Diego Forlán

El regreso: la misma historia con distinto guión

Diego Forlán llegó a Peñarol, goleador, entreala, no por su padre y no se fue ignorado: le gustaba ir a Argentina.

Sonriente, feliz, o distendido, con la mirada y la voz encendidas por esa plenitud más aliviada que exultante con la que, por ejemplo, se disfrutan los exámenes difíciles y largamente preparados después de haberlos salvado, Juan Pedro Damiani tomó la palabra, pidió "disculpas por la demora", y enseguida agregó, sin pretender justificarla, seguramente porque entendía que había sido demasiada, que "las cosas buenas como ésta siempre es bueno esperarlas".

Es que Diego Forlán empezó a ser presentado como nuevo jugador de Peñarol en el museo del Palacio Cr. Gastón Güelfi, una hora y treinta y dos minutos más tarde de la hora fijada formalmente para el comienzo del acto, ante lo que ya se había transformado en por lo menos impaciencia para los representantes de los medios de comunicación que, aunque la cita era para las 13:00 horas, ya a las 12:30 le aportaban un movimiento muy particular, inusual, a la transitada esquina de Minas y Cerro Largo.

Descubridor.

"Yo fui el que lo llevó a Peñarol. A la Octava. No, no…todavía no estaba el padre, Pablo llegó al otro año. Fue en el 92, yo era el coordinador de la actividad física en el Erwy (School), donde Diego hacía el liceo: él era entreala izquierdo y goleador en los campeonatos de ADIC; con el hijo (Nathaniel) de (Hebert) Revetria, que era jugador del María Reina, un colegio que ya no existe, se disputaban siempre cuál era el mejor del campeonato. Al principio estuvo eso de que no le quedaba tan bien ir a practicar, porque vivía en Carrasco y las juveniles de Peñarol entrenaban en Las Acacias, pero al año siguiente cambió cuando llegó Pablo…"

Cuando la espera llegaba ya a los tres cuartos de hora, lo que hizo que José "Pepe" Mansilla, el presentador, tomara el micrófono y hablara como para que no chocara tanto la contradicción de que en la sala atiborrada de gente faltaba justo el motivo que la había convocado, alguien dijo que Forlán "primero va a saludar al Consejo (Directivo) y después viene"; pero, a estar por la revelación de Marcos Nabón, bien pudo haber sido otra la razón del retraso: corregir y reescribir correctamente la historia de "Cachavacha" como jugador de Peñarol, que no empezó ayer pero, aunque breve, estuvo mal contada durante muchos años.

Ómnibus.

"Yo asumí como coordinador de todas las inferiores (de Peñarol) en el 93, y estuve hasta el 96. (Luis) Maidana era el entrenador de arqueros, Cacho (Omar) Caetano dirigía Sexta y Séptima, y Vito Fierro la Tercera y la Cuarta. Traté de organizar todo como hice tres años antes en el Sao Paulo, de que entrenaran juntas todas las divisionales, por eso conseguí el Santa Rita, que tiene cinco canchas enfrente a las del complejo de Defensor, en Pichincha, y hablé con el papá de Juan Pedro (el Cr. José Pedro Damiani, entonces presidente de Peñarol) y le pedí un ómnibus, que arrancaba desde Las Acacias, iba levantando a los chicos y recorría toda Avenida Italia. Diego empezó en Séptima, y jugó en Séptima, Sexta y Quinta. Tres años. Claro, Santa Rita le venía mejor, quedaba más cerca de casa que Las Acacias".

El guión original tiene más capítulos, como los que agrega Pablo, pero no es —como se manejó más de una vez— el del botija de la familia de la calle Potosí, en pleno Carrasco, que llegó a Peñarol y jugó en las juveniles sólo porque su padre era el supervisor con la chapa de un glorioso apellido adentro de la casa, y que por esa misma razón se tuvo que ir cuando su progenitor cambió de trabajo. Como si nadie lo hubiera visto, descubierto, o valorado en la medida adecuada: "Cuando yo me voy de Peñarol, él me dice: Papá, no tengo muchas ganas de seguir, voy a ver qué hago. A mí me gustaba que siguiera, pero le dije: ´Este es el lugar de uno, de toda la vida, pero la decisión es tuya; pensálo; y a él ya le gustaba mucho el fútbol argentino, pero hacía el liceo en el 15 de Arocena, le faltaba un año, y la madre no lo dejaba irse a Buenos Aires, al menos hasta que terminara. Por eso se fue Danubio, jugó un año en Cuarta y fue campeón: tenían un cuadrazo, lo dirigía Daniel Martínez (ex lateral celeste), que es un tipazo..."

