El recuerdo de Ubiña

Algo más que el recuerdo de Ubiña

Dos años. Pobre "Peta", parece irreverente, y hasta irrespetuoso, recordarlo de este modo en el aniversario de su fallecimiento, pero viene justo hacerlo en los días actuales, cuando por lo que pasó con Uruguay en la Copa América se ha hablado tanto, y tan mal, o en forma equivocada, con generalizaciones —sobre todo en el extranjero, muy especialmente en Chile a raíz de la provocación de Jara y la reacción de Cavani— acerca de "la manera que jugaron siempre los uruguayos".

Fracturados.

Es que, salvo excepciones, que las hubo, como en todos lados, porque Pelé fue un fenómeno que bajo su escudo de protección contra las patadas que le llovían de todos lados dejó escondidos varios fracturados, la del "Peta" es una postal de "la manera que jugaron siempre los uruguayos". De pierna fuerte, con gesto adusto, fiero, y dientes apretados; y con entrega, y sacrificio, al límite: adentro y afuera de la cancha, y del reglamento y de la capacidad física de gente fornida de cuerpo y alma, venida desde abajo, aunque bien alimentada, para la que cada pelota dividida era un motivo de superación frente a las necesidades cotidianas.

Si no, que lo diga el propio "Peta" desde el más allá, con el asentimiento de una mirada de aquellas que le nacían desde abajo de la cejas espesas como enramadas, y entre las líneas rectangulares de la cara, lo que le daba un perfil de tanque de guerra que completaban una estatura infrecuente para un marcador lateral, la espalda ancha, el pecho cuadrado y los brazos surcados por los músculos tallados por las nueve horas diarias de trabajo en la fundición del Cerro que recién dejó duiez meses después de haber jugado el Mundial de Inglaterra con la selección, cuando Nacional le compró el pase a Rampla, y él ya entraba a pisar el umbral de los 27 años.

Lingotes.

Setenta y cinco centésimos por partido ganado cobraba el "Peta", que había llegado sólo hasta tercer año en la escuela Checoslovaquia, allá por 1958 en la Quinta de Cerro; pero no jugaba y se fue a Rampla, donde debutó en el Primero cuatro años más tarde. Era "centreforward", potente, grande, y tenía un sueldo de 300 pesos por mes que sumaba a los 100 mensuales que cobraba por lidiar con los lingotes de entre 100 y 120 kilos de los que salía el hierro líquido para hacer los contrapesos de los ascensores Otis; hasta que en 1964, Hugo Bagnulo —empírico, perspicaz, pragmático— lo sacó del medio de la delantera del equipo que ese año concretó la hazaña de salir vicecampeón uruguayo, y que integraba con Domingo Pérez, Ángel Labruna, Óscar Míguez y Félix Pérez, para ponerlo de "half" derecho en un clásico de la Villa a marcar al "Loco" (Juan) Pintos, un puntero bajito y regordete de Cerro que, a contrapelo de su figura, metía goles en cantidades industriales.

Cuando llegó a Nacional, el "Peta" iba desde el Cerro al Parque Central y de vuelta para la casa con Juan Mujica, ex compañero de Rampla y vecino del barrio, en el 76; pero pasó de tener un sueldo de $ 3.000 a otro de $ 28.000 mensuales y apareció el Peugeot 404. Sin embargo, no fue fácil, ni de la noche a la mañana, porque Rampla no había querido transferirlo si no renunciaba al porcentaje del pase y como él se plantó, diciendo que si no cobraba esa plata "no voy nada" (a Nacional), al final le terminaron pagando una parte de lo que le correspondía con 26 de bolsas de portland que le sirvieron para levantar el muro de adelante de la casa con sus propias manos.

"Pesados".

Dos años. Pobre "Peta", parece irreverente, y tal vez hasta irrespetuoso, recordarlo en el aniversario de su fallecimiento, de este modo; pero viene justo hacerlo ahora, porque ya de grande, a punta de temple y personalidad, no sólo se consagró campeón uruguayo cuatro años seguidos con Nacional, de la Copa Libertadores, la Intercontinental y la Interamericana, jugó y clasificó en tres Eliminatorias, y actuó de titular en los diez partidos que Uruguay disputó en dos mundiales, sino que también fue nada más y nada menos que el capitán de la selección en México 70, cuando Uruguay salió cuarto, y el de aquel cuadrazo tricolor en el que sobraban figuras de cartel y "pesos pesados", adentro y afuera de la cancha, como Manga, Masnik, Montero Castillo, Mujica, Cubilla, Artime, Maneiro, Espárrago y "Cascarilla" Morales, para haber copado esa parada.

A la memoria y en homenaje de Luis Ubiña, pues: la suya, de "half" derecho aguerrido, fuerte, de una capacidad de reacción que imponía el trabajo de pasarlo dos veces para poder superarlo, fue la manera como se formaron y jugaron siempre los uruguayos.

Carrera de antes: solo 4 camisetas en 16 años.

Luis Ubiña nació el 7 de junio de 1940 y murió el 17 de julio de 2013. Surgió en 1958 en Cerro, jugó en Rampla de 1959 a 1967, y en Nacional entre 1967 y 1974. En la selección disputó 33 partidos, en tres Eliminatorias y los mundiales de 1966 y 1970. Con Nacional salió campeón uruguayo 1969/70/71/72, de la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1971 y la Interamericana 72.

El último clásico: un aplauso de los rivales.

El Dr. Hernán Navascués escribió en El País cuando la muerte de Ubiña: "La mejor demostración de lo que fue el Peta, se vio en el último clásico que jugó, en el 74, cuando salió lesionado; pasó por todas las tribunas y la hinchada de Nacional lo ovacionó, pero cuando pasó por la de Peñarol, primero hubo un silencio enorme y después terminó siendo aplaudido. Eso refleja lo que fue en el fútbol uruguayo".

Sin pase, con capitanato: "¿querés ir vos....?

Antes del Mundial de 1970, Hohberg —el DT— le dijo que iba a ser el capitán, y por eso Ubiña no se quiso ir cuando lo vino a buscar el Sao Paulo. "El que se iba al extranjero quedaba afuera, él dijo que quería ir al Mundial y me recomendó a mí; ¿querés ir vos´, me preguntó, y fui yo". (Pablo Forlán)

"Ruego de un rival: "¡no la tirés ahí, es vietnam!".

Héctor "Bambino" Veira -ex entreala de San Lorenzo y la selección argentina- fue gráfico al decir lo que significaba tener a Ubiña de adversario: "Yo les decía a mis compañeros: ¡No me la tirés ahí, que por ahí es Vietnam!"

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