Bella Vista

El renacer: Bella Vista lucha por volver a ser profesional

E tesorero Carlos Eastman visita a los socios papales casa por casa para explicarles la situación del club y pedirles que integren una Sociedad Anónima Deportiva

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Título. El que consiguió Bella Vista y ahora lucha por poder jugar en la B. Foto: Francisco Flores. 

Bella Vista, el club que fue capaz de aceptar su cruda realidad hace cuatro años atrás y dejó de competir, se esfuerza por regresar al profesionalismo. En 2013 los papales dejaron de jugar, pero continuaron en la AUF presentando sus divisiones formativas. Fue la forma de mantener vivo al club. Recién en 2017 Bella Vista regresó a competir y como le correspondía, lo hizo en la Segunda B Amateur.

El proyecto de los actuales dirigentes, que se definen como hinchas, era regresar al fútbol profesional recién dentro de tres o cuatro temporadas. Pero los futbolistas pudieron más. Bella Vista fue campeón y logró el ascenso a la Segunda División Profesional para este año.

“El día que volví al club le dije a los dirigentes que el objetivo nuestro era ganar y ponerlos a ellos en problemas, para que aceleraran todo lo que están haciendo para sanear al club y solucionar problemas”, dijo Adrián Berbia, quien regresó al club donde nació para defenderlo en la ex-C. Lo hizo por amor y agradecimiento. “Un jugador cuando sale a la cancha es para ganar. Y acá la clave está en el compromiso. Todo el que viene a entrenar lo hace con un gran sacrificio”, agregó quien tras el ascenso colgó los guantes.

Y eso fue lo que sucedió, los dirigentes están ahora en problemas para lograr saldar las deudas y poder volver a competir profesionalmente. Por eso, Carlos Eastman, el tesorero de la institución, recorre las casas de los 500 socios que tiene hoy el club para explicarles cuál es la situación. Cuando Bella Vista dejó de competir en 2013 tenía un padrón de 1000 socios, que se redujo a 250. Ahora, con el éxito deportivo, varios cientos regresaron.

Según cuenta Eastman lo reciben muy bien, le dan comida y algo que tomar y lo acribillan a preguntas. Esas reuniones pueden llegar a durar más de dos horas.

Cada vez que Eastman manda un mail a las 450 direcciones que tiene de los socios, el asunto es: “el Bella Vista 2019 somos todos. No te quedes afuera”.

“Bella Vista logró el equilibrio que permitió que el club volviera a tener un funcionamiento mínimo, pero decoroso. Algo que hace cuatro años atrás, cuando dejamos de competir, parecía muy difícil, porque la situación era caótica. Fueron tres años muy duros, sobre todo el primero. Cada vez que llegábamos a la sede dos o tres veces por semana había cedulones de juzgados, citaciones, multas del BPS, etc, etc. Fue muy complicado”, explicó Eastman. De a poco fueron saldando algunas de esas obligaciones, pero aplicando un criterio estricto de prioridad.

“Había que cubrir lo que nos permitiera en algún momento volver a competir, en principio en forma amateur. Retornar al profesionalismo no era la prioridad, pero cuando se compite en la cancha es para ganar. E increíblemente, con un plantel joven e inexperiente -lo que se notó en las finales con Colón-, se logró el campeonato. Por eso este año la directiva se ha propuesto atacar aquellos problemas que nos permitan volver a jugar en la B. A pesar de que Bella Vista tiene deudas con todo aquel que se puedan imaginar”, admitió el dirigente, quien ayer estaba en el Nasazzi junto al presidente Luis Latorre haciendo tareas y refacciones varias.

Con la sede y el Complejo Bauzá embargados, así como todos los ingresos que pasen por la cuenta corriente de la AUF, la idea de los dirigentes es hacer un convenio con el BPS y refinanciar lo adeudado con los últimos tres cuerpos técnicos: el de Julio Ribas, Diego Alonso y Guillermo Sanguinetti. “Los tres están en el exterior, trabajando muy bien. Creo que ellos le van a dar tiempo a Bella Vista, pero tendríamos que solucionar con los integrantes de esos cuerpos técnicos. Esto es como un círculo vicioso, porque si volvemos a competir en la B la vidriera es otra y eso es bueno para todos”, afirmó.

“Cuando los socios me preguntan cómo vamos a hacer para pagar, yo les explico que lo que tenemos que hacer es negociar la deuda y manejarla”, agregó Eastman. La idea es formar una Sociedad Anónima Deportiva (SAD) con los propios asociados para poder solventar el mes a mes en la B. El estudio de Alfredo Caplán, un fanático papal, se encargará de organizar la SAD. Será un primer paso para luego buscar otras soluciones.

La idea de formar una SAD con inversores no seduce mucho. Además tienen claro que nadie querrá asociarse con una institución tan endeudada. “En los dos últimos años hemos mantenido una infinidad de reuniones con grupos empresariales; de Uruguay y del extranjero. Pero cada que vez que ponía en manos de esa gente el listado de los montos de las deudas, nunca había una entrevista posterior”, contó. “Si conseguimos tres años de gracia con los cuerpos técnicos y hacemos un convenio con el BPS, entonces luego sí se puede hacer algo con un grupo inversor”, enfatizó.

“La situación no es fácil. Estamos trabajando para que Bella Vista vuelva a competir en la B, pero cabe la posibilidad de que no podamos con los problemas del pasado y sigamos jugando en forma amateur. Es lo que le explicamos a los socios y también a los futbolistas. Somos crudos. Bella Vista necesita lo que defino como las tres T: tiempo, trabajo y tesón”.

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En el Nasazzi. Carlos Eastman, el tesorero papal que recorre las casas de los socios. Foto: Marcelo Bonjour. 
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Las peores visitas las tuvo que hacer en el 2013

Eastman, un descendiente de irlandeses que heredó el amor por Bella Vista de su padre, ingresó a la directiva en 2011. Era secretario de actas y encargado de los socios. Ya en ese momento comenzó a revisar el padrón y a visitar a los socios personalmente. Hoy ocupa el más ingrato de los cargos: tesorero. Es también el cobrador de la institución y conoce prácticamente a todos los socios. El peor momento fue cuando tuvo que realizar esas visitas, pero para explicarle a los socios que Bella Vista iba a dejar de competir. “Fue muy duro, les pedíamos que siguieran apoyando para que Bella Vista continuara existiendo. La gente nos decía que le diéramos el club a Casal igual, pero que Bella Vista no podía dejar de jugar”, contó el tesorero en cuya casa todos son socios de Bella Vista: su esposa Ana, sus tres hijas, Lucía, Florencia y Paola y ¡hasta el gato!.

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