Pensión.

Goleador. Entreala. El o uno de los mejores de todos los campeonatos. Ni "nene de papá", ni "niño bien" que jugaba al tenis en el Lawn y estaba como fuera de contexto en el ámbito del fútbol donde suelen brillar piedras preciosas extraídas del fondo de las clases sociales más bajas, y ni siquiera el hijo al que le cuesta ver la luz propia a despecho del relumbrón que nunca pierde la fama del padre. "El hermano (Pablo) jugó en todas las divisiones de Defensor, y fue a México, a Chile, a Estados Unidos, pero acá sufrió un poco esas cosas de nombres como los Cubilla, los Goncalves…ellos hablaban mucho, y creo que Diego absorbió algo, porque un día me dijo: No voy a pasar por eso; y me pidió por la posibilidad de ir a Argentina. Omar (Pastoriza) hizo el nexo para que pudiera ir a practicar (en Independiente), (Ricardo) Bochini estaba en las inferiores, pero llegó un lunes y, como hizo varios goles, el jueves me llamaron para que viajara a arreglar el contrato. Fue a vivir a la pensión de Independiente con 17 años, no era fácil; pero pensó siempre en el fútbol, y cuando aparece Menotti (como entrenador de Independiente), lo llevó a la Tercera, lo empezó a ver con buenos ojos y lo subió a la Reserva, y después a Primera y lo tiró a la cancha. Lo de Diego fue muy rápido".

El tramo restante de la historia, la de Manchester United, Villarreal, Atlético de Madrid, Inter de Milán y de Porto Alegre, Cerezo Osaka y "la Celeste", es el más rutilante. Auténtico. Intocable. Pero ayer el protagonista que volvía a donde había dado los primeros pasos de una trayectoria que con los años se convirtió en tan famosa como fantástica, al que esperaban un montón de cámaras, micrófonos y móviles satelitales que alborotaron la vida cotidiana de la esquina de Minas y Magallanes, era a otro: al Diego de Peñarol. Ese que finalmente llegó precedido por un pasado aurinegro propio, genuino, que bien pudo haber merecido una tardanza de una hora y treinta y dos minutos con tal de que fuera reescrito en su versión original, con la misma fidelidad con la que se redacta el contrato de un astro; y que incluso fue el eje de más de una conversación familiar, según su padre: "La madre de fútbol no opina, y eso que viene de una historia larga (es hija de Nino Corazzo, ex jugador y técnico campeón de América con la Celeste), Diego habla mucho con el hermano (Pablo), y también con Alejandra, que es la más futbolera. A Adriana le gusta, pero no tanto. En Japón conversamos mucho de esto el mes pasado, y es como me dijo él: La gente piensa que acá el fútbol no es lo que uno ve en Europa, pero es muy difícil jugar en el fútbol uruguayo; por algo los jugadores nuestros han triunfado en todas partes. Así que Diego viene preparado para eso: sabe que va a ser dura la mano. Después, es como siempre digo yo: Los pingos se ven en la cancha. Va a tener que demostrar, como lo hizo durante todos estos años".

... y disfrutó como hincha.

El Museo de Peñarol ya había quedado en silencio, después de la bulliciosa presentación de Diego Forlán. Entonces, con el hincha a flor de piel en el estado más puro, "Cachavacha" miró a su padre y le dijo al dirigente Ignacio Ruglio que quería ir a recorrer ese recinto cargado de historia y de gloria. Quería sacarse unas fotografías en el museo con su padre, frente a las gigantografías y murales en los que aparecía Pablo —campeón de América y del mundo—, con la Copa Libertadores y la Intercontinental. Los acompañó el fotógrafo del club. Fue un momento especial, sublime e íntimo para Diego. Se emocionó, según explicó Ruglio a Ovación, y disfrutó el sentimiento más auténtico.

Forlán se integrará el domingo a la hora 20 a la concentración en Maldonado. Además, le dijo al gerente de fútbol, Juan Ahuntchain, que está en forma para ingresar de lleno a la pretemporada, y se confesó incómodo porque pensaba viajar más cerca de la fecha al homenaje de FIFA del día 25. Parte el 21.

Hoy el plantel de Peñarol realizará la primera práctica de fútbol ante Ituzaingó a la hora 15.

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