadió el directivo.

Mientras Jonathan respiraba en Lisboa y se preparaba para entrenar hoy por primera vez con su nuevo equipo, en Los Aromos sus excompañeros se alegraban por él. La felicidad por el arreglo se notaba en el ambiente en la práctica que se llevó a cabo ayer por la tarde.

Es que por más que los futbolistas están con la mente puesta en preparase de la mejor manera para el arranque de un Clausura que tienen la obligación de ganar, no podían abstraerse totalmente de lo que vivía el "Cabecita" a miles de kilómetros.

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