CAMPEONATO URUGUAYO

Recuerdos de la única final clásica que se jugó por el Clausura

Juan González y Osvaldo Canobbio protagonizaron el clásico que definió el título del torneo en 1995; esta noche lo harán sus hijos Giovanni y Agustín.

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Recuerdos. Los que compartieron Osvaldo Canobbio y Juan González sobre la final del Clausura de 1995. Foto: Leonardo Mainé. 

Osvaldo Canobbio y Juan González fueron protagonistas de la única final clásica de un torneo Clausura entre Peñarol y Nacional, la que se jugó en 1995. Ambos terminaron el torneo con 27 puntos y por lo tanto se enfrentaron para definir el título.

La que se jugará hoy será la segunda final del Clausura entre los grandes y quiso el destino que los hijos mayores de Canobbio y Juanchi la jueguen. Ellos lo hicieron con Nacional y Giovanni y Agustín lo harán con la aurinegra en el pecho.

Osvaldo y Juanchi son muy amigos y hasta compadres. El primero es el padrino de Bruno, el hermano menor de Gio, y González es el de Joaquín, el hermano más chico de Agustín.

Es más, los González estuvieron en la luna de miel de los Canobbio, aunque por casualidad. Ambos jugaban en Nacional y se fueron de viaje a Miami. Osvaldo de luna de miel y Juanchi de vacaciones. Pero nunca lo hablaron entre ellos. “Estábamos en el mismo piso de un hotel en Miami. Lourdes (entonces su esposa) me dijo ‘esa es la voz de Osvaldo’. Y era nomás”, contó Juanchi antes de meterse en los recuerdos de la final de 1995 que terminó 2 a 2 con goles de Bengoechea y Romero para Peñarol y dos de Rodrigo Lemos para los tricolores. Y hubo que ir a penales.

Yo no salí nunca Campeón Uruguayo. Ganábamos Clausuras y Liguillas y perdíamos en las finales. No había caso. Giovanni ya me ganó”, reconoció Juanchi.

Yo tampoco y los nenes ya tienen un Campeonato Uruguayo y una Supercopa”, dijo Osvaldo, quien también fue superado por su hijo. “Teníamos un cuadro bárbaro, pero agarramos la época del Quinquenio. Hacíamos buenos partidos, pero no ligábamos. Jugábamos bien, pero no lo definíamos y Peñarol con una pelota parada o algo ganaba el partido. Ojo, Peñarol tenía un muy buen equipo, no eran pelotazos. Estaba Pablo (Bengoechea), Tony (Pacheco) Darío (Silva), Luis Romero, Marcelo Otero. Eran partidos muy parejos, pero nosotros no tuvimos la suerte de salir campeones”, agregó Osvaldo, quien contó a su vez que él jugando en River Plate en la B sufrió a Juan González y Luis Romero que defendían a Basáñez antes de pasar uno a cada equipo grande. “Fue el único equipo que nos ganó ese año”.

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Juanchi. González se va al ataque, mientras Washington Tais trata de impedírselo. Foto: archivo El País. 

EL QUINTO.  Aquella final de hace 24 años se definió por penales. Fue victoria tricolor 5 a 4 y Juan González remató el último penal. “Yo de entrada le pedí tirar el quinto al ‘Chino’ (Héctor Salvá, entonces técnico tricolor). Pero nunca pensé que fuera necesario llegar al quinto. Creí que íbamos a ganar antes por la clase de pateadores que teníamos. Yo siempre la aseguraba al medio del arco y más en ese momento, que era el último penal porque ya había errado Olveira. Y me la jugué ahí”, contó Juanchi.

Tras el Clausura que ganaron, se ilusionaron con cortar la racha de los aurinegros, que ya habían ganado dos Campeonatos Uruguayos. “Siempre pensábamos que íbamos a ganarle a Peñarol. Y nos creíamos mejor equipo. Estábamos convencidos que teníamos mejor equipo. Había un gran plantel y jugábamos muy bien, porque el ‘Chino’ Salvá pregonaba el buen juego. Le teníamos un gran respeto a la pelota. Aunque en aquel tiempo no era bien visto que retuvieras mucho la pelota. Jugábamos bien, pero no se nos daban los resultados, por una cosa o por otra”, recordó Canobbio con pesar.

“Teníamos a la ‘Momia’ Lemos y a Fabián O’Neill, que era medio equipo. La mayoría de los goles me los daba él. Fue el mejor de todos con los que jugué y eso que en España tuve como compañeros a grandes futbolistas”, corroboró Juanchi.

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En acción. Osvaldo Canobbio domina el balón, ante la marca de Danilo Baltierra. Foto: archivo El País. 

