INFORME

Racismo, el gran flagelo que el fútbol europeo no consigue erradicar

Pese a los anuncios de medidas y sanciones, periódicamente se conocen nuevos casos de agresiones a futbolistas negros.

Marega
Marega se fue del campo de juego aunque quisieron disuadirlo. Foto: AFP

"Paremos ya un partido”, reclamó el exfutbolista francés Lilian Thuram en una columna publicada por varios medios europeos ante la reiteración de insultos racistas en estadios de ese continente. Según el campeón del mundo de 1998, “para la gente del fútbol lo más importante es que el juego continúe y lo que prevalece es el dinero, no la ética”.

Thuram, que sintió en carne propia los agravios por el color de su piel, representa la enésima voz que se levanta contra el problema. La FIFA, la UEFA y varias ligas nacionales tienen protocolos para combatir el problema, pero la impresión es que no dan resultado y que incluso la situación está peor.

Hace pocos días, el delantero franco-maliense del Porto Moussa Marega fue la víctima durante el partido ante el Vitoria de Guimaraes y decidió irse de la cancha en pleno juego. Los hinchas de este club imitaban gritos de simios y entonaban cantos racistas en su contra. Apenas abandonó la cancha, el técnico del Porto hizo un cambio de urgencia para no quedarse con diez jugadores. Algunos compañeros y rivales trataron de convencer a Marega para que no saliera, pero nadie buscó frenar los agravios del público.

Antes de irse, el futbolista hizo gestos hacia la tribuna y fue amonestado por el árbitro. “Querría simplemente decir a esos idiotas que vienen al estadio a lanzar gritos racistas que se jodan. Agradezco también a los árbitros que no me hayan protegido y me hayan mostrado una tarjeta amarilla por defender mi color de piel”, escribió poco después Marega en su cuenta de Instagram. “Espero no verlos nunca más en un terreno de juego. ¡Son una vergüenza”, agregó.

El episodio no solo muestra lo que están sufriendo muchos jugadores, sino la falta de comprensión por parte de otros actores del fútbol, incluso sus propios compañeros. El año pasado, el italiano hijo de marfileños Moise Kean, entonces en Juventus, hizo un gol y en su festejo encaró a hinchas del Cagliari que le habían dirigido insultos racistas. Al terminar el partido, su técnico, Massimiliano Allegri, y su compañero Leonardo Bonucci criticaron su gesto.

Danny Rose, defensor del Newcastle y la selección inglesa, de ascendencia jamaicana, declaró una vez que tenía ganas de retirarse a causa del racismo. “Cuando los clubes son sólo castigados con una multa equivalente a lo que yo puedo gastar en una noche de fiesta en Londres, ¿qué se puede esperar?”, comentó. Y calificó como “una farsa” las sanciones establecidas para combatir la discriminación.

Rose se refirió a las multas y otras penas que las federaciones pueden aplicar a los clubes cuyos hinchas incurran en estas actitudes. Los árbitros tienen la orden de detener e incluso suspender los partidos si hay gritos racistas, pero esto casi nunca ocurre.

El periodista español Salva Moya publicó varios trabajos sobre el tema y pudo documentar alrededor de 300 episodios de racismo en las diferentes ligas europeas desde los comienzos del fútbol. También entrevistó a 25 jugadores y exjugadores extranjeros que pasaron por España y más de la mitad de ellos dijeron haber sufrido insultos racistas, pero pocos quedaron registrados por las autoridades.

“Hay más racismo del que tenemos constatado, porque al fin al cabo lo vemos solo cuando los protagonistas se quejan. Hay que saber aceptar que hay un problema. Y tener datos para conocer su calado”, declaró a El País de Madrid.

“Si un partido se detiene cinco minutos para consultar al VAR, ¿por qué no se hace esto con el racismo?”, declaró el exarquero camerunés Carlos Kameni.

En enero de 2019, el Parlamento Europeo elaboró un informe en el que denunció el crecimiento del “discurso del odio” en el continente. El ponente del informe, el eurodiputado español Josep-Maria Terricabras, explicó que existen varias causas para sostener esta afirmación, desde la resistencia al aumento de la migración africana en Europa hasta el avance de la ultraderecha. Eso no solo se traduce en racismo en el fútbol, sino también en el incremento del antisemitismo o de las agresiones contra las mujeres.

En Italia, el fútbol une claramente dos problemas: hay sectores de hinchadas reconocidamente fascistas. Por ejemplo, Lazio fue multado varias veces por la intolerancia de sus aficionados. El grupo de sus hinchas conocido como “Irreductibles”, en 2017 llegó a mostrar imágenes de Ana Frank, la emblemática niña judía holandesa asesinada por los nazis, como si usara la camiseta de sus rivales de la Roma y la frase “Hinchas de la Roma, judíos”. El hecho produjo un escándalo en Italia, pero las demostraciones racistas no cesaron

INGLATERRA

Cuestionan el papel de los políticos en el tema

El portavoz del primer ministro británico Boris Johnson declaró recientemente que el gobierno estaba monitoreando la respuesta de las autoridades del fútbol contra el racismo y estaba listo para tomar medidas adicionales si es necesario. “El racismo de cualquier tipo no tiene cabida en el fútbol ni en ningún otro lugar y debemos enfrentar este comportamiento vil”, dijo.

Sin embargo, el exjugador del Manchestrer United y hoy técnico Gary Neville culpó a los políticos, incluido el primer ministro, por crear un clima donde el racismo es más aceptable. “Hay cosas que se dicen dentro de un dominio político que hace cuatro o cinco años simplemente no eran aceptables. Lo que dicen los políticos es seguido por los medios de comunicación, algunos de los cuales le dan legitimidad”, afirmó.

En ese sentido, hace 10 días un escándalo vinculado al racismo obligó a dimitir a uno de los asesores de Johnson, y puso en entredicho las políticas del gobierno. Andrew Sabisky había dicho que las personas negras tienen, como promedio, “un coeficiente intelectual más bajo” que las blancas y que había que tratarlos de manera diferente.

ESPAÑA

Cuando la hinchada del Rayo gritó "nazi"

Una controversia paralela se originó en España a fines del año pasado, a raíz de la suspensión del partido Rayo Vallecano-Albacete del pasado 16 de diciembre porque desde la tribuna los hinchas del Rayo gritaron contra el futbolista ucraniano del Albacete Roman Zozulya “eres un puto nazi”.

El ucraniano ha sido acusado de vínculos con organizaciones nacionalistas de extrema derecha en su país e incluso fue fotografiado con símbolos que indirectamente remiten al nazismo. Por ejemplo, en una imagen aparece en una cancha de básquetbol señalando el tablero con el resultado 14-88, dos números relacionados con la simbología nazi.

La barra del Rayo, llamada “Bukaneros”, ya había rechazado en el pasado la contratación de Zozulya por su presunta filiación. Él argumenta que no es fascista y que no sabía de qué se trataban esos símbolos.

Desde medios de izquierda señalaron como “una paradoja” que el único partido suspendido por las expresiones de los hinchas en España se debiera a “llamar nazi a un nazi” y no se haya tomado similar medida cuando los cantos atacaban a futbolistas negros.

La Liga, la Federación Española, el Albacete y el propio Rayo condenaron los insultos.

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