LA QUINTA TRIBUNA

Listos para soñar

Nos dimos cuenta de que estamos en Rusia desde el momento en que no había bufanda, gorra de lana o campera inflada que alcanzara para frenar el frío, tuvimos la certeza, con el paso del viento helado entre nuestros dedos, de que ya estamos ahí.

La Quinta Tribuna.

Orientales, la Patria o la tumba. Luis Suárez no abre mucho la boca, los ojos en un punto, las manos sosteniendo la de sus hijos, que a su vez sostienen otras manos de otros niños. Libertad o con gloria morir. Maxi Pereira está por jugar su partido número 125 con la selección. Es el voto que el alma pronuncia. Edinson Cavani, ceño fruncido, el pelo agarrado en una vincha, dice que heroicos sabrán cumplir. Y con él, Rodrigo Bentancur, Matías Vecino, Diego Godín con la cinta amarilla en el brazo, Nahitan Nández y Martín Cáceres, Josema Giménez, Fernando Muslera y Giorgian De Arrascaeta. Y con ellos, un Centenario entero canta, grita, que sabremos cumplir. Ellos, con el Maestro Tabárez y nosotros y todos, decimos y confiamos en que sabremos cumplir.

Eran las 19:57 y la selección uruguaya estaba por jugar el último partido antes de partir a Rusia. Hubo algo más en el himno y hubo algo más en la forma en la que lo cantaron. El Centenario siempre vive el himno de una manera particular, se siente más que cualquier otro lado, vibra de una forma diferente. Pero ayer jueves 7 de junio de 2018, hubo algo más en cada “sabremos cumplir”. Hubo un empezar a creer en algo que ya creemos, se hizo evidente y visible: la ilusión. Nos dimos cuenta de que estamos en Rusia desde el momento en que no había bufanda, gorra de lana o campera inflada que alcanzara para frenar el frío, tuvimos la certeza, con el paso del viento helado entre nuestros dedos, de que ya estamos ahí. No estamos, pero estamos. Y ahí fue que caímos que estamos en un mundial por tercera vez consecutiva, supimos, como sabe el Maestro, que el camino es la recompensa.

El partido estaba por empezar. Mientras Diego Godín hacía el sorteo por la cancha o la pelota, Edinson Cavani, parado en el círculo central, levantó los brazos y después aplaudió. Y el Centenario, que estaba repleto, se vino abajo en gritos y aplausos. Como en el himno, había algo más en cada grito y en cada aplauso. Tuvieron que pasar 118 años de la Asociación Uruguaya de Fútbol para que los dirigentes se decidieran a pedir que se haga un estudio académico sobre la importancia del fútbol en el país. Y el resultado fue el que ya estábamos esperando: el fútbol es el principal embajador del país en el mundo, el 53% de la población lo piensa así. Y esos aplausos, y esos gritos a Cavani, son una forma de decirle “gracias, señor embajador, por ponernos en el mapa”.

El mosaico de Uruguay en las tribunas del Centenario en la despedida a la selección. Foto: Gerardo Pérez
Foto: Gerardo Pérez

El público uruguayo es difícil, y más cuando ya está en Rusia, como ayer. Enfrente no tenían una hinchada uzbeca que les cantaba más fuerte, motivándolos a juntar sus gritos para tapar el de los rivales. Tampoco pasaba mucho en los primeros minutos como para que se activara el grito de “Soy celeste”, y lo único que escuchaban era un viento que los cortaba como el 4 de Uzbekistán al pie de Suárez. Ese mismo Suárez que no entiende de amistosos y se esfuerza, gesticula, se pelea con el juez y arriesga las piernas aunque el partido no importe.

Hasta que apareció De Arrascaeta. La participación de Suárez y Cavani en su gol y la definición de Giorgian vistiendo la número 10 nos llevó directo a Sudáfrica. Y es difícil pensar de otra forma cuando por primera vez en muchos años vamos a un Mundial con confianza. Ayer una encuesta de Equipos Mori decía que el 52% de los uruguayos vemos a la selección en semifinales. Así, de una, antes de que se tomen el charter. Ni en Sudáfrica ni en Brasil teníamos tanta confianza y tantas ganas. Y con De Arrascaeta pasa algo similar, no sabemos si va a ser como Forlán, pero cuántas ganas tenemos de que lo sea y qué ilusión nos hace.

Desde Sudáfrica 2010 y todo lo que ese mundial significó, los uruguayos estamos siempre esperando más. Y esta selección, la que el sábado se va a Rusia, nos hace soñar con que podemos estar otra vez entre los mejores.

El partido de ayer era un amistoso, sí, y tenía más sentido despedirse de su gente que mostrar el juego, pero el equipo o los equipos que ayer estuvieron en la cancha, dieron una señal de que se viene algo bueno.

Primero, por el recambio en el mediocampo. Rodrigo Bentancur y Matías Vecino son pura elegancia. Verlos jugar es como pintar de verde la alfombra roja de los Oscar. Están en todos lados y siempre salen bien parados de cualquier situación. Bentancur y Vecino no son solo los herederos de Egidio Arévalo Ríos y el “Ruso” Pérez, son un cambio de paradigma en el mediocampo de la selección. Son, también, de esos jugadores que hacen que jugar al fútbol parezca sencillo.

Giorgian De Arrascaeta festejando el gol de Uruguay. Foto: Marcelo Bonjour
Giorgian De Arrascaeta festejando el gol de Uruguay. Foto: Marcelo Bonjour

Esta selección cambia un frío azul, limpiando los nubarrones de otros tiempos y despejando el cielo para que podamos ver un celeste que nos hace sentir que podemos volver a estar entre los mejores porque Martín Cáceres volvió a ser el mismo que era, el Pelado de antes de la hilera de lesiones, el que todos queríamos. Porque, aunque se le pegue, Maxi Pereira es la experiencia que equilibra un plantel renovado, esa experiencia que genera que Bentancur se apoye en él constantemente. Y porque Godín, nuestro capitán, es más capitán que nunca.

Nadie sabe qué va a pasar con esta selección en el Mundial. Solo se sabe cómo va preparada y qué tiene para poder hacer un buen Mundial. Y tiene mucho. Desde La quinta tribuna vamos a tratar de contar la Copa del Mundo de una forma distinta, con mucho amor hacia Uruguay, sí, pero sobre todo con amor al fútbol.

Orientales, la Patria o la tumba. Edinson Cavani y Luis Suárez se retiran bajo aplausos con pocos minutos de diferencia. Aplausos de manos temblorosas y sin guantes, soportando la helada para rendirles tributo. Libertad o con gloria morir. Cuatro alemanes que estaban sentados en la Tribuna Ámsterdam dejan de hablar, observan las dos ovaciones a los ídolos celestes y pasan a comentar lo que está sucediendo. Nadie entiende lo que dicen, pero el tono de sus voces es de alegría por lo que están presenciando. Es el voto que el alma pronuncia. Termina el partido y los jugadores saludan. El público de la Tribuna América se agolpa contra la reja para verlos de cerca bajando las escaleras rumbo al túnel, con rostros de que de forma heroica sabrán cumplir.

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