PEÑAROL

El regreso de los punteros

Luque y Palacios fueron los socios que precisaba Forlán para desequilibrar.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Luque. El argentino entró, confirmó que tiene una velocidad arrolladora y aunque definió mal un par de jugadas, anotó su primer gol en Peñarol.

Cuando se dice "ganó a lo Peñarol", uno asocia un triunfo agónico, dando vuelta un partido con mucha actitud, empujando y metiendo al rival adentro de su arco. Y sí, es cierto que el aurinegro logró muchas victorias así y una de ellas fue hace apenas una semana, ante Fénix, ganando con dos goles en los últimos minutos luego de encontrarse perdiendo a falta de 12 minutos.

Sin embargo, hay otra manera de ganar "a lo Peñarol" de la que mucha gente, incluso los propios hinchas, se olvidan. Y es como lo hizo ayer ante Sud América.

El mirasol no fue una máquina de fútbol, eso está claro. De hecho, durante algunos pasajes del partido (hasta que logró el 1-0) la pasó mal, pero terminó rememorando a viejos equipos aurinegros —bastante lejanos por cierto— que fueron campeones de América y/o del Mundo. ¿En qué? En su postura de desnivelar con dos punteros veloces y bien abiertos.

Como en la década de 1960 con Luis Cubilla y Carlos Borges primero; con Julio César Abbadie y Juan Joya en 1966. O más tarde en la década de 1980, con Ernesto Vargas y Venancio Ramos en 1982; o con Daniel Vidal y Jorge Cabrera en 1987.

Aquellos equipos de Peñarol mataban con una velocidad acalambrante por las puntas, lanzados por talentosos números 10, y definían por el medio. El equipo aurinegro de ayer tuvo mucho de esto. En calidad futbolística está lejísimos de aquellos y tampoco tiene un "9" como los que había entonces. Sin embargo, sí tuvo el armador y los punteros.

Cuando Bengoechea mandó a la cancha a Carlos Luque primero y a Cristian Palacios después y los puso a jugar abiertos para desarrollar velocidad, apareció la mejor versión de Diego Forlán (el mejor por destrozo) para generar juego para sus compañeros, Nahitan Nández para meter pelotazos filtrados hacia los veloces delanteros y los dos puntas que salieron del banco y aportaron goles.

Con punteros como los de antes: abiertos y de un pique acalambrante; y un jugador inteligente, rápido de cabeza, letal cuando pisa el área (golazo de Forlán con zurdazo cruzado) y de una jerarquía indiscutible, Peñarol ganó con la otra versión de "a lo Peñarol".

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