CRISIS SANITARIA

Las razones por las cuáles el fútbol uruguayo seguirá en sala de espera

Los grandes no están dispuestos a aceptar un retorno a puertas cerradas porque no hay garantías sanitarias y, además, quieren un nuevo modelo económico.

Dirigentes de Peñarol y Nacional en el Campeón del Siglo. Foto: Prensa Peñarol.
Dirigentes de Peñarol y Nacional en el Campeón del Siglo. Foto: Prensa Peñarol.

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Volver a jugar cuando realmente se pueda. Esa es la consigna que une a Nacional y Peñarol, cuyos contactos desde el pasado 12 de marzo han sido muy fluidos, más de lo normal. Y la posición es monolítica. Volver cuando se pueda, desde el punto de vista sanitario y también desde lo económico.

En primer lugar, aurinegros y tricolores ponen siempre por encima de todo a la salud de las personas. Es bien claro: la “vida por encima de la economía”, supo decir un consejero de Peñarol a Ovación. Pero, no es lo único, porque esta sintonía que existe entre José Decurnex y Jorge Barrera se sustenta en varios argumentos, y uno de ellos hasta cuenta con el respaldo casi unánime del resto de las instituciones. Todos asumen que no es posible regresar a la competencia, aunque haya un avance positivo en el control de la pandemia del coronavirus, con el actual modelo económico del fútbol uruguayo.

Como ya fue informado en Ovación, no habrá regreso posible a la actividad bajo la iniciativa que empujan los dirigentes de algunas instituciones. Hacerlo a puertas cerradas no solo fue descartado por el presidente de la AUF, Ignacio Alonso, y confirmado por el director de la Secretaría de Deportes, Sebastián Bauzá, sino totalmente rechazado por los principales dirigentes de los equipos grandes.

No hay desconocimiento del problema que se va a empezar a generar en muchos equipos por la ausencia de la televisación de los cotejos, pero tampoco se observa como sustentable una competencia sin afición en las tribunas o con miedo de hacerlo.

En primer lugar, se sabe que la ruptura de cadena de pago que va a comenzar a resquebrajar el modelo actual ya llegará el próximo mes, cuando los cables privados no cobren a sus abonados la cuota correspondiente al fútbol. Si los operadores no reciben esos ingresos no habrá pago a Tenfield por el producto y, naturalmente, la empresa dueña de los derechos de televisión del fútbol uruguayo no cumplirá con su cuota con los clubes porque no hay partidos.

Volver a jugar a puertas cerradas, entonces, es lo que vienen impulsando varios dirigentes para poder recibir la cuota de derechos de TV que corresponde por el desarrollo de la competencia.

Algunos, incluso, manejan hasta la posibilidad de plantear a la empresa que acepte aportar un dinero mayor o extra para solventar la ausencia de público en los escenarios deportivos. Por ejemplo, ante la eventualidad de tener que jugar el clásico sin aficionados, ese cotejo podría generarle un plus por la emisión en TV para que Nacional -locatario- no sufra una gran pérdida económica.

Empero, en filas tricolores y aurinegras esa alternativa no se analiza como aceptable. Ni para esa ni para otras contiendas. Y no solo por la gran venta que podría tener, por ejemplo, un cotejo de esa naturaleza después de una abstinencia obligatoria de fútbol y con la posibilidad de ver el duelo entre los equipos que orientan Gustavo Munúa-Diego Forlán.

Las preguntas que se hacen en ambos equipos son: ¿qué pasa si dos jugadores se infectan de COVID-19? ¿Quién puede asegurar que no haya riesgo de vida? ¿Qué ocurre si se trata de dos de los mejores jugadores o si les toca a las promesas para futuras transferencias como Facundo Pellistri y Santiago Rodríguez?

Además, de acontecer eso, necesariamente vendría una cuarentena obligatoria para todos los protagonistas del espectáculo. ¿Cómo seguirían los equipos compitiendo en el certamen?

El saludo entre Xisco Jiménez y Guzmán Corujo en el clásico Peñarol vs. Nacional
Xisco Jiménez y Guzmán Corujo en una contienda clásica. Foto: Leonardo Mainé

Por otra parte, aunque se corriera la suerte de no sufrir ninguna consecuencia sanitaria, de qué manera podrían ambos equipos minimizar los reclamos de sus butaquistas y palquistas. En un marco actual en el que hay socios que dejan de pagar la cuota y otros se borran, qué consecuencias podrían sufrir con aquellos que ya abonaron por adelantado su lugar en el Parque Central o en el Campeón del Siglo.

El bloque de los grandes está consolidado. Los intercambios son constantes y desde el punto de vista económico observan que no es positivo volver a jugar si no se entiende que debe imponerse un nuevo modelo en el fútbol uruguayo.

Alejandro Balbi, por ejemplo, supo decir en un intercambio entre dirigentes tricolores que en el fútbol uruguayo tiene que haber un “AC y DC”, por un antes del coronavirus y un después de la pandemia.

Lo dijo bajo el análisis del mundo que se viene, donde los mercados de transferencias serán más chicos y con clara tendencia a la baja en los valores de los futbolistas.

Salvando la excepciones de los poderosos conjuntos europeos, cuyas arcas seguirán siendo fuertes, es clarísimo que un jugador que antes podía cotizarse en varios millones hoy se transferirá por un monto menor.

En esa misma línea de protección económica se colocó recientemente el presidente de un club en desarrollo, que al dar un ejemplo de la situación en la que se encuentran y que urge acordar nuevos marcos regulatorios, dijo: “si una sala de cine que pasa una película da pérdida y la sala se cierra. Al reabrirla, ¿se hace en las mismas condiciones?”.

Es bien lógico, entonces, preguntarse ¿cuál es el costo del regreso del espectáculo? Los grandes saben que no van a tener más remedio que adaptarse a los tiempos posteriores al coronavirus y los contratos faraónicos para el mercado actual deberán caer, de hecho parece inevitable que Nacional a la brevedad también utilice el mecanismo del seguro de paro con sus futbolistas. Peñarol ya lo hizo.

Pero por encima de acompasar lo que está sucediendo en Europa con las reducciones salariales de los futbolistas, lo que también deberá atacarse -así lo analizan varios directivos- es el costo de la organización de los espectáculos.

Todas estas son razones más que suficientes para terminar de aceptar que es inviable que en Sudamérica, ya no solo en Uruguay, el fútbol pueda empezar antes de que en Europa se hayan reiniciado todas las Ligas. Con Europa en marcha y llegando al verano se podrán tener ejemplos concretos de qué manera hay que actuar.

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