LA CUMBIA. Luego, ambos pasaron a recordar cómo se divertían con Salvá, que también trabajaba como DJ. “Teníamos varias jugadas para entrenar: sistema uno, dos, tres, cuatro y cinco. El quinto era con los delanteros jugando de zagueros y los defensas como puntas. Nos divertíamos como locos”, contó Osvaldo.

“Me acuerdo una práctica que hicimos en el Parque Central y el ‘Chino’ mandó poner dos parlantes enormes en el fondo y meta cumbia. Entrenamos con la cumbia a todo lo que da”, relató Juanchi. “Y cuando hacíamos dobles o triples horarios nos levantaba a la siete con música. Con los parlantes a full y era imposible seguir durmiendo”, agregó.

canobbio

A principio de 1995, Nacional se fue de pretemporada a Villa Serrana. “Era triple turno, pero el ‘Chino’ no aparecía. Seguía durmiendo. Y en el segundo turno ya ponía la música”, recordó Osvaldo. “No había teléfono. Para comunicare con tu familia había que pedir la llamada a la operadora de Minas”, agregó.

“Bueno, en Los Céspedes también teníamos que hacer cola para hablar por teléfono. Y si te tocaba antes Diego Tito no sabés lo que esperabas”, dijo bromeando Juanchi.

En la final de aquel Clausura no había VAR ni nada que se le pareciera. Se jugaba a estadio lleno, sin pulmones y con gente en los taludes. Y la importancia de la televisión no era la de hoy. Sin embargo, Julio Matto, que fue el juez, no tuvo dificultades. “Para mí fue el mejor árbitro, tenía terrible carpeta”, aseguró Juanchi. “En esa época había diálogo con los jueces y sin ningún problema. No digo que era mejor ni peor, pero el respeto mutuo que nos teníamos era muchísimo”, coincidió Osvaldo, quien no para. Dirige la Tercera y la Cuarta de Liverpool, y desde la partida de Pezzolano también está al frente del primer equipo negriazul junto a Ferrín. Además del fútbol senior y de dirigir un equipo de la Liga Universitaria.

Juan González, en cambio, está lejos del fútbol. Tiene una parte en Cutcsa y maneja el ómnibus. Hubiera podido seguir vinculado, pero le gusta lo que hace. “No me extraña porque en las pretemporadas siempre manejaba el ómnibus y no tenía libreta. Es algo que nadie sabe”, finalizó Canobbio.

González
padres Hinchas

Gritan por sus hijos hasta quedarse roncos

Tanto Giovanni González como Agustin Canobbio conocen a la perfección lo que vivieron sus padres en 1995 y han escuchado un sinfín de anécdotas. “Gio era nacido, mientras que Agustín lo hizo en el 98 cuando yo ya estaba en Argentina”, dijo Osvaldo.
Aunque ambos están identificados con Nacional, hoy son hinchas de sus hijos. “A mí no me costó que Gio fuera a Peñarol. Uno siempre quiere lo mejor para los hijos y en ese momento me llamaron de Peñarol para decirme que estaban interesados en contratarlo. El fútbol tiene momentos, él andaba bien en River, lo querían y lo llevé para Peñarol sin ningún arrepentimiento”, contó Juan.
“Yo siempre tuve claro que nosotros estamos trabajando en esto. Somos empleados en distintos equipos. Sentimos el fútbol y lo vivimos con una pasión bárbara, pero vivimos de esto. Y estamos dispuestos a jugar donde mejor nos remuneren. Y la camiseta que te pongas vas a defenderla a muerte. La gente que crea lo que quiera”, afirmó Osvaldo.
Ambos van siempre a ver a sus hijos, aunque Canobbio va más cuando lo hacen de locales. Y nunca tuvieron inconvenientes con los hinchas carboneros. Jamás les dijeron algo por su pasado en Nacional. “Yo grito por mi hijo y salgo ronco. Sé que aunque el estadio esté lleno para ellos es importante que la familia esté ahí. Sé que valoran que vayamos”, dijo Juanchi.
“Yo no voy a negar nunca mi pasado y soy un agradecido a Nacional, pero hoy voy a ver a mi hijo como cualquier padre. Disfruto cuando él está feliz”.
Ninguno de los dos espera un gran partido para esta noche. “Ninguno viene jugando un buen fútbol, pero es común en los clásicos. Favoritos no hay, aunque Peñarol llega más motivado por los goles en la hora ”, dijo Juan. “Si bien no es definitorio, es un clásico y una final y eso es una motivación mayor”, añadió Osvaldo.

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Amigos. Osvaldo Canobbio y Juan González fueron compañeros y son compadres. Foto: Leonardo Mainé.
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